No está pasando nada. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
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Leñero y Antón Chéjov comparten un mismo rasgo teatral:
“La sustancia humana está en lo que no se dice (con palabras)”.
La visita del ángel estreno en 1981 en el Teatro Universitario, cuando fue dirigida por Ignacio Retes, escenografía de Alejandro Luna. En 1995 Retes la repuso en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz, de la UNAM, con Eugenia Leñero interpretando a la nieta Malú.
Poco mas de 20 años después, volvió a escena La visita del ángel, bajo la dirección de Raúl Quintanilla, con Concepción Márquez, Gastón Melo, Carolina Miranda y Estefanía Hinojosa (alternando el papel de la nieta). Se presentó en el Círculo Teatral del 14 de enero al 21 de febrero de 2016.
Vicente Leñero es uno de los dramaturgos mexicanos más representativos de la segunda mitad del siglo XX. En el teatro, enfocó sus obras al realismo para dotarlas de credibilidad y hacer posible la transmisión de su crítica social. La visita del ángel, escrita en 1980, muestra cómo se relacionan las personas de la tercera edad, así como las circunstancias desfavorables que atraviesan. Por ello, aunque haya sido escrita hace más de cuatro décadas, el tema es de actualidad debido al incremento de la población de adultos mayores en México.

Nuevamente el ángel visita escenarios locales gracias a la producción de Claudio Sodi, dirección de Benjamin Cann y Miguel Santa Rita, con las actuaciones de Juan Carlos Colombo, Jesusa Ochoa Leñero y Silvia Mariscal, esplendida actriz con quien tuvimos oportunidad de conversar sobre la obra, y otras cosas.
Qué placer verte, verlos, un texto del Leñero. Que bueno que a estos autores se les siga revisitando, Carballido también esta presente, por ejemplo.
Ay sí, por Dios, son los dos grandes dramaturgos de este país, con Hugo Argüelles.
Y Leñero no es ajeno a ti, Silvia.
Es la tercera obra que hago de él, en efecto.
Hace 10 años fue la última vez que se montó La visita del ángel.
Hace 10 años la montó Raúl Quintanilla en el Círculo teatral, con Concepción Márquez, Gastón Melo, que ya murió, y no me acuerdo quién hizo la chiquita, la jovencita.

La visita del ángel se estrenó el 13 de septiembre de 1981, pieza hiperrealista de Vicente Leñero que destaca por el manejo de tiempos reales en escena. La dirección fue de Ignacio Retes, con las actuaciones de él mismo, Carmelita González y Myrra Saavedra. En mayo de 1995 se repone la obra, bajo la dirección del propio Retes en el Foro Sor Juna Inés de la Cruz de la UNAM.
La visita del ángel, en su momento fue absolutamente revolucionaria por el hiperrealismo, por el manejo del tiempo.
Absolutamente vanguardista, rechazada por muchos pares de Vicente Leñero, acogida con mucho entusiasmo por otros, fue toda una innovación en el teatro mexicano en realidad.

La puesta en escena La visita del ángel es un homenaje al silencio que rinde el dramaturgo mexicano Vicente Leñero (1933-2014), un hombre que se ganó el respeto de sí mismo y de los demás.
En La Visita del ángel Vicente Leñero retrata la vida de una pareja de ancianos prototípica. Sin embargo, esta obra dista mucho de los postulados del llamado teatro del absurdo. Dice Leñero, "No se trata de romper con la lógica del realismo en lo que atañe, a sus componentes lingüísticos, psicológicos y ambientales, sino de extremar cada elemento del realismo físico a un grado tal que el comportamiento de los personajes retrate un episodio verosímil de sus vidas. Por ambos caminos se puede llegar al mismo efecto”.

