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Una heroína sin capa. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • hace 2 días
  • 9 Min. de lectura


Irena Sendler (1910-2008), conocida como El ángel del gueto de Varsovia, fue una enfermera y trabajadora social polaca que arriesgó su vida durante la Segunda Guerra Mundial para salvar a más de 2500 niños judíos del Holocausto. Miembro de la resistencia, ocultó niños en ambulancias y alcantarillas, enterrando sus nombres para reunirlos tras la guerra. 

Como miembro de la organización clandestina Żegota, utilizó su pase sanitario para entrar al Gueto de Varsovia y sacar a niños judíos, ofreciéndoles refugio y nuevas identidades.

Utilizó ambulancias, ataúdes, bolsas de basura y el sistema de alcantarillado para sacar a los niños, muchos de ellos sedados.

Para preservar la identidad de los niños, anotó sus nombres reales y falsos en papeles que enterró en frascos de vidrio bajo un manzano, buscando reunirlos con sus familias en el futuro.

Fue arrestada por la Gestapo en 1943, torturada y condenada a muerte, pero nunca reveló el paradero de los niños ni de sus colaboradores, escapando gracias a la ayuda de la resistencia.

Fue nombrada "Justa entre las Naciones" por Yad Vashem y en 2007 fue propuesta para el Premio Nobel de la Paz. 

Su figura ha sido inspiración para montajes teatrales y documentales, recordándola como una heroína silenciosa que actuó por convicción humanitaria

Relato doloroso y entrañable, en el monólogo, la protagonista, tiempo después de haber terminado la guerra, le habla a las y los espectadores desde la intimidad de su habitación. En su memoria residen los sucesos que marcaron su existencia: “Los recuerdos es lo único que tenemos….”. Y en tiempos de paz: “de los alemanes me gustaba la música, de los rusos, la novela…”.

A pesar de ser arrestada y condenada a muerte, Irena logró escapar el día de su ejecución. Ella fue una de las heroínas anónimas, así como muchos otros en esa lamentable guerra. La protagonista nunca desistió de liberar a esos niños judíos condenados, como ella, a la muerte en los campos de exterminio.

En alguna entrevista realizada a Irina después de la guerra, mencionó que “el verdadero coraje le pertenecía al gran equipo de héroes anónimos que arriesgaron su vida para salvar a los pequeños. A las adolescentes, valientes e intrépidas que le llevaban a los niños cuando los pases para el gueto fueron cancelados. A los choferes de tranvías, conserjes y porteros. A los hombres que arrojaron dinero en paracaídas en Varsovia. A las monjas, enfermeras y familias adoptivas que escondieron y cuidaron de ellos. Sobre todo, a las madres y padres que los dejaron ir”.  

Irena insistió en que ella fue la parte menos importante de una red frágil, pero asombrosa que se extendió por Varsovia en la primavera de 1943; sólo una pieza de esta gran fraternidad de extraños. 

A partir de esta conmovedora e impactante historia, la espléndida actriz y teatrera Fanny Sarfati da vida a Irena Sendler en el monólogo El ángel de Varsovia.

Sarfati es una reconocida productora, actriz y directora con más de treinta obras de teatro, eventos culturales y espectáculos.

Entre otras de sus memorables puestas en  escena, recordamos El Balcón de Golda, presentada en quince países y Dai-Basta presentada en cuatro países, con un éxito inusitado en centro, sudamérica, España e Israel.

En su trayectoria, ha sido acreedora a múltiples premios y reconocimientos, entre otros, el Premio María Douglas como mejor actriz de monólogo 2022 por El Ángel de Varsovia, otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro.

Platicamos con la actriz sobre su notable actuación en el texto ex profeso creado para ella por el maestro Tomás Urtusástegui.

Un día me llegó un post de Facebook sobre la conmemoración luctuosa de Irena que murió en 2008, a mí se me hace como que murió antier. Se lo mandé al maestro, que en paz descanse, le dije mire maestro, por favor, el pedazo de mujer que es Irena, y así de prolífico, rápido, generoso como era el maestro, 10 días después tenía yo un libreto en mi escritorio, dedicado a mí, lo cual agradezco enormemente, e incluso me pidió que yo escogiera el título, imagínate, me dio títulos a escoger.

Y bueno, llegó el momento de Irena y empecé por convocar a Carlos Rangel, que ya nos conocíamos y teníamos muchas ganas de trabajar juntos, y ha sido un dueto maravilloso, porque tanto Carlos como yo, somos bien nerds, le metimos muchísimo al personaje, incluso le pedimos permiso al maestro Urtusástegui de hacer algunas precisiones históricas y nos dio chance de hacerlas, y fue el último texto que vio montado el maestro. Entonces, tenemos, como podrás entender, una doble responsabilidad.

