Ha sido muy gozoso en medio de lo doloroso que es. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 15 feb
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Actualizado: 22 feb

Mujeres testigo busca tender un puente de solidaridad y reconocimiento hacia las mujeres palestinas que, a través del bordado tradicional conocido como Tatreez, mantienen viva su memoria, su cultura y su identidad.
La pieza está basada en los bordados palestinos y es producto de un trabajo de investigación, un taller creativo y meses de ensamblaje de los bordados realizados por la artista y las mujeres participantes. Amanda Schmelz les propuso bordar un patrón que encontró entre los muchos motivos que articulan los vocablos del Tatreez tradicional y contemporáneo a la que llamó: mujer testigo. Es la silueta del torso de una mujer palestina de espaldas con la cabeza cubierta por una kefia.

Platicamos con Amanda Schmelz sobre este sui géneris hecho teatral.
Tú tienes sangre judía, ahí, supongo que ya hay un sesgo para que voltees tu mirada, siendo artista, para crear este bellísimo espectáculo. ¿De que nace, por qué nace, cómo nace Mujeres testigo?
Primero te diría que no lo llamemos espectáculo sino hecho teatral, porque no podemos hacer un espectáculo del dolor y del sufrimiento, pero claro que sí podemos poner en escena y hablar de la belleza y de la humanidad que está siendo destruida, destrozada y aplastada por la ambición más desmedida, por la voracidad imperialista que a fin de cuentas es una expresión extrema de lo que vemos en todas partes desde hace tantísimo tiempo. ¿De dónde viene? Viene justamente de ese desasosiego que cuando eres artista, judía, palestina, neoyorkina… negra, blanca, amarilla… …lo que seas, eso que hace al artista, es lo que hacemos con el desasosiego, no es que seamos ni más sensibles ni mejores, pero lo que hacemos con ese desasosiego se entrelaza con nuestro quehacer, es con lo que trabajamos, esto que no te deja dormir, y que es una sensación constante, aprendemos a sublimarla, es lo que decía Oscar Wilde, que los artistas no muestran la realidad como es, sino como la miran, qué chiste mostrarla como es.

Al mismo tiempo, como bien dijiste, a veces necesitamos esta especie de filtro para poder ver las cosas como realmente son, entonces ver de frente tanto horror, tanto dolor, tanto desasosiego y tanta impotencia, me puso en acción, me fue llevando también por un camino, ahora sí que de ir jalando el hilo, como que encontré una hebra y la fui jalando… …bonita metáfora… … eso es lo que pasó: yo vengo como en un romance muy importante con el hilo desde hace algunos años, no de toda la vida pero desde hace algunos años, me ha sido fundamental para transitar dolores grandes, primero tejiendo, y luego el encuentro con el bordado fue definitivo para mí, yo digo que encontré mi voz más clara que nunca antes, a través del bordado.
Las cosas nunca son unifactoriales, van a ser dos años que falleció mi papá, y para mí, él siempre fue una figura fundamental, presentísimo por suerte, soy muy afortunada. Y mi papá, como lo digo en la obra, es mi primer ejemplo de antisionismo, él sabía, porque siempre estudió, porque siempre leyó, porque siempre tuvo el corazón muy bien puesto, y a mí él siempre me hizo saber lo que pensaba y lo que había pasado en Palestina, Israel y fíjate que yo, que siempre estaba de acuerdo en todo con mi papá, en ese tema es en el único en el que de pronto teníamos discusiones y no estábamos de acuerdo, porque yo viví en Israel y aunque jamás fui sionista, sí hay cierta parte de la narrativa sionista de la que me alimenté, mentiras que te dan muy bien envueltas, porque además es muy difícil de aceptar, de donde nosotros venimos, de familias fracturadas por completo por el genocidio y por la discriminación, que ese mismo pueblo se haya transformado en un casi gemelo de nuestro victimario. Es muy difícil de aceptar pero cuando lo ves ya no lo puedes no verlo, se vuelve muy evidente, y entonces ¿qué haces con eso?.

Cuando mi papá fallece me queda claro que no lo puedo defraudar, que su enseñanza tiene que enraizar de verdad en mí. Entre el dolor por la pérdida de mi padre y de lo que estába pasando, sabía que necesitaba encontrar una voz, hablar al respecto. Ahí me encuentro con el Tatreez, como te digo, jalo de esa hebra y no me suelto nunca más. Entonces me puse a aprender, me sorprendí muchísimo, es como abrir una puertita y resulta que adentro hay un espacio gigantesco, un universo lleno de miles de estrellas, increíble, bellísimo. Además he encontrado mucha generosidad en este camino.