Recuerdo que las primeras veces que me tocó ver algo similar fue en el Galeón, con el Centro de Experimentación Teatral, cuando Luis de Tavira montó Nadie sabe nada, justamente de Leñero, creo que había una vecindad, eran muchos espacios. Que en ese teatro maravilloso pueden hacer lo que quieran, y creo que Lourdes Villarreal freía chorizo y carne y todo el teatro se llenaba de ese olor. Fue la primera vez que vi eso, porque regularmente si van a tomar café, sacan la taza y la taza vacía. Ahora llegar al foro Lucerna, que también es un espacio muy versátil, cada director lo puede transformar como quiera, además, en el espléndido lugar que me dio Mariana, verte pelar papas, partirlas, lavas los trastes, el público ve que sí se están asando los jitomates, no es utilería, picas los vegetales para la ensalada, partes los limones, le pones el mascabado al agua, y son unos 15 minutos en los que aparentemente no pasa nada.
15, 20 minutos, sí, es la mitad del primer acto.

Muy poco diálogo, dos monstruos de la escena hay en el escenario, tú y Juan Carlos Colombo, eventualmente se voltean a ver, pero cada uno en lo suyo, cruzan dos o tres palabras absolutamente intrascendentes, pero llega la nieta se apodera del micrófono y no lo suelta siguen. Creo que no debe ser fácil para ustedes estar tanto tiempo en escena casi sin hablar, ¿Qué retos implica un montaje de estas características?
Es terrible, terrible, yo temblaba al principio. Primero porque a nivel técnico es muy difícil una obra en la que tienes pequeñas intervenciones, una frasecita acá, otra frasecita allá, en medio de un enorme monólogo que es lo que tiene la nieta que entra, pobrecita es una cantidad de texto, y Jesusa (Ochoa Leñero) lo maneja divinamente, es un disfrute oírla, y aparte es tan disfrutable el oírla, que de pronto una se va, tengo que hacer un esfuerzo tremendo para estar pendiente de mi pie, pendiente de… ahorita ya no, pero las primeras funciones sí, era un esfuerzo porque tendía a irme con ella, a escucharla, y todo lo demás lo borraba. Ya no es tanto, han corrido varias funciones pero al principio sí fue un enorme esfuerzo el decir estas frasecitas a cada rato, nada más pequeñas intervenciones, igual para Juan Carlos, le pasó lo mismo que a mí. Nos peleábamos con nosotros mismos para entrar a tiempo, para entrar bien, ahorita ya manejamos la obra maravillosamente, ya la hicimos muy nuestra, como pasa en el teatro, que uno va haciendo suya la obra a través de las funciones, a través de la comunicación con el público que ha reaccionado maravillosamente.

Ha sido un agasajo cada función en ese sentido, porque teníamos mucho miedo, es una obra difícil este naturalismo, este estar mirando a dos actores sentados cada uno de su lado, bueno yo sentada y parándome todo el tiempo sin decir nada, y si acaso, decir algo totalmente intrascendente, que no te dice nada de su relación. Claro, para quién sabe ver, esa es la relación, te están dando los datos de su relación, te están dando los datos de que es un matrimonio muy viejo ya, que ya no tienen más que decirse, ya se dijeron todo y se conocen y se sienten, ya se comunican de otra manera que no es verbal. Aguantar eso como público también es muy difícil y la gente lo aguanta, se une, huele la sopa y le da mucho gusto olerla… …se antoja… …que bueno, no siempre sale, a veces falta tiempo para que se cueza bien la papa.

Lo que pudiera parecer fácil, que hasta alguien dijera, yo me puedo sentar ahí, en lugar de Juan Carlos a leer el periódico y lo puedo hacer sin ser actor, para nada, estamos ante una actriz y un actor enormes, con toda la experiencia, con toda la trayectoria y estoy seguro que para ellos no debe ser fácil lo que pudiera parecer que es muy fácil, les exige concentración, ciertas reacciones, algunas expresiones, y ese bordado fino hace que la obra sea lo que es.

