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A los seres humanos se nos está acabando la cuerda. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • hace 8 horas
  • 19 Min. de lectura

En el Teatro El Galeón, Abraham Oceransky, se presenta una de las propuestas más imaginativas y provocadoras de la cartelera: Oso polar decapitado, una producción que despliega un universo tan lúdico como inquietante, donde la ciencia ficción, el humor y la filosofía se entrelazan para pensar con ironía y lucidez, el porvenir de la humanidad. Oso polar decapitado es una apuesta escénica que mezcla ciencia ficción, humor y melancolía, donde humanos y robots coexisten en un planeta que se precipita hacia una noche eterna, creando un universo teatral tan lúdico como inquietante.

Escrita por David Gaitán y dirigida por Martín Acosta, platicamos con esta infalible dupla escénica.

Martín, creo que después de Luis Mario Moncada, David Gaitán es el dramaturgo que más has montado.

Martín. Y un día de estos ya le vamos a ganar a Luis Mario, porque él se tarda mucho, y David en cambio, no para, no para.

Es prolífico, rápido, y de calidad.

Martín. Me siento muy afortunado de estar cerca de dramaturgos que me estimulan, que me ponen loco, aunque uno se tarde y el otro sea tan prolífico. Pero esta es una obra que tenía David guardada.

¿Cúantos montajes llevan juntos?

Martín. Como dramaturgo y director creo que cinco. A ver: Zoom, Dios o no ser,  Paraíso diseñado, Oso, y ya

David. Y traducciones otras tantas…

Martín. …traducciones, una Casa de muñecas que hicimos en Sinaloa…

…que fue donde yo conocí a David… …ahí conocí a Salvador, me acuerdo… …El sueño de una noche de verano que hicimos en la ENAT, y las Tres hermanas. Pero bueno, hemos trabajado en otras cosas también, él como actor…

También, La calle de la gran ocasión, de mi abuela (Luisa Josefina Hernández), que traduje al inglés, y como actor también, sí.

Muchas colaboraciones juntos. Porque otras obras tuyas tú las diriges David, y otros directores te han dirigido, como esta gran colaboración que tuviste con David Jiménez. En este caso ¿por qué deciden trabajar juntos esta obra, o cómo se da que la hagan juntos?

David. Martín y yo somos familia entonces, compartimos habitualmente todos nuestros proyectos, al menos yo lo socializo siempre con Martín, tengo una relación de mentoría importante con él, entonces, todas mis crisis caen en su regazo continuamente, y parte de lo que compartimos, de lo que intercambiamos y convivimos y socializamos, las ideas que tenemos, lo que sigue, lo que nos gustaría hacer, y en esas conversaciones, este proyecto en particular, yo, con Verónica Bravo, que es mi pareja y que es actriz y coproductora, dijimos que teníamos la inquietud de hacerlo. Como decía Martín, es un texto que yo tenía guardado desde hace tiempo, un texto que de hecho con Martín habíamos intentado hacerlo hace unos años, metimos alguna convocatoria, no pegó y volvió a quedar ahí en el cajón.

Con la inercia de ambas conversaciones, Verónica siendo mi pareja, y mi familiar por ende, decidimos hacer equipo, pusimos la idea sobre la mesa y como además Martín y yo sentíamos que ya había pasado un buen rato sin que visitáramos otra, aceptó y aquí estamos.

Ya me acordé de otras obras que hicimos, 41 detonaciones contra la puerta de un closet… …claro también está ahí, por eso yo decía cinco… …y de traducirnos también el Facebook Hamlet que hiciste en la ENAT… …y algunas otras que no hemos hecho, como lo de Caryl Churchill, Drunk Enough To Say I Love You… …y tendríamos que sumar Matt Forest… …sí, completamente.

Va aumentando el número, igual salen más.

