Una obra sobre la soledad. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 25 oct 2023
- 8 Min. de lectura

Era en 1902, a fines de otoño. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejísimos castaños, y leía en un libro. Profundamente sumido en la lectura, noté apenas cómo se llegó junto a mí Horacek, el sabio y bondadoso capellán de la Academia, el único entre nuestros profesores que no fuera militar. Me tomó el libro de las manos, contempló la cubierta y movió la cabeza. “¿Poemas de Rainer María Rilke?”, preguntó pensativo. Y, hojeando luego al azar, recorrió algunos versos con la vista, miró meditabundo a lo lejos, e inclinó por fin la frente, musitando: “Así, pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta…”

De este modo supe yo algo del niño delgado y pulido, entregado por sus padres más de quince años atrás a la Escuela Militar Elemental de Sankt Poelten, para que algún día llegase a oficial. Horacek había estado de capellán en aquel establecimiento y aun recordaba muy bien al antiguo alumno. El retrato que de él me hizo fue el de un joven callado, serio y dotado de altas cualidades, que gustoso manteníase retraído y soportaba con paciencia la disciplina del internado. Al terminar el cuarto curso, pasó junto con los demás alumnos a la Escuela Militar Superior de Weisskirchen, en Moravia. Allí, por cierto, echose de ver que su constitución no era bastante recia, y así sus padres tuvieron que retirarlo del establecimiento, haciéndole proseguir estudios en Praga, cerca del hogar. De cómo siguió desarrollándose luego el camino externo de su vida, ya nada supo referirme Horacek.

Por todo ello, será fácil comprender que yo, en aquel mismo instante, decidiera enviar mis ensayos poéticos a Rainer Maria Rilke y solicitar su dictamen. No cumplidos aún los veinte años, y hallándome apenas en el umbral de una carrera, que en mi íntimo sentir era del todo contraria a mis inclinaciones, creía que, si acaso podía esperar comprensión de alguien, había de encontrarla en el autor de Para mi propio festejo. Y sin que lo hubiese premeditado, tomó cuerpo y juntose a mis versos una carta, en la cual me confiaba tan francamente al poeta como jamás me confié, ni antes ni después, a ningún otro ser.

Muchas semanas pasaron hasta que llegó la respuesta. La carta, sellada con lacre azul, pesaba mucho en la mano, y, en el sobre, que llevaba la estampilla de París, veíanse los mismos trazos claros, bellos y seguros, con que iba escrito el texto, desde la primera línea hasta la última. Iniciada de esta manera mi asidua correspondencia con Rilke, prosiguió hasta el año 1908, y fue luego enriqueciéndose poco a poco, porque la vida me desvió hacia unos derroteros de los que precisamente había querido preservarme el cálido, delicado y conmovedor desvelo del poeta.
Pero esto no tiene importancia. Lo único importante son las diez cartas recibidas. Importante para saber del mundo en que vivió y creó Rainer Maria Rilke. Importante también para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y mañana. Y ahí donde habla uno que es grande y único, deben callarse los pequeños.
Franz Xaver Kappus.
Berlín, junio de 1929

Wiener Neustadt, 24 de febrero de 1903
Honorable, estimado señor Rilke: Me cuesta decir con qué sensación he leído una y otra vez su carta generosa llena de cálida entrega. Usted cuida de mí de un modo que no merezco y al cual soy poco capaz de hacerme digno. Quiero agradecerle completamente por cada una de sus palabras, por cada uno de sus consejos. ¡Qué tanto he esperado una respuesta a mi solicitud cuando le he enviado mis intentos poéticos a este o aquel grande de la literatura! Una respuesta que tenga en sí algo de la grandeza silenciosa y del sincero cariño y cuya más hermosa y amable revelación me ha sido dada a través de sus líneas comprensivas.