Así está planeada la obra, es difícil llegar a ese estado, y lo hicimos, estoy segura de que lo hicimos, porque lo veo en el público, sí se logró, es gracias a la dirección que fue tan detallista, tan amorosa, que nos guió, nos fue guiando casi sin sentirlo. Estoy muy contenta de este trabajo realmente, porque pocas veces se tiene una comunicación tan grande, tan profunda con un director.
Nunca había hecho una obra naturalista o hiperrealista, cada detalle, desde la cocina hasta los personajes, está representado en el justo tiempo en el que sucede la obra, no hay saltos de tiempo ni cambios de espacio. Esto es muy peculiar y es una delicia por el tema que maneja.

¿Cómo son las co direcciones?, en este caso, también entre un monstruo sagrado como Benjamín Cann, con toda la experiencia , talentoso, sensible, que se nota, incluso en telenovela, co dirigiendo con un joven director, también muy talentoso, Miguel Santa Rita. Platícame Silvia, ¿cómo lo hacen, cómo se ponen de acuerdo, cómo co dirigieron?
En realidad esa cocina la conoce bien quién la hizo realmente, nosotros los actores desde afuera no es lo mismo. Pero yo lo que percibí fue que Miguel trabajó mucho en un principio sobre todo, con Jesusa, creando las imágenes, llevándola, guiándola para recorrer sus parlamentos de la manera más fácil y orgánica posible. Llegó Benjamín después y él afinó, pero el conjunto de nosotros, la unión con la nieta fue de Benjamín, se conjuntaron las dos habilidades de uno y otro, para al final ser unidas y dar este resultado que me parece tan logrado.

Sí definitivamente. O sea que Benjamín es quien ensambla todas las piezas.
Y les da un sentido un sentido profundo, abunda, una cosa es para nosotros marcar los silencios, y otra es llenar esos silencios, y saber qué es lo que estamos viendo, qué es lo que estamos haciendo.
A mí me puso a caminar como loca, cuando en un principio hacía una cosa, me sentaba, en los primeros ensayos y hasta que me dijo, No, tú no puedes sentarte un segundo, es tu hacer cotidiano y no acabas hasta que terminas todo. Y si acabas con la sopa, empiezas con ensalada, y si acabas con la ensalada, empiezas con la limonada. Y así me voy exactamente.

Todo con este subtexto que le da Benjamín y que apoya también Miguel, que quiere dar la ternura entre abuelos y nieta; que quiere dar esta diferencia, sí, de generaciones, una que realmente ya va para el final y otra que apenas empieza y se descubre a sí misma. Pero todo esto con una enorme ternura, y esa es una característica, yo creo, de Benjamín en todos sus trabajos, este amor con el que rodea su puesta en escena, con el que se dirige a los actores, con el que planea las cosas, es muy encantador, y Miguel lo sigue. Miguel está aprendiendo, yo creo, bastante de Benjamín, y ha aprendido muchísimo.
Los que hemos tenido la fortuna de vivir con nuestros abuelos, ahora que lo dices mi abuela materna iba y venía en la cocina, que era su reino… …exacto, sí… ..y mi abuelo oía el radio y de repente, ¿no tienes frío?, o algo por el estilo, No. Y eso está perfectamente retratado, y es muy gozoso.
Y lo que bien dices, ya no necesitan hablarse, ese tipo de comunicación para esta pareja ya no es relevante, intercambian mínimas palabras, pero con la mirada dicen todo, y es una mirada amorosa la de esta pareja. Que sin duda para mucha gente es inevitable pensar que son los papás de Teresa.
Hubo por ahí un comentario en WhatsApp que decía, Que bueno que ya les dieron trabajo a los papás de Teresa.