Martín. Yo me siento en parte responsable de haber empujado a David a una cierta veta de un teatro reflexivo, yo no se ni por qué, se me ocurrió que sería un buen camino, supongo que ya había algo de eso desde sus primeras obras, sobre todo, yo diría desde Escurrimiento y anticoagulantes, ya tenía gusto por un asunto en donde mezcla algo que es profundamente retórico, y que por su propia naturaleza parecería que va en contra del teatro, es decir, filosofar en el teatro es casi un pecado que tratamos de librar todos los teatreros, y creo que yo en clase generalmente tiendo a decirlo, yo digo que ni la poesía como tal, aunque creo que el teatro es un acto poético, pero el teatro menos interesante es el que insiste en llevar la poesía a la escena, o el que insiste en hacer filosofía con la escena. Pero por lo mismo puede ser un reto también, a menos que te lo plantees desde un ángulo en el que esto tenga un sentido que pueda incentivar lo teatral.

Creo que con David, en un proyecto que fue el primero que hicimos ya conscientemente, que fue La velocidad del zoom del horizonte yo le decía, A mí me parece que el material alrededor de aquella novela de Stanislaw Lem, que fue el origen, pero que luego la dejamos completamente de lado, a mi es un asunto que me gustaría tratar, una situación inaudita en condiciones humanas, creo que eso empezó una conversación que se fue decantando en otros temas.

Lo mismo pasó con Dios o no ser, en realidad originalmente era una reflexión sobre, ¿te acuerdas David? el avión de Malasia Airlines perdido y la fábula de Jonás y la ballena, o sea, por qué estaría alguien escondido en la panza de una ballena en el fondo del mar. Siento que eso por naturaleza nos ha ido acercando a ese tipo de tesitura.

Y esta es una obra que, en efecto, hace años me presentó, incluso como precuela de La velocidad del zoom del horizonte y en ese momento como que me costaba trabajo entender en dónde ubicaba esa conexión. A lo largo de los años que la visitábamos, debo decir que es una obra que no era de las que íbamos a hacer, sentía yo, hasta que me emboscaron Verónica y David, y dije, si hay una tercera persona interesada, el que está mal soy yo. Entonces la leí, a los ojos, voy a decir, un poco más de Verónica que de David, recuerdo que claramente le pregunté a Verónica, ¿qué te interesa de esta obra?, no recuerdo exactamente sus palabras, pero siento que halaba de un cierto desamparo, de este mundo tan desamparado, pense, a lo mejor eso es lo que yo no he visto. Y creo que de alguna manera eso detonó que fuéramos a este lugar.

El equipo creativo, encabezado por Martín Acosta construye un montaje sobre el futuro, el miedo y la sobrevivencia, a partir de un delicado equilibrio entre rigor, imaginación y juego escénico.

La puesta en escena si me remite en algo al Zoom, y también me remite, por ejemplo a la obra más reciente tuya en escena David, El mar es un pixel, en cuanto al tema, a la inteligencia artificial, a problemas contemporáneos, y la duda planteada desde hace mucho, ¿Qué pasará cuando el robot ya no necesite a su creador y se revele contra el mismo?. Este mundo distópico se plantea en la obra, pero de una manera amable, no vemos caos ni desastre, además, con un gran sentido del humor.

David. Empiezo por lo segundo que dices, eso es todo mérito de Martín, el hecho de haber hecho este montaje con este texto, me refiero particularmente a poder hacer de esta obra un evento con tanto sentido del humor. Siento que si uno lee el texto, yo mismo que leía y releía mi texto a lo largo de los años, como te decíamos el texto, tiene 13 años que lo escribí, entonces cada tanto volvía a él y obviamente, ahora en torno al montaje, y aunque, por supuesto me seguía gustando y por eso insistía en que lo hiciéramos, pero decía, Es que esto es un ladrillo, es un coñazo este texto, porque es difícil, y es críptico, y está sobrecargado y tiene unas pretensiones formales que nos gustan a un porcentaje mínimo de la población.

De este texto se pueden hacer montajes mucho más oscuros y mucho más pesados, y el mérito, entre muchos otros, de Martín, es haberle encontrado un tono y habernos dirigido hacia un lugar en donde no solo se plantea un universo digerible, sin masticarle la comida al espectador, porque creo que el texto se resiste a un exceso de literalidad, a ser una anécdota dulce, simple y amigable. Martín creo que logra ponerlo en un lugar en donde se hace una obra de teatro y se separa de un evento entre lo performático y lo poético, y algo que sea solamente raro. En el montaje, durante los ensayos lo comentábamos mucho todo el elenco, esta obra tenía que ser Martín quien la dirigiera.