Cuando me encuentre en calma observaré en lo profundo de mi alma y me preguntaré: ¿tengo que escribir? Pero entonces volverán los pensamientos que se cazan unos a otros, que se persiguen como golondrinas y a los cuales temo. Tengo a menudo esas horas tranquilas que llegan sin ser llamadas, anhelantes del sol que está muy lejos de ellas. Y entonces, tras noches como esta, me hallo cansado y sin esperanza frente a la última consecuencia de mis pensamientos. ¿Quién soy? ¿De dónde provengo? ¿Hacia dónde me dirijo? Luego surgen palabras, en parte involuntarias, como una redención: ¿es esto una necesidad?
¡Oh! Me ceñiré totalmente a sus palabras, infinitamente amables, las cuales aprecio y honro como a las palabras de mi madre. No escribiré ningún poema de amor, nada que se dirija a motivos tradicionales cruzándoseme en el camino.

¿Qué si podré ver las cosas como lo haría un hombre primigenio? No lo sé, me temo que muy poco, pues tengo un huésped malvado asentado en mi alma a quien temo tanto como a las horas oscuras, como a esas preguntas que oscilan entre la locura y la fantasía: la ironía. Ella barre despiadadamente mis sueños castos del espejo de mi alma, su pie aplasta aquello que he conquistado en batallas complicadas, difíciles para mi fe en el amor y la belleza. En la vida ordinaria me domina, pero en las horas consagradas asumo la batalla contra ella y triunfo. Mi arte está limpio de ella. Mas así mismo, la vida cotidiana nunca podrá llevar el sello de mi arte.
Anhelo un arte puro libre del polvo de lo cotidiano. Sus palabras me han abierto por vez primera este reino mágico. Solo por ello le debo mi eterno agradecimiento. Además, también me atraen, por supuesto, Heine y Wedekind, pues en el espejo cóncavo de su arte reconozco mis propios rasgos ¡como ellos podrían llegar a ser, pero no deberían!
A lo mejor le he contado demasiado sobre mí; a lo mejor la reflexión me ha conducido por caminos errados. Por favor, sea indulgente conmigo.

Dicho abiertamente, fue una silenciosa satisfacción saber que —también usted— alguna vez ha experimentado el escepticismo pesimista y la intranquilidad de mi edad, pues con ello se me abre un panorama donde, tras una larga y ciertamente difícil batalla, también yo puedo mirar despejada la cúspide del talento artístico.
Para finalizar, nuevamente le agradezco por su carta desde el fondo de mi corazón. La tomaré en mis manos muchas veces y la dejaré surtir en mí su efecto, como si se tratase de una silenciosa oración.
Quizá su eminencia también se acuerde alguna vez, de vez en cuando en el futuro, de su eterno agradecido.
Franz Kappus.

Un escenario casi vacío, un actor en pijama, un catre, un uniforme militar, una fotografía de Rilke, unas cartas, una voz, música, evocaciones a Chopin, a Bach, a Albinoni, a Marlene Dietrich, a las Marchas Austriacas, a Rodin, a Jacobsen, a Heine… Todo un universo “para pocos audible, para otros pocos quizá entendible”: un dulce reto al espectador. Al final, se trata de una obra sobre lo escénicamente humano, sobre nuestros deseos y aspiraciones, nuestros miedos e inseguridades, nuestra tendencia a la manipulación y a la destrucción, nuestra necesidad de crear obras de arte, nuestra capacidad o incapacidad para el amor.
Estimado Señor Rilke, bajo la dirección de Nora Mannneck y la interpretación de Adrián Alarcón, apuesta a la dramatización de uno de los debates más álgidos de principios del siglo XX, sostenido a lo largo de 6 años en un intercambio de cartas entre el célebre poeta Rainer María Rilke y el joven militar Franz Kappus. Las cartas que Rilke envió, fueron publicadas con gran éxito bajo el título Cartas a un joven poeta, pero la voz de Kappus permaneció oculta… hasta ahora.

Más de dos años de trabajo tomó realizar el proyecto, durante los cuales la maestra Manneck tradujo al español las cartas de Kappus y las hilvano, junto con el actor Adrián Alarcón, en un diálogo con Rilke. Convocó a Bernardo Benítez para dar voz, en off, a Rilke y dirigió a Alarcón en un trazo que le apuesta a la expresión espontánea que surge de la escucha atenta y sensible. Dando como resultado un bellísimo espectáculo, plástico, sensible y sentido, reflexivo y doloroso al descubrir que el mundo no ha cambiado. Inmejorablemente interpretado por Alarcón, con el apoyo de la voz de Benítez, otro joven gran actor

