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Descubrir historias a través de la contemplación de los cuerpos. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • hace 3 horas
  • 14 Min. de lectura








El cuerpo es la historia que siempre estuvo ahí.

 










Jasper Gwyn es escritor, vive en Londres y, verosímilmente, es un hombre que ama la vida. En el momento más sólido de su carrera decide desaparecer del mundo literario, aunque la suya no es la crisis que aflige a los escritores sin inspiración, él parece querer cambiar de perspectiva, llegar hasta el meollo de cierta magia. En su búsqueda silenciosa de un sentido distinto, inventa un oficio: retratar a las personas con palabras, capturando su alma más que su apariencia. Cada sesión se convierte en un acto de revelación emocional, una mirada profunda que transforma tanto al modelo, como al propio Gwyn.

Le sirve de apoyo, de cómplice Rebeca, una muchacha que va recogiendo lo que progresivamente va siendo el misterio de Mr Gwyn. Baricco entra en las simetrías secretas de este misterio con el paso seguro y resuelto de quien conoce y ama los senderos que recorre, y el resultado es una joya literaria. Y es a partir de esta joya literaria que Juan Cabello crea otra joya, ahora escénica

Tuvimos el enorme honor y privilegio de conversar con el prestigiado director y no menos talentoso actor Mauricio García Lozano, Mr Gwyn.

Te reencuentras con un autor que conoces en escena, Alessandro Baricco.

Sí fue precioso ese viaje como de ida y vuelta porque cuando hice Novecento, que no fue hace tanto, uno creería que no, en el 2019, con Benny, 6 años porque la hicimos a finales del 19, giramos mucho, fue la última temporada antes de pandemia y luego nos quedamos con ganas de hacer varias funciones durante la pandemia, hicimos algunas en zoom, nos fuimos de gira al final del año, luego hicimos otras en el 21 en Guadalajara, en fin, esa obra tuvo su vida.

Recuerdo mucho mi relación muy personal con el personaje que hacía Benny, que se movía entre ser el amigo de Novecento y el mismo Novecento porque lo encarnaba, y sentía mucha afinidad, sobre todo Novecento, con su mundo, su introspección, un poco su autismo, un poco su casi condición infantil, frágil pero al mismo tiempo sabía, creador de universo insondables, enigmático, y creo que hay algo obviamente de la poética de Baricco que está también muy presente en Gwyn. Cuando veía a Benny hacerlo decía, es que es así, o es asa, pero me tocaba dirigir, me tocaba ver a Benny, y Benny construyo una maravilla, y a mí me tocaba estar de espectador privilegiado, y ahora me dieron chance de hacerlo, estoy muy feliz.

¿Qué sensación te da justamente el que ahora puedas encarnar a un personaje de Barico, tú fuiste creando Novecento con Benny, ahora tú lo creas con Alonso Iñiguez.?

Es muy diferente, yo creo que la maravilla del teatro es esa, que es una especie de cubo Rubik, donde de repente las partes, los perfiles del cubo y los colores se mueven de lugar y a veces te toca estar en un lado y a veces toca estar en otro lado para organizar siempre un ente vivo, creativo, colectivo siempre, donde a veces te toca ver, y a veces te toca hacer, y sí, creo que entre más actúa uno, mejor director es, y entre más dirige uno, mejor actor es, básicamente a fuerza de la práctica, de ponerse en distintos lugares.

Aquí la maravilla es que a Alonso yo le enseñé, el fue uno de mis alumnos queridísimos de una generación queridísima de CasAzul, en la que también estaba Angie Bauter y Pau Arrioja, Santiago Zenteno y gente que yo adoro con todo mi corazón, y que ahora me toca estar a sus órdenes, y me encanta porque forma parte de lo fluido del teatro, forma parte de que el teatro no tiene una sola forma de estructurarse y sus jerarquías en realidad son muy fluidas.

Ahora junto con Alonso puedo crear sin tenerme que preocupar por hacer todo lo otro, que a veces es muy intenso y muy angustiante, a mí me parece que actuar, por lo menos a mí, me relaja un montón, porque me tengo que concentrar solamente en una sola cosa, y ha sido delicioso Chava, de verdad ha sido delicioso porque ha sido muy entrañable en términos de reencuentro familiar, con gente que quiero mucho, con un autor, obviamente que quiero mucho y que, como tú dices, conozco, que me refiere a mí mismo de manera muy profunda, porque creo que tengo mucho de Gwyn, la verdad, yo me he dedicado a ser un mirón profesional toda la vida, me pagan por eso…  …un copista… …pues sí, nada más ahí viendo, y al mismo tiempo, con la responsabilidad y el desafío de construir un personaje que no soy yo, y que tiene que vivir coherentemente en escena durante ese espectáculo.