Como tu decías, yo dirijo muchos de mis textos, con este alguna vez me planteé dirigirlo yo, pero me acuerdo que decía, es que no tendría ni idea de cómo entrarle, de por dónde. Fue un texto muy hecho desde el origen como gesto dramatúrgico y separándome mucho de la posibilidad de montarlo.

Y de lo primero que dices, sí, la verdad es más una casualidad que otra cosa que conviva en tiempo y espacio, con El mar en un pixel, una casualidad que termina por ser elocuente y termina por decir cosas al mundo que no me interesa para nada tampoco contradecir, o frenar, o nada. Pero como decía Martín, siendo una obra que pasó por tantas aventuras hasta su montaje, coincide, entre que los dioses del efiarte nos sonrieron en esta ocasión y no en otras, en fin hay una serie de coincidencias que, en efecto, la colocan ahorita. Adelantandome un poco, en abril estreno otra obra, un monólogo que también está en el territorio de las distopías, y que también es un poco una casualidad que vaya a convivir ahora.

Me da risa porque siento que hace no mucho tiempo, me ubicaban o me etiquetaban como el autor de los clásicos, de reescribir los clásicos, cómo está relación con el pasado, y ahora soy el del futuro, el de la ciencia ficción y no se qué. Insisto, lo veo con cierta diversión, pero la verdad es que hay un azar ahí detrás en ambos casos, en donde de pronto las obras coinciden, y seguramente podremos Martín y yo hacer una obra para hablar de que estas coincidencias no lo son tanto, pero sí ha coincidido entre El mar es un pixel como con una ciencia ficción también un poco anacrónica y aquí en Oso polar… que Martín lo plantea como un gesto abiertamente retrofuturista, siendo que se podía plantear para muchos lados, elige ese, y creo que es una elección muy afortunada.

Tu producción es variopinta y hay de todo desde Escurrimiento y anticoagulantes, La pura idea excita, hasta En primera persona, los monólogos que hiciste sobre desaparecidos, la relectura de clásicos, la adaptación de El salvaje, y otras obras absolutamente diferentes y originales.

Desde su origen, el proyecto nació con una claridad inusual. En el equipo coincidió de inmediato un tono, un impulso creativo y un territorio conceptual donde las preguntas sobre el fin del planeta y la irrupción irreversible de la inteligencia artificial podrían ser abordadas sin solemnidad, pero con una profundidad que resonara emocional e intelectualmente. A partir de ese punto de encuentro, David Gaitán imaginó un mundo helado, al borde de La Noche Eterna, en el que los humanos comparten el último aliento civilizatorio con robots que, poco a poco, comienzan a necesitar cada vez menos a quienes los crearon.

Martín en declaraciones afirmas que: Oso polar decapitado es un espectáculo sobre el terror por el futuro: un conjuro para la supervivencia. Trabajamos con la ingenuidad de la ciencia ficción de los sesentas para volver a preguntarnos, sin pudor, si nuestro paso por el planeta ha debido ser breve y lleno de sufrimiento. Es un montaje que habita la melancolía, el humor improbable y la extraña humanidad de las máquinas. Un sueño en blanco y negro del que solo se despierta para volver a caer.

Resumiendo, la obra es sobre el miedo al futuro y creo que resume muy bien la parte anecdótica.

Martín. Sí, yo he tenido muy presente una novela que leí hace muchísimos años y ahora en la relectura tuve más problemas pero Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, termina, perdón por el spoiler, después de tener un narrador muy presente que discute su vida y todas las tendencias ideológicas que nos llevan hasta el final del siglo XX, accede al siglo XXI con una inteligencia tomando la palabra, y nos damos cuenta que en realidad quien nos está contando la historia no era quien creíamos, sino alguien que heredó la palabra de este personaje y que es una especie de Clon, una inteligencia que asumió en algún punto el control de la humanidad, y lo último que dicen es que lo que más le sorprendió a esta nueva especie, a esta nueva raza de no humanos que habitan la Tierra, es la docilidad, la ternura con que los seres humanos se abandonaron y dejaron de luchar.