Así me topé con el patrón de esta mujer palestina que está de espaldas, que su hijab es una kufiya y me parece que es una síntesis increíble de la fortaleza impresionante de estas mujeres, de lo que han tenido y tienen que resistir, lo que enfrentan, lo que han vivido y que ahi siguen de pie, es un decir, que fácil alabar la valentía o la resiliencia, que está tan de moda. Seguramente se quiebran todo el tiempo, pero se levantan. Ahí es donde está la pregunta, ¿Qué es realmente la resistencia? porque no es no romperte, simple y sencillamente es no rendirse, no dejarse caer en el olvido. Saben perfectamente que lo que está en juego no son solamente sus vidas individuales y personales, si no que son las raíces profundas y complejas y llenas de historia de un pueblo. Lo que va a quedar para las nuevas y futuras generaciones, y entonces me generan muchísima admiración estas mujeres y resueno con ellas por que entiendo lo que significa ponerte a bordar cuando tienes el corazón roto y parece que todo se desmorona. El bordado es maravilla, convierte en fortaleza la fragilidad porque la tela es frágil y el hilo es frágil, pero cuando los bordas, juntos se vuelven súper resistentes, y entonces es una metáfora hermosa. Son puras metáforas, bordar.
Cuando encontré este símbolo, me conecté muchísimo, pero supe lo fuerte que era cuando un tiempito después, lancé la convocatoria a un taller para aprender a abordar este patrón de la mujer testigo. Yo pensé que íbamos a ser ocho en mi casa, platicando y bordando y resultó que 80 personas me dijeron “yo, yo!”.

Ahí supe que es un símbolo poderoso, una síntesis muy clara de algo importante. El taller fue un hermosísimo encuentro de todas estas mujeres; poner esta cosa sobre la mesa y ver como cada quien le encontraba un sentido, un arraigo; desde la mujer que me decía lo que significó retomar el bordado porque la había reconciliado con su madre; o la que no había vuelto a tocar el hilo después de haber quedado embarazada y cómo lo extrañaba, y cómo la había devuelto a su lugar a su calma, o la que nunca en su vida había agarrado un hilo y una aguja, y que dice que se hizo adicta, o la que de verdad no encontró cómo abordar la tela, pero llegaba con la jarra del Chai y lo repartía entre todas.
Realmente algo tan bonito esta comunidad y esta sensación de poder hacer algo con la impotencia. Puede sonar vano, claro no vas a salvar a nadie así. Pero el hecho de juntarnos, de vernos a los ojos, de dolernos juntas, de saber que compartimos aunque sea la impotencia. Se la pasan diciéndonos que nada de lo que hagamos sirve, que no podemos hacer nada, que no está en nuestras manos.

Y yo siento que nos corresponde demostrarles que no es verdad, que tejer redes, juntarnos, nos hace más fuertes, nos construye, y se refleja y resuena aquí y allá, y que mientras podamos juntarnos y enviar mensajes, no cae en saco roto.
Todo esto tiene ramas, este proyecto mismo y la idea del Tatreez mismo, y este encuentro, y las relaciones que va haciendo una, entonces este proyecto ha ido ramificándose. Con Mica hicimos un proyecto que se llama Un jardín, que también parte de unos patrones de Tatreez hechos por Shereen Quittaineh, una artista textil jordana-palestina. Ella hizo los diseños de algunas plantas que se les han prohibido a los palestinos y palestinas recolectar, plantas que son fundamentales para su cultura alimenticia. Además, los israelíes han arrancado y quemado cientos de miles de olivos antiguos y les han quitado el negocio de las naranjas, las naranjas de Jaffa que se exportaban por millones, ahora siguen exportándose por millones pero es un negocio israelí. Entonces esta mujer hace estos patrones y los lanza para que todas las que queramos los bordemos mientras le demos el crédito.