En un espacio que también conoces bien, ahí protagonizaste otra gran obra, nada más y nada menos que de Shakespeare, Titus Andronicus. Para uno puede resultar complicado pensarlo porque no lo es, pero los actores finalmente prestan su cuerpo a otros, para que ellos los habiten, y en este proceso sabemos de casos en los que han terminado muy mal algunos actores después de haber encarnado ciertos personajes, Malcom McDowell es un buen ejemplo, dos veces terminó en el psiquiátrico después de haber hecho Naranja mecánica y Calígula, ustedes deben de poder dominar esto, porque el que otros seres habiten tu cuerpo no debe ser nada fácil.

No, no lo es, pero es apasionante. Yo siempre digo cuando doy mis clases de actuación que actuar es permitir ver la realidad a través de los ojos, o de los lentes de otra persona, en este caso del personaje. Pero quien ve la realidad eres tú, es decir Malcom McDowell prestó su mirada para ver la realidad a través de los lentes de Alexander DeLarge, y a lo mejor le afectó, o de Calígula, pero no deja de ser un proceso lúdico, no deja de ser un proceso de juego, que evidentemente tiene sus impactos psicofísicos obvios, porque tú eres el instrumento. No hay un instrumento de por medio, un violinista crea arte a través de sí mismo, pero con un violín de por medio, aquí tú eres el instrumento, tu cuerpo, tu voz, tu mente, tu corazón, tus emociones, tu capacidad de imaginar, tu capacidad de entrar en afectos positivos y negativos con el otro, tu capacidad de relacionarte con un mundo que existe sin existir, eso es lo fascinante del teatro y del ritual del actor, es decir, se mete a un universo que claramente todo mundo sabe que no existe, y él se convence de que existe y se relaciona con él como si fuera verdad, y le ocurren cosas de verdad, y cuando eso pasa la actuación resulta convincente, si no, no resulta convincente y la gente pide su boleto de regreso.

Entonces sí se necesita ese espacio en el cual uno sea capaz de persuadirse, de que lo que existe enfrente de ti, que todo el mundo sabe que es falso, para ti se vuelva verdadero, y eso es delicado, digamos que sí es una condición que nos fragiliza hasta cierto punto, pero que nos encanta porque por eso nos dedicamos a lo que nos dedicamos, no deja de ser un juego, no deja de ser eso que hacíamos de niños cuando decíamos que yo era Superman y tú eras Batman y que nos aventábamos y jugábamos, y nos la creíamos. Es exactamente el mismo proceso.

 




El atrevimiento de Baricco es haber escrito un libro

sobre la posibilidad de desaparecer

con el objetivo de reencontrarse.

 




Y puede, o no, haber puntos de conexión entre los personajes y quienes les dan vida, no sé qué tanto pudiera haber de Tito Andronico en ti, por ejemplo, sin embargo. yo creo que de Gwyn sí hay muchas cosas qué puedes compartir con él, ambos son artistas, sensibles, son gente que observa. ¿A ti te gustaría que te hicieran un retrato?

Claro que me gustaría, es fascinante un retrato a la Gwyn, o un retrato dibujado. Me encantaría porque hay un proceso de contemplación y creo que ahí tocamos el centro de la temática de la obra, donde un ser humano se deja mirar por otro y estamos en un momento de la humanidad en donde la mirada horizontal entre prójimos está muy mermada, ya no nos lo permitimos con la misma facilidad y con la misma organicidad y con la misma naturalidad que antes, tenemos de manera implícita una interfase pegada en la mano que aparentemente nos facilita relacionarnos con el otro, pero en realidad nos abstrae del otro. Ya no nos relacionamos de tú a tú, siempre hay o un zoom de por medio, una red social de por medio, o un WhatsApp de por medio, pero pararnos frente al otro en vivo, en primera persona, en un espacio y en un tiempo compartido, solamente se da en el teatro Chava, el teatro obliga a eso, es una experiencia que ocurre en un tiempo y en un espacio dado, que ocurre mientras ocurre y cuando se acaba dejó de ocurrir para siempre y nunca más se va a volver a repetir, y pone en contacto al ser humano con el ser humano. Lo que pasa con la proposición de Gwyn es esa, hay una apuesta por la contemplación, en la cual un ser humano se deja ver por otro. Entonces a mí me encantaría y me encanta porque me dedico a eso, pues eso, colocarme en un espacio de práctica reiterada, es decir, la proposición de Baricco es, durante 32 días, 4 horas diarias sin faltar ningún día, dejarme ver.