Asombroso que en solo 10 días armó tamaño texto.

No, no, no, tremendo. Claro después lo súper tallereamos con él, fue todo un proceso, también de todos, entender quién era este personaje tan complejo y tan entrañable, que es Irena.

Sin duda una mujer avanzada a su tiempo, en muchos sentidos.

En muchísimos sentidos era una mujer de avanzada. Una heroína sin capa, como yo le llamo. Y fíjate que lo bello de Irena es que nunca quiso ser un héroe. Así empieza la obra: Yo no quiero ser un héroe. Muchos años estuvo en el anonimato.

Estrenamos antes de la pandemia, porque nos pidieron El ángel de Varsovia para al Dia Internacional del Holocausto, que se llevó a cabo el 27 de enero de 2020 en el Museo de Memoria y Tolerancia... ¡Qué lugar para hacerlo!... Imagínate… entonces estrenamos ahí, no teníamos multimedia, las luces, el géiser, todo iba un poco en contra, sin embargo, gracias a esa función nos vio el cuerpo diplomático de la embajada de Polonia, y es una embajada que nos ha estado apoyando muchísimo, porque les conmovió muchísimo que una compañía de mexicanos pusiera en escena la vida de una ilustre polaca.

Fanny, ¿qué tanta responsabilidad, qué compromiso implica el interpretar a un personaje que realmente existió, como Irena, a interpretar uno surgido de la imaginación y de la pluma de alguna o algún dramaturgo?

Que buena pregunta. ¡Toda!, absolutamente toda la diferencia, porque un personaje de ficción, tú sabes que puedes inventarle cualquier cosa, y está bien si coadyuvas al mensaje del concepto general de la obra, al construir ese personaje de ficción, con lo que tú quieras inventarle, pues está muy bien. Pero cuando encarnas un personaje histórico no puedes fallarle, no es lo que a ti se te dé la gana, no se ve como a ti te gustaría verte, no tiene las características que tú quisieras ponerle, tiene las tuyas propias, y más te vale ser muy nerd y muy estudioso para no fallarle al personaje histórico. Porque, imagínate que yo estuviera inventando cosas raras de Irena, probablemente algunas personas que no conocen al personaje se tragarían ese dulcecito, pero no es correcto porque cuando salen personas que si conocen al personaje, estas contando una historia de ficción, y no una historia real. Entonces la diferencia es radical y en la forma de construir al personaje, es total y absolutamente diferente.

Como actriz o como actor cuando encarnas personajes históricos, tienes, primero, que estudiar muchísimo, tienes que verificar que todos los datos que tiene el texto dramático sean reales, tienes que adaptarlos si no lo son. Si te encanta el texto, adaptarlo, seguir poniendo datos históricos, tienes que seguir aderezado porque no hay quien más conozca el texto que aquellos que están estudiándolos y haciendo el análisis, porque estás en eso.

Como ya te comenté, le pedimos permiso al maestro para hacer precisiones históricas en el texto, estaba fascinado porque tallereamos con el su texto, y quedó afinado, no solamente la parte de datos duros, que eso, vas a la enciclopedia y los vas a encontrar, o si te metes a Google lo encontrarás.

Pero también de características de este personaje que, como murió en 2008, tuvimos oportunidad de ver videos, de analizar su forma de cojear, porque no es la misma que si tienes flebitis, o reumatismo, esta mujer tenía destrozadas las piernas y los pies por una tortura nazi. Es delicioso tocar un personaje histórico.

¿Cómo es tu proceso para permitir que Irena te posea, literalmente?

Hago un rito sencillo antes de la tercera llamada, prendo una veladora por Irena, prendo una veladora por el maestro Urtusástegui, que falleció en abril del 2020. A la función de Memoria y Tolerancia ya no pudo llegar, estaba muy enfermo, pero mandó una carta con su hijo, y en esa carta decía que él había perdido la esperanza en la humanidad, y que Irena se la había regresado. Eso fue enero del 2020 y el maestro falleció en abril, así que fue la última obra suya que vio, porque la vio en mi casa, vio un ensayo en mi casa, sin multimedia, sin luces, sin nada y llorábamos todos, lloraba el, lloraba Carlos, lloraba yo, llorábamos todos porque fue muy, muy duro. Desafortunadamente no llegó, aunque si llego en cierta manera, porque vio el fruto de su trabajo, imagínate, para un dramaturgo es maravilloso.

Yo honradísima, honradísima de encarnar su obra.