Con eso hicimos una pieza que es una instalación, investigamos, descubrimos -no es que les descubriéramos al mundo- sino que nosotras descubrimos ese brazo tan súper oscuro y maquiavélico de la ocupación, que está encargada de romper las raíces de la gente con la tierra. Entonces ha ido ramificándose y creciendo y el colectivo de mujeres que participaron para la creación de la pieza textil Mujeres testigo, ahí sigue.
Hicimos una jornada por Palestina en noviembre y bordamos y vendimos un montón de playeras, porque es algo que se ha desprendido también, hacer playeras de la Mujeres testigo que vendo y mando el dinero a Palestina. Desde que este proyecto nació, todo el tiempo algo de dinero estoy enviando a Palestina, aunque sea poco, pero todo el tiempo, no ha pasado un mes sin que venda aunque sea una, o dos o tres, a veces cinco. El día de la jornada vendimos 19 playeras, y claro no vamos a salvar a nadie, pero se tejen lazos y redes. Y el arte escénico, tú sabes muy bien que se trata de eso, es tejer redes en el vacío.

Dos actrices, un músico y la propia Amanda guían al espectador a través de materiales audiovisuales y testimonios que revelan los significados profundos de cada símbolo bordado. La pieza textil colectiva funciona como telón de fondo, transformándose en escenografía viva.
Ve la capacidad de transformación del teatro, porque el teatro sí transforma y todo lo que has hecho y has logrado así lo prueba. Que acierto que los textiles tomen la palabra, en la maravillosa voz y presencia de Carmen Mastache; tu eres una suerte de narradora, y la mujer palestina vive a través de Azalia Ortíz, acompañadas de Nicolás García, un músico espléndido, este hecho teatral, de verdad es una experiencia maravillosa. Lamentablemente en el Chopo fueron solo tres funciones, pero, obligado que muchos espacios se abran porque esta obra es indispensable, necesaria, como es necesario que la vea la mayor cantidad de publico, y seguramente mucha gente estará interesada en verla.

¿Cómo se te ocurrió esta estructura?
Me tardé muchísimo más de lo que pensé en confeccionar la pieza… …como todo buen bordado… …se llevó largo tiempo de creación y llegó diciembre. Entonces pensé en hacer un evento para recaudar fondos para Palestina y que esta pieza cumpliera su objetivo primordial de hacer una conexión real con la gente en situación de urgencia en Gaza.
Fue muy lindo, la primera presentación que hicimos fue poderosa, potente, hermosa, fue en diciembre del 24, aprovechando el momento y jugando con las palabras, hicimos una Pre Posada Pro Palestina.
Entonces, la estructura era de una conferencia performática atravesada por la realidad, por voces que vienen de otro plano y que rompen con esta cosa medio académica, medio rígida donde “yo les voy a explicar”… cuando tampoco soy una experta y tampoco me puedo colocar en ese lugar, yo soy una artista y sí investigué y aprendí un montón y si tengo muchas cosas que compartir, pero no puedo pretender que les voy a enseñar nada.

Obviamente había que hablar del Tatreez, pero cómo te acercas a un rasgo cultural tan importante de otra cultura, sin apropiarte, sin faltarle al respeto, todo lo contrario, siendo extremadamente respetuosa, también en el sentido de la admiración que le tengo.
Fue muy importante contar con Carmen Mastache, que también fue una de las bordadoras del taller y con Azalia Ortiz, ambas actrices maravillosas.
Los videos que utilizamos, dan contexto de las mujeres de las que estamos hablando, es hermoso escucharlas y verlas; saber que algunas son de generaciones previas al 48 -que incluye también a mi padre- y se nos están yendo.

Cuando nos invitan al Chopo, se vuelve necesario convertir la presentación, en un hecho teatral. La conferencia performática en una performance textil (como mi hermana bautizó a la pieza. Me dio ese nombre que creo que le queda de maravilla, “performance textil”, porque abarca esta extrañeza y particularidad que tiene, y su naturaleza interdisciplinaria).
Y entonces nos topamos con el tema de la ética de la representación, para lo cuál fue necesario traer al ruedo a Micaela Gramajo, con quien fue maravilloso dialogar al respecto y aprender algo de todo lo que ella ha trabajado en ese sentido. Es alguien a quien respeto muchísimo y que trajo al proyecto su mirada y experiencia como creadora escénica de mucha calidad. Además nosotras llevamos mucho tiempo compartiendo el camino antisionista muy de cerca, así como también con Nicolás García, nuestro músico.