Mira, ir de jueves a domingo a hacer la obra, aunque dure un poquito menos de las 4 horas, es un poco eso, te pones a que te dejes ver. Pero lo que es fantástico con lo de Baricco, es que no hay agenda, no hay que hacer nada, hay simplemente que ser y que estar, y dejarse percibir por una persona que, aparte, se quiere quitar de enmedio a nivel de personalidad, porque Mister Gwyn lo que quiere es desaparecer, quitarse de por medio, y captar, en el mejor de los casos, esa esencia que se puede ir revelando, decantando a cuentagotas gracias al paso del tiempo, en la medida en que el ser observado se va quitando, despojando de resistencias. Es una proposición osada, bastante singular, y hasta subversiva, sobre todo pensando en los tiempos que corren ahorita.

A mí me gustaría, no sé si pudiera estar 32 días dejándome ver, despojado de cualquier artificio.

Desnudos, eso es muy importante, la desnudez es crucial.

Y lo mas relevante, es que todos los retratados, que no es el retrato físico, que puede ser desde una foto, o que te pinten. En este caso es describir, de alguna manera, no física, al ser que se ha dejado retratar, y que ellos a la hora, todos, de leerlo digan: ¡Soy yo!, eso es una maravilla, que tú te reconozcas, porque suele pasar que uno no se reconoce ni en una foto, y hay fotos que captan algo de ti… …la esencia… …y en este caso es total y absolutamente lo que hace Gwyn, captar la esencia de la gente para hacer retratos escritos. Es fascinante lo que hace Baricco, y lo que hacen ustedes.

Muchas gracias, y la pasamos bien. La verdad es que también gracias a la osadía de la puesta en escena de Alonso, que me parece valiente, osada, pertinente, de muy buen gusto, el espectáculo si invita al público, hasta cierto punto, a experimentar lo que experimenta Gwyn cuando se coloca a contemplar por largo tiempo a sus retratados. La puesta en escena se permite respirar esos tiempos amplios, se permite no tener prisa, y sobre todo se permite tratar de transmitirle al público lo que podría ser estar sentado frente al otro, intentando simplemente contemplarlo en la búsqueda de captar algo de su esencia.

Regresando a lo de la desnudez, como bien dices, es una puesta tan fina, tan elegante, tan de buen gusto, que no hay morbo, y se ve todo tipo de cuerpos desnudos en escena, 10 si no me equivoco, y esa escena es bellísima porque de verdad es contemplar el cuerpo humano como lo contemplaban los grandes escultores, Miguel Ángel haciendo su David, ver la belleza del cuerpo humano aunque no tenga proporciones idóneas para un concurso.

Es que no hay proporciones idóneas, como que hay un universo que admite en el arte y en la vida, la diversidad, y creo que también hay una puesta muy clara, Gwyn no está buscando modelos de perfección preestablecidos, no hay nada de eso, él lo que está buscando es la esencia que se trasmina a través de ese continente físico, y sobre todo, las historias que habitan en él, porque Gwyn lo que está buscando es descubrir historias a través de la contemplación de los cuerpos, lo cual es interesante porque el retrato, y eso se explica al final, no es una descripción.


Gwyn al principio no sabe qué va a hacer ese retrato, y lo va descubriendo gracias a Rebeca que es un poco como su Virgilio, le enseña a retratar, por decir algo, es su primera modelo. Y al final Rebeca lo dice con toda claridad, no es que se ponga a describir el cuerpo, para nada, el construye relatos, historias a partir de lo que ve, y en esos relatos está contenido el universo profundo del personaje que estuvo contemplando. En la propuesta de que somos historias, de que somos relatos, de que en nosotros habitan muchos personajes, muchos espacios, muchas relaciones y que esas tramas son capaces de ser vistas por alguien, es que el retrato cobra vida a la hora que es escrito. Lo que es muy bonito es que efectivamente cada cuerpo es un continente de historias distintas, entonces no hay una búsqueda para nada formal en términos de cuerpos de tales proporciones, lo que hay, lo que está buscando Gwyn, son ventanas que contengan historias, umbrales que lo lleven a las historias.