A mí eso es lo que me da miedo, yo no tengo miedo de la gran catástrofe, de la Guerra de los mundos, me da miedo que dejemos de querer, que dejemos de tener la voluntad de estar, suena demasiado, pero esa voluntad de existir, siento que cada vez somos más propensos a olvidarnos de que cuesta trabajo. Cada vez estamos más abstraídos en otras cosas, las redes sociales, por supuesto, jugar con las inteligencias, aunque sea inocentemente en la computadora, es un abandono, es un abandono de nosotros, y eso es lo que me parece tan desolador. Quiere decir que estamos buscando una razón de existir, es como si la cuerda se nos estuviera acabando, más que el que llegue otra cosa a aplastarnos, a los seres humanos se nos está acabando la cuerda, y de paso estamos haciendo que se le acabe la cuerda al planeta. Eso es lo que me da miedo, no le tengo miedo a las crisis interplanetarias, o a la gran hecatombe sino a que dejemos de querer existir, y eso es un poco de lo que traté de expresar aquí.

Y creo que, de alguna manera, el no querer existir implica el que los seres humanos cada vez nos vemos menos a los ojos, cada vez dependemos más de la tecnología. Esta conversación la estamos haciendo por zoom, por supuesto también importa la comodidad, juntarnos presencialmente los tres puede ser muy complicado, es parte de las ventajas de la tecnología, que están al servicio de uno, y no que uno se ponga al servicio de ella. Es muy común ver en el transporte público a dos personas juntas, pueden ser novios, hermanos, amigos, madre hija, en fin, con un teléfono, cada uno con un audífono y ni siquiera se voltean a ver, no platican, y creo que ese futuro, que ya nos alcanzó, es terrible y va mucho con lo que dices Martín, y con lo que David plantea desde su texto.

Martín. Sí yo creo que ese fin del mundo tan proclamado, nos puede agarrar por el lugar menos esperado y eso es tremendo. Siento que tenemos unos activismos tremendos en redes sociales, pero somo incapaces de ayudar al vecino, o alguien, ya deja tu ayudar, a veces hasta conversar, o de abrir una posibilidad de contacto humano y eso está muy grave. Yo creo y por eso sigo haciendo teatro, que esta es la trinchera de lo humano y que son los temas que nos competen y que nos corresponden. Siento que en eso David y yo coincidimos, yo encuentro eso en prácticamente todas sus obras, la discusión sobre lo humano, más allá de que sus temas convoquen a estos mundos no tangibles, siento que hay un gran compromiso con el ser humano.

El teatro es donde se da esta comunicación, los actores no ven de frente al publico por obvias razones, pero estamos compartiendo un mismo espacio, respirando el mismo aire.

Martín. Y fíjate, yo siento que a veces es más importante compartir el silencio con el público que incluso otras experiencias que parecieran más catárticas. Yo les decía dando notas, Les agradezco tanto que, habiendo humor, no lo vuelvan chistoso, porque a veces los actores, las actrices, cuando la tentación de hacer que suene el teatro, de romper el silencio es tanta, por las obras que tienen éxito ya lo sabemos, son las que se ríen, se ríen, se ríen, pero a la salida no se acuerdan de lo que acaban de ver. Y aquí a veces da la sensación de que ya hubo demasiado silencio y necesitamos otra reacción, y yo digo, al contrario, creo que en el silencio se dan otras relaciones, se dan otras reflexiones. Ya lograr que no enciendan su celular durante esos 90 minutos, lograr que respiremos juntos, es un triunfo y creo que podemos mantenerlo ahí, en este estado de comunicación y de comunión, aunque suene cursi, porque ya hasta nos da pena usar esas palabras.

El montaje apuesta por un espíritu lúdico que retoma la esencia del teatro como juego: un espacio donde las reglas se reinventan, los códigos se transforman y el escenario se convierte en un verdadero parque de diversiones narrativo.