El tiempo y el presupuesto que tuvimos fue muy corto, pero todo fue mágico. Se armó un equipo de ensueño tanto arriba como abajo del escenario: Daniel Primo, Jorge Kuri, Lorenza Manrique como creativos, Rosario Hevia en la producción (también ella fue bordadora en el taller) y Nicté del Carmen en la asistencia de dirección.
Todos con tiempos muy limitados, esa es la realidad también, sí podían, pero con poco tiempo para dar, y así lo hicimos: con gente de esta calidad artística y humana, cada hora fue de oro, y así lo construimos.

Todas las vacaciones me dediqué a reescribir el texto, había muchas ideas que faltaba desarrollar, había que encontrar más juego, metáfora, poesía, poética; y aparecieron muchos huecos.
Y ahí entró Mica, lo primero que ella notó fue donde había huecos, hubo que voltearlos a ver y decir, “¿por qué dejé eso vacío?”. Algunos vacíos tal vez eran a propósito pero había llegado el momento de ponerlos sobre la mesa, como el asunto de ser judía, cómo entraba mi padre en la ecuación y algunas otras cosas.
Fue muy placentero todo el proceso de la reescritura con la asesoría de Mica. Hasta hace muy poquito todavía seguía yo cambiando palabra por palabra, hasta encontrar la correcta. Tuve el tiempo justo para terminar el texto, estoy contenta porque siento que quedó redondo, porque estoy pudiendo decir realmente lo que es preciso de la manera más asertiva que pude.

Cuando el texto queda claro también las actrices lo hacen suyo de inmediato. Hubo mucha libertad creativa, Carmen también propuso cambios. Es muy hermoso ver el proceso mental de una actriz que va afinando y apropiando.
Ha sido un proceso muy gozoso en medio de lo doloroso que es. Como ver un jardín crecer.
El proyecto busca visibilizar el valor histórico y cultural del Tatreez, un arte que va mucho más allá de la decoración: cada patrón, cada color, cada diseño geométrico o floral representa aldeas específicas, historias familiares y momentos históricos que las mujeres palestinas han documentado pacientemente a través de generaciones, desde antes de 1948 hasta nuestros días.

Mujeres testigo da a conocer el arte del bordado y sus complejos significados dentro de la cultura del pueblo palestino y su lucha por preservar su existencia y su memoria.
Es la magia del teatro. Todas las instituciones deberían de voltear a verla y decir: ¡Yo la quiero!, y creo que la primera debería de ser la propia Compañía Nacional de Teatro, que a adoptado algunas obras que nacieron fuera de ella, como Desazón, o la propia Rose. La UNAM y el INBA también, porque creo que es una obligación de las instituciones, y no porque sea un bonito hecho teatral, sino por todo lo que tiene de fondo y para eso están las instituciones públicas. Igual es una utopía, un sueño imposible. Yo ya expresé mis buenos deseos para la obra, porque se lo merece. La UNAM a través de El Chopo acogió al proyecto, lamentablemente con solo tres funciones. ¿Qué futuro tienen estas Mujeres testigo?
Eso sí no te lo puedo decir yo. Mujeres testigo nace con la idea de que pueda girar, a otros foros y a otras latitudes. Pero es muy difícil a esas alturas estar trabajando sin fondos, independientemente de que absolutamente nadie de las personas que colaboran en esta pieza lo hacen por dinero. Entonces lo ideal, como bien dices, sería que otras instituciones estuvieran interesadas en traerla a sus recintos y darla a conocer.
No solo esto, lo que sea que implique tomar una postura para hablar de Palestina. Estamos frente a poderes enormes que quieren apagar este fuego que hay en las sociedades civiles. Vemos un genocidio en nuestras pantallas todos los días, cómo es posible que podamos vivir como si eso no estuviera sucediendo, es muy asfixiante para mí, entonces las instituciones de un país democrático y que busca la justicia social debería poder pintarse de los colores de Palestina.