Nora Manneck, con más de cuatro décadas de residir en México, es reconocida como una de las más importantes maestras de actuación de nuestro país, habiendo impartido clases en la Casa del Teatro, el CEA de Televisa, el CUT, la ENAT, la Universidad de Londres, el Instituto Andrés Soler, el TAP del foro Shakespeare, entre muchos otros. Así como por haber encabezado un importante proyecto pedagógico en la ciudad de Torreón, Coahuila, al lado de Rogelio Luévano. También destaca su labor como actriz y directora, fue importante colaboradora de Juan José Gurrola, Lurwik Margules y Juan Ibáñez, entre otros.
Para celebrar sus primeros 17 años como actor, Adrián Alarcón, incursiona por vez primera en el unipersonal y se mueve como pez en el agua, ofreciendo un trabajo histriónico impecable, plausible, saliendo mas que avante de este tour de force. Ha sido reconocido por su labor en la Compañía de Teatro Penitenciario del foro Shakespeare. En teatro ha sido dirigido por David Gaitán, Juan Carrillo, Itari Marta, Paola Izquierdo o Jesús Díaz, entre otros.

Franz Xaver Kappus (17 de mayo de 1883 – 9 de octubre de 1966) fue un militar austriaco, periodista, editor y escritor que escribió poesía, relatos cortos, novelas y guiones. Kappus es conocido principalmente como el cadete de la academia militar que mantuvo una correspondencia con el poeta austriaco Rainer Maria Rilke (1875–1926) buscando su consejo en una serie de cartas que se escribieron entre 1902 y 1908. Esta serie de cartas están recuperadas y reunidas en Cartas a un joven poeta (1929), un libro que se ha convertido en el más importante trabajo epistolar del poeta.
Kappus busca en Rilke consejo y crítica de su poesía, así como preguntas respecto a su carrera profesional y sus inquietudes vitales.
Kappus falleció el 9 de octubre de 1966 en Berlín Este, a la edad de 83 años.

Rilke se siente identificado en muchos sentidos, con Kappus y le advierte de algunas situaciones sobre el amor, la vida, la literatura, el arte o la religión a las que tarde o temprano Kappus se enfrentará o ya está inmerso en ellas. Hay dos ideas a destacar en las cartas: la belleza surge del dolor. Rilke lo expresa muy claramente en una sola frase, “una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad” y, en una de las últimas cartas, sostendrá que los poetas deben intentar amar los abismos, y en referencia a un soneto que Kappus le envía para que lo valore, el poeta le dirá que “su vida está llena de fatiga y tristeza, y queda muy por detrás de ellas. Pero de no ser así, nunca habría podido encontrar tales palabras”.

Otra idea, quizás la más importante para Rilke por lo recurrente de ella en las diez cartas, es la que hace referencia a que la obra de arte y el artista solo son posibles desde la más absoluta soledad, “las obras de arte son de una infinita soledad (…) solo el amor las puede captar y hacer suyas y puede ser justo hacia ellas”. La conexión del artista con el lector únicamente es posible en la conexión de dos soledades. Hasta cuando se refiere al amor dirá que “consiste en que dos soledades se protejan, se delimiten y se cumplimenten una a otra”. Esta visión solitaria de la vida, no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad: “su soledad se ensanchará y se convertirá en una estancia a media luz desde la que oirá pasar de largo el ruido lejano de los demás. Esta soledad es importante para el poeta, debe encontrar en ella las respuestas a sus preguntas sin esperar a que el resto se las conteste, el poeta debe “aprender lentamente a reconocer las muy pocas cosas en las que perdura lo eterno que se puede amar, y lo solitario, en lo que se participar en silencio”.
Estimado señor Rilke es, por sobre todo, una obra sobre la soledad.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

Estimado señor Rilke. De Franz Kappus. Dramaturgia: Nora Maneck
Dirección: Nora Manneck.
Actuación: Adrián Alarcón, Bernardo Benitez (voz en off).
Centro Cultural El Hormiguero. Gabriel Mancera 1539 Colonia del Valle.
Viernes 20 horas, concluye su primera temporada, el 27 de octubre.
Boletos: Entrada general $250.00
De venta en taquilla y boletópolis. com




Comentarios