La escenografía construye un paisaje de hielo en permanente amenaza; la iluminación acentúa las tensiones entre luz y penumbra; el vestuario evoca una humanidad en ruinas y máquinas con identidad propia; mientras que el diseño sonoro y la música sostienen el pulso emocional y distópico que define este mundo al borde del colapso.

El elenco habita este universo con una mezcla de rigor, entrega y sentido del humor, dando vida a personajes que se desplazan entre la vulnerabilidad humana y la lógica implacable de la tecnología. La fuerza del proyecto se sostiene en un equipo creativo que aporta décadas de colaboración, investigación y complicidad escénica y un entramado de artistas reunidos con el objetivo común de construir un mundo tan absurdo como conmovedor.

Como bien dice Martín, estás preocupaciones las has tenido desde siempre, no es que ahorita pienses ¡Se está acabando el mundo!, eso lo vienes pensando, reflexionando y plasmando desde hace mucho tiempo, que esta obra es mucho más cercana al Zoom, con respecto a sus fechas de creación.

David. Sí exactamente. Creo que cuando la escribí, ya no se si es antes o después del Zoom, yo creo que después, pero relativamente poco tiempo después, sospecho. Creo que es parte de la inercia de futurismo y de ciencia ficción, y del entusiasmo que quedó del Zoom. La obra está escrita a partir de una serie de premisas formales muy puntuales que en su momento me entusiasmaban mucho.

Es una obra que, esto no se sabe viendo el montaje, no tiene porque saberse, pero es una obra que está escrita sin signos de puntuación, por ejemplo, sin personajes establecidos de quien dice que, …y sin orden (Martín)… …aunque hay algunas guía, son una serie de escenas que se indica que se pueden ordenar como se desee, es como una pieza para armar para quien la dirija, y siento que fue de lo más divertido conociendo todo el equipo como era la obra, tratar de interpretar el cerebro de Martín en las decisiones que tomaba sobre como ordenarlas y por qué, y después todas las convenciones con lo que fue acompañando, fue de lo mas divertido. Estos cambios de vestuario de una escena a otra, sin importar si en la siguiente somos humanos o robots, y jugar a favor de esa sensación, como que  mi imagen siempre es como la caricatura del Big Bang que tengo en la cabeza, que es un poco lo que la obra busca, generar como un movimiento centrífugo en el espectador con respecto a la anécdota.

La verdad siento que he logrado terminar de entender la obra, a partir del montaje y de la visión de Martín, de lo que vamos construyendo y de las funciones mismas. Es una obra de la cual antes me costaba mucho trabajo hablar de manera articulada y decir de qué trata, o cuál es el tema, como que tenía ciertas pulsiones, pero me reconocía con menos que decir en comparación a El mar es un pixel, o a otras obras. Digo, también soy 13 años más grande, tengo 13 años más de recorrido de entonces a ahora, pero a partir  de la lectura de Martín y de lo que nos decía en los ensayos, siento que pude regresar a entender mi obra, o al menos a comprarme una versión de lo que dice la obra, que ahora me acomoda más, y creo que tiene que ver con la idea sobre todo planteada en el personaje y la narrativa que hace Pablo Chemor, con el oso polar decapitado y su historia, con la búsqueda, al menos formal, porque la pretensión es muy ambiciosa. Pero la búsqueda de generar mitos contemporáneos, que el presente, que nuestra época también entregue mitos para el futuro sobre quiénes somos y lo que nos inquieta y lo que nos duele ahora a nosotros.  

La tecnología, la distancia entre los humanos, siento que el mito, creo que se genera desde Blade Runner cómo un hito, pero también mucha literatura de ciencia ficción. Pero el mito que mencionabas Salvador, el robot que desconoce a quién lo hace, y seguro podemos ir a la literatura muy atrás con esa idea, y creo que los mitos también se construyen a partir de la insistencia de las narrativas que lo fortalecen. Algo de eso, siento que es lo que la gente encuentra potente en esta obra, el mito con la tecnología, la noche eterna como metáfora de transiciones oscuras, llámese lutos. Ahora que la estamos haciendo en relación con la actualidad, siento que el gran entumecimiento que la sociedad tenemos frente a toda la revelación de los archivos de Jeffrey Epstein, por ejemplo, y todo lo que está pasando ahí, todo lo que va saliendo, y la reacción, insisto, como de entumecimiento que tenemos la sociedad, siento que estas son nuestras noches eternas. Este ver el mundo tomado por las ultraderechas, ver el fin de las convenciones políticas, el fin de la gran ficción que es la política en la que se sostenía cierto orden mundial y que alguien decide romper la cuarta pared, pero como un acento de total transgresión no acordada y desconcertante, y el mundo y la sociedad pasmados ante eso, incapacitados para reaccionar, eligiendo no creer lo que está pasando porque es una información muy insoportable, y menciono este ejemplo, pero está el genocidio en Gaza y muchas otras.