Leñero escribió una trilogía teniendo como protagonistas a los ancianos: La visita del ángel, Hace ya tanto tiempo y Qué pronto se hace tarde.
Al hablar de la génesis temática en La visita del ángel, Leñero refirió, hacia 1980: “Paseaba por el Parque Hundido y de pronto me encontré a dos ancianos, estaban en una banca, él leyendo el periódico, ella tejiendo. Son ancianos que hemos visto en los parques, en nuestras propias familias, parejas que ya no necesitan comunicarse, que no tienen nada qué decirse y no es que exista un fenómeno de incomunicación sino que tienen una comunicación profunda.” A 30 años de que Retes y Alejandro Luna presentaron su segunda puesta tan elogiada como la primera de 1981, para enfatizar la vigencia del texto e invitar a los espectadores a estar dentro del departamento de los abuelos.

Hacen muy buena pareja. Que bueno que pese a los problemas de motricidad de Juan Carlos, sique ahí, en el escenario, buena madera la de histriones como tu, como el, y mucho otros que se hicieron en las tablas.
Me acuerdo de ti en teatro, en cine me acuerdo mucho de ti en Presagio, por ejemplo, en Los cachorros… …en Los cachorros, pero sí mi intervención era chiquita… …pero me acuerdo, en El santo oficio… …la prehistoria.
Y este fenómeno que lograron, no nada más ustedes cinco en escena, las productoras Carmen Castiñeira y Ana María Cureño, no me acuerdo quién dirigió, Entre mujeres.
Entre mujeres, Marcos Miranda, un cubano.
A el no lo ubico yo creo que no hice más carrera acá.
No, no hizo carrera en México, a él lo contrataron porque tenía los derechos de la obra en Latinoamérica entonces la condición de hacer la obra era que él la dirigiera. Lo llamaron, vino desde Miami a dirigir la obra, vino al mes del estreno a pulirla, a darle una repasadita, y ya no volvimos a verlo realmente. Un tipo realmente encantador, también un gran director que supo, esto lo dijo el autor, Que bueno que no se fue totalmente a la comedia, sino que rescató la parte de pieza que tiene la obra, la parte dramática de la obra.

Aquello fue un fenómeno y ahora te reunirás con tres de tus compañeras de aquel memorable montaje, gracias a un merecido reconocimiento, que te organiza El Círculo teatral, que bueno, Felicidades, muy merecido. Y que bueno que sigas deleitándonos a los que te queremos y te admiramos, haciendo teatro La duda, que cosa… …que preciosa obra, que hermosa obra… …El violinista en el tejado, no sé si has hecho otro musical en tu carrera.
No, es el único es el único, es el único y no sé si podría hacer otro, es para atletas de alto rendimiento de veras. Una comedia musical la gente ve la comedia y se impresiona, sí, se ve mucho el trabajo, pero ni siquiera se imagina a lo que llega ese trabajo, a lo que llega ese desgaste físico, que es total y se renueva cada función, y cada función uno dice ¿pero de dónde voy a sacar adrenalina para esto?. Y la saca una, la saca una.

Hace tiempo que no hacías teatro.
Hace un rato largo, sí. Hice televisión hace unos 5 años y hace 4 años que me fui a vivir a Argentina con mi marido, que es argentino. Estoy viviendo allá y el compromiso entre mi marido y yo fue, Cuando tenga trabajo, yo me regreso. Pero no había surgido un planteamiento tan rico como este, no había nada que me interesara, dije, Si sigo trabajando, va a ser para algo que realmente sea un reto en mi carrera, que me haga esforzarme por hacer. Y me llamó Benjamín para esta obra y en principio dije, ¡Ay Dios mío!, es que es una obra digamos difícil, por decirle de alguna manera.
Pero dije, Yo confío en Benjamín, confío. Y en la primera reunión que tuvimos vi que mi confianza estaba fundada en la realidad, entendí lo que él quería en la obra. Lo que Leñero exponía en su obra, cuál era la intención primero del autor, y como la del director encajaba perfectamente con la de él entonces ha sido muy afortunado y estoy muy contenta.