El teatro es esto que dialoga con el presente, entonces todo lo que hacemos en el teatro tendría que estar hablando de esto, de una u otra manera, siento yo. Tú dices la Compañía Nacional de Teatro, vamos a la mitad de este proyecto de las tragedias griegas, y yo pienso que hoy Troya se llama Gaza, entonces hay que hablar de eso, porque no es otro mundo, no tenemos otro mundo, este es el que tenemos, y la moral y la ética son una en todas partes.
Ojalá esto se replique y se pueda seguir haciendo, y tengamos la oportunidad de llegar a mucha gente y las instituciones son quienes tienen el alcance para llegar más lejos, a más personas, eso estaría increíble.
Para quien lea esto y diga yo quiero comprar una playera, yo quiero ayudar de alguna manera ¿Cómo se puede contactar contigo, cómo le puede hacer?
En mi Instagram, como Amanda la Schmelz, o también tengo una página donde anunció las playeras bordadas: llama lalmendra_tejidos, y ahí me pueden hacer pedidos. Cuestan $700, $500 son para Palestina.
Y los 200 restantes son para recuperar costos de los materiales, estoy seguro que a ti no te queda ni un peso.
No, yo no puedo lucrar con eso.
Te agradezco muchísimo, que maravilla de obra, lo reitero, solo leer estos nombres vale la pena, son garantía absoluta el equipo que conformaste. Te felicito por esta iniciativa, por el resultado de este maravilloso y bello hecho teatral, que además invita, por supuesto, a la reflexión. Que mal estamos, hay que tomar conciencia de esto, y en la medida en la que podamos ayudar, hacerlo, cómo lo haces tú.

La principal impulsora del proyecto desea manifestar los siguientes agradecimientos:
Primero, gracias siempre a las mujeres palestinas por ser ejemplo de fortaleza y humanidad.
Muy especialmente, quiero agradecer al equipo de Artes vivas del Chopo y a Gabriel Yépez por la invitación y la complicidad para realizar estas funciones.

Gracias infinitas a todas y todos mis colaboradores, a: Alaa Mohammed, Folkgloy design, Salua Qidan, Ricardo Déneke, Ernesto Anaya, Pepe Martínez Carlos F. Rossini, Luar Klinghofer Bar Dov, Shadé Ríos, Regina Flore Ribot, Aldo Max, Yurief Nieves, Ishtar Yasín, Héctor Bialostozky, Eva García, Leire San Román Hevia, Luis Aguilar Marco, Adriana Lieberman, Mariana Chikhani, Ray Perea Kuri, PalestinaMx, Huerto Roma, Sincronía Wirikuta, Museo del Telégrafo, Colectivo Doikait, Judíes por Palestina Libre, Colectivo Tadamon, La Quiñonera, Néstor Quiñones, José Miguel de la Vega, Cafetería Tlalocan, Ana Bellinhausen y Teatro Bar el Vicio.
Por último, con amorosa dedicatoria, a mi padre Esteban Schmelz por todo lo que me enseñó.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable. Imprescindible.

Tatreez Mujer Testigo.
Dirección y concepto original: Amanda Schmelz.
Diseño y confección de la pieza textil: Amanda Schmelz, Erika Razo y el taller
Dramaturgista y asesora de dirección escénica: Micaela Gramajo.
Actrices: Carmen Mastache, Azalia Ortiz y Amanda Schmelz.
Músico: Nicolás García
Producción: Rosario Hevia
Escenografía: Lorenza Manrrique
Iluminación: Jorge Kuri
Videoarte: Daniel Primo
Asistente de dirección: Nicté del Carmen
Diseño gráfico: Claudia Rodríguez
Texto de sala: Itala Schmelz
Taller Tatreez-mujer testigo
Julieta Remedi, Sheerly Avni, Rosario Hevia, Karen Cheirif, Carmen Mastache, Rosario Guerra, Ana Bravo, Micaela Gramajo, Marissa Saavedra, Gabriela Serralde, Alicia Martínez, Tatiana Falcón, Aneelé Rossell, Blanca Rico, Catalina Urrutia, Georgina Stepalenko , Cinthia Patiño, Claudia Aguirre, Mariana Rodríguez, Mari Carmen Arias, Coti, Deborah Dorotinsky, Fabiana Perzabal, Diana Goldberg, Karina Jiménez, Tania López Pilz, Lourdes Viladomat, Nadia Baram, Abigail González, Graciela de la Vega Herrera, Layla Yumari Fernández Pérez, Judith Bravo, Pilar Rodríguez, Úrsula Pruneda, Litzaxaya Valdés Badillo, Katya Brailovsky, Regina Lira, Yael Margolis, Alhelí Pérez de la Vega, Mariana Gajá, Mariana Sofía Socolsky y Nora Bielak




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