 



Un himno a la escritura como vocación,

contrapuesta a la escritura como profesión.

 




Por los cuales él puede entrar a esos universos. Y un dato importantísimo es que no hay el menor diálogo, que es una de las condiciones, no vas a hablar nada. Gwyn no conoce a la gente, porque podría saber que es divorciada, no sabe ni qué edad tienen, desconoce en su totalidad a la persona a la que está observando para retratarla. Y su proceso es bien interesante porque es un novelista muy exitoso y decide callar, volverse copista y empieza esta otra actividad que, sin duda a él, y tú me sacarás de dudas, porque tú eres Gwyn, seguramente eso a él le permite aproximarse a sí mismo a través de este proceso, este cambio de forma artística, que sigue escribiendo, pero ya no escribe ficciones.

No sé si no escribe ficciones, creo que lo que es muy interesante es que efectivamente Gwyn toca fondo en su relación con su ser mediático, con su ser público, con su ser novelista famoso. Se ahoga, se asfixia de su figura pública y se fastidia de ser visto de tal forma, de ser contemplado de esta otra, de pasar por las manos de críticos y demás, y se fastidia también, seguramente, de su viaje de ego.

Y hay una proposición de inicio, porque así comienza la obra, de dejar de hacer una buena cantidad de cosas que, según él, ya no le están dando sentido, o lo están asfixiando, o lo están angustiando, y entre ellas es dejar de escribir y tiene que ver con eso, tiene que ver con sacrificar aquello que él conoce para reinventarse y buscar cierta pureza de oficio, por eso lo de copista, donde no esté necesariamente involucrado el ego creativo, sino convertirse más en un medio de percepción del otro más que en un transformador, en un creador de ficciones, o de universos que puedan ser firmados por él. Lo que quiere es ser capaz de percibir quitándose él, o su ego, de en medio, el ego del creador, quiere ser solo un perceptor y, por lo tanto, dar como resultado algo que resulte copia fiel de aquello, y sin embargo, el medio es la escritura y son las historias. Entonces es una cosa paradójica porque al mismo tiempo no deja de ser un creador, lo que pasa es que su criterio de percepción es completamente diferente, no voy a crear de la nada un universo que va a salir de mi cabeza porque yo, yo, yo, yo, yo. Me voy a quitar de en medio, me voy a permitir ver serenamente, tranquilamente, y ahí, en ese contacto con el otro, voy a tratar de reproducir fielmente aquello que percibo.

Conocí a Alonso en La ilusión, inolvidable, es muy buen actor… …buenísimo… …a últimas fechas se ha revelado como un gran director también, sus obras inmediatamente previas han sido dos unipersonales, la de la Zorra y Cruise, y ahora emprende un montaje de gran formato, con un elenco numeroso, son 15 actores en escena, el peso recae en mucho menos, la escena, reitero, de los desnudos que andan paseando por el escenario, es bellísima, que bueno que advierten, Prohibido tomar fotos durante el desnudo ARTÍSTICO, haciendo hincapié en esto último, porque en efecto es artístico. Alonso fue tu alumno y debe ser placentero para ti, alternar con gente que tú contribuiste a su formación, compartir escena con ellos, o ser dirigido por quiénes fueron tus discípulos, en este caso concreto Alonso Iñiguez.