De Leñero tú habías hecho La mudanza.
Sí hice La mudanza en los años 80s, y antes, en los 70 yo apenas estaba empezando mi carrera, hice una suplencia en La carpa, que es otra obra maravillosa de Leñero y la hice sustituyendo a Adriana Roel, ¡Dios mío!, estaba yo medio miscast, pero sucedió que Enrique Rocha hacía al galán de Adrián en la obra, Enrique se fue y entonces parecía que iban a meter un actor mucho más joven a sustituirlo, y Adriana dijo, Bueno, me parece muy bien, solo que yo no encajo, ya entonces me voy a ver miscast. ¡Con permiso, yo ya me voy!. Entonces me pusieron a mí, que si era de la misma generación del actor que pusieron, y fue mi primera experiencia con Vicente Leñero, fue encantadora.

Fue una experiencia muy bella. Me dijeron que fuera a verla, yo no la había visto todavía. Fui a verla para trabajar en ella, y me encantó, pero me sumí en la obra porque es una obra de fantasía maravillosa, es un pequeño microcosmos en el que en un set de televisión, se ve toda la sociedad. Es preciosa, llegué a mi casa, abrí el libreto y no tuve que mirarlo, yo ya me sabía la obra. Es la única vez que me ha pasado, te lo juro. Tenía yo 24 años, 23, 24, yo me sabía la obra, no fue ningún esfuerzo hacerla. Entonces guardo ese recuerdo que desde la primera vez que vi la obra me la aprendí, y desde la primera vez me encantó y disfruté cada momento de la obra, siempre.
Y ahora tu tercer Leñero y te toca compartir escena con la nieta de Vicente.
Conocí a Leñero muy brevemente, y cuando me enteré que era la nieta me emocionó muchísimo, y cuando vi su trabajo me emocionó más, me parece que hace un trabajo encantador, bordado, bordado, y es muy difícil, es terriblemente difícil, es como una comedia musical lo que ella está haciendo. Es un monólogo entero con pequeñas intervenciones nuestras, mantener eso y además la comunicación con nosotros que nunca se altera, no es que ella se encierre y nos haga a un lado, no, se encierra relatando pero a los abuelos.

Hay una comunicación muy linda con ella, es una actriz que va a dar que hablar todo el tiempo, empieza su carrera apenas y va a hacer una carrera hermosa.
Y como tú dices, limpia el piso, está ahí tirada, luego va a saca la caja del queso y lo pica, va y viene, y tú, ¿Y qué dice tu mamá?. No, mi mamá no sabe nada. Y esa complicidad con el abuelo que están ahí, compartiendo algo que seguro no debe de comer. Y no para, el ritmo es incesante y no para, lo mantiene, lo mantiene. Es el lado contrario los abuelos, que ellos casi no hablan y ella que no para de hablar. Que contraste.
Señalada como la gran favorita del mismo Leñero, esta obra en dos actos corresponde a una década pródiga en creatividad del autor tapatío cuyo genio abordaría cualquier género literario, a excepción de la poesía. Periodo memorable que despuntó con otra consentida suya, La mudanza, llevada al teatro Arcos Caracol de la UNAM por Adam Guevara en 1979. En La visita del ángel (1981) propone un desafío de apreciación teatral por su alto realismo del lenguaje del cuerpo.

Si, esto es verdaderamente un reto que hizo Leñero, es un reto para los dos, para la que habla y para los que no hablamos. Por eso es tan, tan interesante la obra, y me complace decir que se logró, estoy segura, lo que Leñero quería, a través de la dirección, que es tan pura, tan prístina, podemos ofrecer esto al público.
La dirección y las actuaciones porque no cualquier persona la paciencia, la capacidad, el talento para estar ahí pelando y cociendo papas, leyendo el periódico, sin hablar, sin que el público deje de poner atención a lo que están haciendo.
Qué bueno, que bueno que logremos eso.
Es muy importante, porque el público se aburre y saca el celular, empieza a checar el reloj.
Claro, porque no está pasando nada, no está pasando como normalmente pasa en el teatro, o en el cine, o en cualquier medio.