Vio corporeizado su texto, no vio la puesta en escena totalmente terminada, pero vio a Irena en cuerpo y alma, a través del tuyo.

El teatro, cuando lo trabajas en serio podría ser en una cámara negra, sin la necesidad de poner absolutamente nada, pones los otros elementos para atraer más fácilmente al público, para hacerlo más amable al ojo del público. Yo tendría que poder convencerte de la historia en la sala de mi casa también.

Hicimos como 4, 5 funciones en mi casa con algunas personas y fue muy delicioso, porque es muy petit comité, sin parafernalia, con la silla de mi casa, jálate está mesita, pon esta cosa, ya sabes. Y después se queda uno charlando, y no sabes cuántas cosas recuperas, porque el público te puede alimentar de una forma extraordinaria. Esta entrevista me fascina porque ya viste a Irena, ya la conociste y hace toda la diferencia en tus preguntas, y las siento, porque ya fuiste parte de la magia de Irena y de la propuesta que nosotros hacemos para representarla.

Suelo ser escéptico, no me agradan del todo las proyecciones cuando se abusa de ello, cuando se quiere reemplazar el teatro con algo grabado, muy mal proyectado, cuando no tienen razón de estar en un escenario. En El ángel de Varsovia es tan preciso y tan adecuado y refuerza tanto el relato que es verdaderamente plausible, se puede prescindir de ello, como acabamos de decir, sin embargo, en escena es un detalle determinante.

Acudimos a una empresa que se llama Cohen y Cohen, con Aharon y Ester Cohen, que tienen el acervo fotográfico y de video de la Segunda Guerra Mundial más grande de México, ellos han hecho documentales muy importantes sobre campos de concentración, uno de sus documentales se ha exhibido Orgullos del silencio. Ellos nos ayudaron con esas imágenes y decidimos, exacto lo que dices, usar pocas y buenas aportaciones, solamente para que te den piso, para que te des cuenta que fue real, que la gente ahí estaba, así se movía, así los marcaban, así eran los niños que fallecieron, son 2, 3, 5, 10 momentos que aderezan, nada más, y decidimos proyectar sobre negro, porque es un recuerdo de Irena, no necesita ser nítido, no es cine, es un apoyo en una obra de teatro.

Tu actuación es conmovedora, inspiradora, llena de verdad, también devastadora. Hay una parte en la que describes tan puntualmente a las mujeres, las madres de los niños, rapadas, marcadas, torturadas, en que condiciones estaban, que inmediatamente vi a Charlotte Rampling en Portero de noche... …ufff... …eso que describes, lo vi en una recreación extraordinaria, muy impactante, y así es el teatro, te provoca imágenes, y, a través del video se pudo haber caído en el morbo y en el amarillismo, no es el caso, ni remotamente.

Decidimos no poner imágenes devastadoras, vimos cientos de imágenes, imaginarás ese trabajo, cientos de imágenes. No quisimos poner ningún cadáver, no queríamos eso, queríamos mostrar a la gente viva, que después ya no pudo seguir su vida, y eso es más devastador todavía.

Estamos haciendo temporaditas y nos vamos de gira, otra temporadita y nos vamos, a ver hasta donde llegamos con esta estrategia, creo que es mejor estrategia que abrir las puertas y esperar a que deje de venir la gente.

Pese a ser uno de los episodios más oscuros en la historia de la humanidad, esta historia en particular es muy alentadora, como dijo el maestro Urtusasteuí finalmente lo reconcilia a uno con la humanidad, con la vida, porque Irena, con sus “cómplices”, en el mejor sentido de la palabra, lograron rescatar a más de 2500 niños judíos.

Sí está cañón, imagínate hoy, eso es exponencial, 2500 hoy representan a cientos de miles de personas, es conmovedor.

 

El maestro Tomás Urtusástegui es un dramaturgo con más de quinientas obras escritas y llevadas a escena, dentro y del país. Urtusástegui es quizá el dramaturgo más prolífico, solicitado y multipremiado de México, en los últimos tiempos. Falleció en 2020, la última de sus obras que se montó, y pudo ver, fue El Ángel de Varsovia, obra ganadora del Premio San Gines de Teatro Independiente Mexicano, 2020 al mejor monólogo sobre derechos humanos.

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 

El ángel de Varsovia. De: Tomás Urtusástegui.

Dirección: Carlos Rangel.

Actuación: Fanny Sarfati.

Arte: Teddy Nanes.

Multimedia: Cohen y Cohen.

Asesoría en imagen y maquillaje: Pilar Boliver.

Voces en off: Pilar Boliver y Jair Campos.


 
 
 

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