Yo también creo que la obra y el teatro es el refugio de lo humano y ojalá la fantasía que tenemos todos los teatreros de que se vuelva una altísima arte, ahora que la distancia entre los humanos es una Rara Avis tan particular, siento que esa idea se fortalecerá a medida que contemos historias que puedan dar fundamentos, casi hasta la mitológico, de quiénes somos, a que tememos, que perseguimos y que anhelamos y que articule nuestra identidad.

La ausencia del calor también es una gran metáfora en la obra, un mundo congelado. ¿A lo largo de estos 13 años retrabajaste el texto, muy concretamente ya próxima su puesta en escena, o es tal cual lo escribiste?

David. Es muy cercano. Se la di a Martín en el camino, descubrí en mis archivos cuando empezábamos a ensayar, una versión anterior como extendida de varias escenas. No sé bien en qué momento pero claramente hubo una reescritura.

Este texto yo insistí mucho en meterlo a concursos de dramaturgia, nunca pegó, y entonces en algún momento también hice una versión con puntuación, pensando en hacerlo un poco más “legible” para los concursos de dramaturgia. De todas maneras nunca pegó, y la versión con la que empieza a trabajar Martín estaba, insisto, un poco más compacta que la original, pero tampoco tanto y después con Martín y durante el montaje, como hemos hecho siempre cuando estamos en esta colaboración, se fueron haciendo algunos ajustes, creo que con este no fue ninguna “cirugía mayor”, me parece, algunas cosas muy puntuales en algunas escenas para favorecer la convención, quitar cosas que de pronto el montaje ya está diciendo y no es necesario verbalizar. Entonces es bastante en su versión original lo que el público ve.

Martín. Un poco cositas que tenían que ver con las personas, actores, actrices que lo representaban, porque de alguna manera yo estaba jugando, tampoco el texto original dice si los personajes son hombres o mujeres, personas no binarias, no lo explica. Entonces yo propuse este juego entre dos mujeres y David para las viñetas, y Pablo como esta especie de narrador del futuro que cuenta este mito fundacional a través del oso polar, pero también a través de las viñetas que estamos viendo, entonces de pronto me convenía acentuar ciertos rasgos de carácter, ya sea de David, o ya sea de Xóchitl y de Verónica, que era lo que de pronto le pedía, o incluso le dije, A ver, esto que sea más concreto para que estos antagonismos se den y se aclaren.

Pero eso lo hacíamos ya en el trabajo de mesa, literalmente, otra cosa que me sorprendió mucho durante el proceso es que el que parecía desconocer más la historia que estábamos contando era David, que es algo que yo recomiendo ampliamente cuando doy clase de dirección y alguien trata, o pretende montar sus propios textos, digo, Necesitas hacer telón, necesitas olvidarte que la escribiste, para empezar a replantearla desde la puesta en escena, porque contaminarlo es muy pernicioso.

Yo creo que es algo que David ha aprendido a hacer, y muy bien, a lo largo de estos años pero que en principio suele ser muy peligroso. En este caso David se lo tomó pero excesivamente en serio, porque de pronto llegábamos a preguntas, que no las hacía yo, de pronto Xochitl decía, Pero entonces ¿esto quiere decir tal cosa?. Y el que ponía cara de, No tengo la menor idea, era David. Yo decía, Apostemos por eso, apostemos porque sí, porque quiere decir esto. Porque tampoco podemos vivir en la nebulosa o en la abstracción permanentemente, es una obra que tiene tantos resquicios, que hay que ponerle cimientos. En ese momento no lo sabíamos, pero apostamos por eso, y el más cauto siempre era David, iba detrás de Verónica, detrás de Xochitl, que hacían afirmaciones más contundentes.