Además en estos tiempos en los que estamos acostumbrados a que todo es vertiginoso, todo es rapidísimo y no deja de haber imágenes y sonidos, y llegar y sentarse 15 a 20 minutos a ver a dos viejos en su rutina diaria, eso queda clarísimo, no hay nada especial, no porque va a ir la nieta están actuando de manera diferente, no, así es su vida diaria.
Exactamente eso es. Que bueno, que bueno que se vea así.
Y la reacción del público es muy buena. A mí me parece muy loable, y siempre, siempre ha hecho muy buenas producciones, Claudio Sodio y su compañía Magnifico Entertainment, con Mariana Calderón al frente del equipo, que hacen un trabajo espléndido.
Es precioso su trabajo además es muy amoroso también, es muy eficiente en todo lo técnico, que es lo que se necesita, pero además entran en esta atmósfera amorosa que hay en toda la obra, y eso es muy lindo.

Y es muy loable que siendo productores privados, que por lo menos tienen que recuperar su inversión, con el efitiatro es distinto, pero que busquen teatro de calidad, propositivo, y no comedias facilitas de éxito probado que van a llenar, no, siempre están a la búsqueda de poner cosas diferentes, propositivas para la escena.
Y que se haya permitido arriesgarse con una obra tan difícil como está es maravilloso. Claro si hubo el apoyo de efiteatro, pero finalmente quien pierde o gana es el productor, y en esta obra no es fácil ganar, no es tan multitudinaria como debería ser la asistencia en el teatro, porque la verdad, la obra requiere de un espacio íntimo, que no permitiría un escenario italiano, por ejemplo, porque eso aleja mucho al público, lo importante es un lugar íntimo donde se participe realmente del espacio, como sucede en el teatro, ahora que estamos en el Foro Lucerna.

He tenido la suerte de estar en obras realmente extraordinarias, estoy muy contenta en ese sentido, he tenido la oportunidad de participar en obras que me hubiera gustado verlas también, porque tanto el texto como las puestas en escena fueron extraordinarias, la verdad.
Terminamos el primero de marzo domingo, es nuestra última función. A lo mejor, tenemos una segunda temporada en un año y medio, a lo mejor, vamos a ver que pasa.
Por lo pronto ya te vimos.
Por lo pronto ya la hice, y me encantó.

La puesta en escena dignifica la vejez y desmenuza los rasgos de carácter de los personas para traer una propuesta actual, meticulosamente analizada y ejemplo del realismo físico, que se caracteriza por exhibir el comportamiento de los personajes con precisión miniaturista: gestos, movimientos, descripciones a detalle.
Leñero seleccionó tres de sus propias obras teatrales favoritas: “La visita del ángel, que maneja el silencio junto con la palabra. Llevé el realismo a sus extremos; quise ensayar sobre el naturalismo, conduciéndolo al límite. La otra obra en la que pensé es La mudanza; y una más: Nadie sabe nada, por el manejo de los espacios.”

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

La visita del ángel de Vicente Leñero.
Dirección: Benjamín Cann y Miguel Santa Rita.
Elenco: Silvia Mariscal, Juan Carlos Colombo y Jesusa Ochoa Leñero.
Productor general: Claudio Sodi.
Productora ejecutiva: Mariana Calderón.
Escenografía e iluminación: Matias Gorlero.
Vestuario: Estela Fagoaga.
Viernes 20:30 horas, sábado 19 horas, domingo 18 horas. Hasta el 1 de marzo de 2026.
Foro Lucerna en el Teatro Milán. Lucerna 64, esquina Milán. Colonia Juárez, Alcaldía Cuauhtémoc. Metrobus Reforma.
Duración aproximada: 70 minutos




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