Es que es increíble el teatro en ese sentido porque este tipo de enroque que te decía del cubo Rubik, se da continuamente, es decir no dejamos de ser una gran familia. Alonso nos decía algo que es muy bonito, Gwyn percibe o siente, cree que hacerle un retrato a alguien es una forma de llevarlo de regreso a casa, de darle una especie de recordatorio de su esencia, de su origen, de colocarlo en el centro de su familia más íntima. Y hacer esta obra ha sido para nosotros un viaje de vuelta a casa precisamente también por la familiaridad y el cariño que hay entre nosotros, pero también porque entender que la configuración de la familia se da siempre de maneras distintas, y a veces te toca ser papá y a ves te toca ser hijo, a veces te toca ser tío, y esa constelación es muy, muy fluida y es muy lúdica y que el teatro te permita ponerte todos esos personajes en relación al otro, al interior de un colectivo que se quiere, que se reconoce como familia, creo que es una de las cosas que hacen al teatro más adictivo para quienes lo hacemos, una vez que pica el gusanito del teatro cuando comienzas a hacerlo es difícil que quieras hacer otra cosa, porque hay pocas cosas tan regocijantes como reunirte una y otra y otra vez. No sé cuántas veces me he reunido con equipos diferentes para hacer distintas obras, distintos espectáculos en distintas posiciones, a veces hago música, a veces dirijo, a veces actuó. A veces te toca estar en distintos lados, a veces te toca ser el maestro, a veces te toca ser el alumno, a veces te toca ser el direc, a veces te toca ser el actor. En fin, y esas reconfiguraciones de esta gran familia teatral provocan un regocijo increíble porque no deja de ser una celebración de la relación humana, y hay pocos espacios en donde se celebra la relación humana tanto como en el teatro, en el resultado, como en el proceso.

Y con estos resultados por supuesto que el público y la prensa también se vuelven adictos al teatro. En Mr Gwyn se formó un equipazo, un elenco esplendido y numeroso, la impecable producción de David Castillo, estar en el Helénico. Es ampliamente recomendable, lo malo es, como ya suelen ser casi todas las obras, la brevedad de las temporadas.

Son cortas, antes eran muchísimo más largas. Yo me acuerdo que antes se firmaba uno por mínimo 50 funciones, viendo el chance de que fueran 100, 50 era lo mínimo.

Que se develaban y se develaban placas, tú conoces perfectamente el Insurgentes, sus muros son una belleza porque ahí está la historia de ese teatro. Ahora develar una placa por 12 funciones yo creo que sería incosteable, aunque quedaría la evidencia de que ahí estuvo esa obra. ¿Hasta cuándo va a estar Mr Gwyn?

Hasta el 15 de febrero. Fueron cinco semanas, 20 funciones.

Es una pena. Muchas de estas obras, afortunadamente, suelen tener otras temporadas. Muchas veces es muy difícil mantener al elenco porque hay pausas enormes, puede ser hasta de un año, porque todo depende ahora, o mayoritariamente de los famosos efis. En Mr Gwyn están Angélica Bauter, Assira Abbate, Arturo Ríos, Alejandro Morales, Lucero Trejo, Abraham Jurado, Jacobo Liberman.

Angie Bauter también estaba en La ilusión, era una de las galanas.

Está espléndida también, todos. Teatro de primer nivel, total y absolutamente recomendable. Esta obra es imperdible porque alude justamente a la esencia del ser humano, en estos tiempos es cuando más necesitados estamos de voltear a ver eso.

Sí de voltear a vernos entre nosotros, porque ya nos da cosa, ya lo único que queremos es estar viendo la pantallita.

Así es, terrible. Y el teatro nos da esa oportunidad de vernos, si no de frente, sí compartir el mismo espacio, porque los actores obviamente no pueden ver al público de frente.

No pero estás compartiendo un espacio y un tiempo, respirando el mismo aire. Hay comunión.

Totalmente de acuerdo Mauricio. Muchas gracias.

 


Mr Gwyn, una historia sobre el arte, la identidad y la belleza secreta que se revela cuando alguien nos mira de verdad.

  

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable. Imprescindible. Deje todo y corra a verla.

 


Mr. Gwyn, adaptación de Juan Cabello, a partir de la novela homónima de Alessandro Baricco

Dirección: Alonso Iñiguez.

Producción: David Castillo.

Actuación: Mauricio García Lozano, Angélica Bauter, Arturo Reyes, Alejandro Morales, Lucero Trejo, Assira Abbate, Ana Sofía Gatica, Jacobo Lieberman, Abraham Jurado y Luis Ra Acosta. Cuerpos artísticos: Silvia Herida, Alejandro Arreola, La Nars, Marina Ortíz y Enrique Cervantes.

Teatro Helénico. Av. Revolución 1500, Guadalupe Inn,.

Jueves y viernes, 20 hrs, sábado, 19 hrs, domingo, 18 hrs. Hasta el 15 de febrero de 2026.

Adolescentes y adultos. $410.00 Informes: (55) 4155 0900, (55) 4155 0901, (55) 4155 0919

 

 

 
 
 

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