Y eso es bien interesante, de cómo siento que se aproxima David a su teatro con una gran generosidad. Él no es nada narcisista, no defiende a ultranza ni sus ideas, ni su ideología, ni sus sensaciones, se deja contaminar de una manera, como dije al principio, muy generosa, y creo que eso le permite entrar, y ahora sí lo digo, con mucha conciencia a la locura de actuar, porque actuar es la locura.

Escribir y dirigir tiene que ver con la razón, pero actuar tiene que ver con un acto insensato, con un acto irracional, cada vez que veo su monólogo digo, David está usando la dramaturgia como instrumento para acceder a la locura,  al Nirvana, y eso me parece tan delicioso. Y acompañado con este equipo, obviamente los creativos, pero ahí con Pablo con Verónica con Xóchitl, que acceden a esa nube 9 de felicidad teatral.

Lamentablemente nunca mejor aplicado el término de lo efímero del teatro, que en la actualidad las temporadas, ahora las que son largas creo que alcanzan 20 funciones, probablemente 30, pero suelen ser de 10, de 12, en el sistema eran de 6 u 8 y ahora creo que de 2. A mí me parece muy lamentable, ya tiene mucho que lo digo, ahora ensayan más de lo que representan, que creo que es el caso de Oso polar

Martín. Si, y la lucha es ver si encontramos otros caminos, nosotros quisiéramos darle curso, y en eso estamos, pero la realidad siempre nos ha demostrado, nos está demostrando, que cada vez es más difícil.

David. Si, la temporada es de 32 funciones, creo, y sentimos que es un privilegio extrañísimo, y sin duda lo es. Yo creo que el teatro, y más el teatro que perseguimos Martín, yo, y toda una comunidad, por supuesto, siempre ha tenido una postura muy decidida y muy declarada en contra de las lógicas capitalistas de eficiencia y de esfuerzo, versus retribución económica, y claro que encontramos un rasgo de identidad, de orgullo y hasta de dignidad en ello, que cada obra es un ejemplo de eso. Sin embargo, a pesar de que orgullosamente vivimos en esa franja de resistencia frente al sistema, valgan los lugares comunes de la rebeldía que digo, pero creo que son reales. Por supuesto que hay también un activismo constante a favor de no precarizar el trabajo porque se vuelve un privilegio poder hacer una obra de teatro, se vuelve un privilegio de quien pueda permitirse trabajar cierta cantidad de horas, de esfuerzo, de energía, de tiempo, de vida, versus un pago que no corresponde en la lógica de la realidad del presente, pero la decisión es que la apuesta está en otro lado y que la felicidad y el Nirvana que comentaba Martín es lo que buscamos, pero para conseguirlo hay que desplazarnos de cierta lógica. La producción general consolida un proceso creativo que privilegia el rigor, el diálogo y la imaginación.

Oso polar decapitado invita al público a un viaje hacia un futuro donde un oso polar sin cabeza camina por un planeta cubierto de hielo en busca de lo que perdió; un mundo oscuro, helado y al límite, donde la supervivencia redefine los vínculos y obliga a volver a mirar, con humor y con vértigo, aquello que nos hace humanos.


 

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 

Oso polar decapitado, de David Gaitán.

Dirección: Martín Acosta.


Actuación: Verónica Bravo, Pablo Chemor, David Gaitán y Xóchitl Galindre.

Escenografía: Eva Aguiñaga. 

Iluminación: Matías Gorlero.

Vestuario: Mario Marín del Río.

Diseño sonoro y música original: Pablo Chemor.

Compositor y diseñador de audio: Edwin Tovar.

Maquillaje: Maricela Estrada.

Producción ejecutiva: Mariana Calderón y Ángela Pastor.

Teatro El Galeón Abraham Oceransky, atrás del auditorio nacional. Hasta el 15 de marzo de 2026.

Jueves y viernes, 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas. 100 minutos.


 
 
 

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