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Como nunca pensé enseñar el texto, fui muy irreverente. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • hace 2 días
  • 13 Min. de lectura





Hay hombres que se meten por la piel como veneno

y cuando están adentro,

ya no hay manera de extirparlos.








El hombre veneno explora el deseo como sustancia que anestesia la voluntad. Una autopsia emocional donde el amor deja de ser promesa y se convierte en veneno. Una mujer rememora la historia de un encuentro que se transforma en adicción. Todo comienza con una voz al otro lado del teléfono: cálida, divertida, envolvente. Después llegan las citas, el magnetismo, la risa fácil y el juego sutil del deseo. Escrita y dirigida por Amaranta Leyva, quien da un giro hacia el universo adulto bajo el sello de Producciones Mal Paso, con más de dos décadas de trabajo encaminado a las infancias con Marionetas de la esquina y su emblemático teatro La Titería. Platicamos con la multifacetica artista, creadora de infinidad de espectáculos infantiles, debutando en teatro para adultos.

Amaranta, contrariamente a lo que mucha gente piensa, los niños enseñan, y vaya que enseñan. Y mira que tú les has aprendido eh.

A si, son mis maestros. Hace poco Mauricio Pimentel fue a ver Aprender y olvidar y me dijo, Eres la especialista en niños. Y le dije, No, más bien he tenido la paciencia para que me enseñen, nada más.

Con tu primera obra para adultos vaya que lo demuestras, ese aprendizaje ha sido muy fructífero.

Ya sé, qué barbaridad. Pero el texto lo tenía guardado, tengo varios guardados. Ya sabes, no, no, mi oficio, mi pasión son los niños, no los puedo traicionar, y se lo enseñé a Gabriel Pascal un día, y me dijo, Es muy buen texto. Y yo, No, como crees. Estábamos en gira y pensé, A ver si es cierto, entonces se los enseñé a los actores, a ver que opinaban, y se volvieron locos.

Un día, después de una función me citan en el camerino en La Titería. Ama, queremos hablar contigo, yo pensé, Ya se van a otra compañía, me van a dejar. ¿Qué pasó?. Queremos montar algo para adultos, estuvimos viendo textos y textos, pero no, queremos montar el tuyo. Pero ese texto no está para montarse. Te lo juro que se los dije. Obvio la que no estaba lista era yo.

¿Le hiciste algo una vez que decidieron montarla?

Solo cambie el final, que ella se vuelve veneno, eso lo hice para que cerrara.

No requirió de más trabajo.

Nada, nada.

Es un texto redondo, el público se la pasa encantado. Tus actores espléndidos, muy bien verlos en plan adulto.

Fíjate que Yeni (Yenizel Crespo) tuvo una caída durante el montaje, así de, ¡No puedo, no puedo. Dicen que la obra les tocó muchas cosas que yo creo que no se imaginaban. Con ella tuve que trabajar muy lento, muy marcado todo. Si alguien me pregunta mi estilo de dirección, ¡Títere!, porque le decía quieta, y entonces la movía como un títere…  …le ponías la posición… …exacto, y ya de ahí ella trabajaba. Y César lo sacó rapidísimo y luego tuvo un breakdown, pero resurgió.

Resulta bien interesante, quienes vemos por vez primera la obra en versión femenina, por supuesto que nos preguntamos, ¿cómo será la otra? ¿será gay?, ¿un hombre enamorado del hombre veneno?, si conocemos la versión del hombre veneno, la obra cambia totalmente.

Gabriel dice que no es la versión hombre y la versión mujer, sino que es la versión heterosexual y la versión homosexual. Pero sí tienen formas de contar el amor diferente, él y ella.

¿Cómo fue que se te ocurrió hacer esto, que retrata tan bien esos males de amores?. Que podría ser la obra del azote, por supuesto, y para nada, es divertidísima, planteando situaciones tan reales, que todos, en algún momento sabemos que hemos sido envenenados, o veneno.

Claro. Te digo que tenía ahí el texto guardado, y hasta que lo empezamos a leer, regresé a ver la fuerza de mi texto, la fuerza que yo metí cuando lo escribía. Es tal cual lo que tú dices, es mí enseñanza con las infancias, que si tú metes algo azotado los niños se despegan, no les interesa, huelen esa intensidad falsa finalmente y huelen el melodrama mal hecho. Les gusta la verdad escénica, que es el teatro, que deberíamos estar siempre haciéndolo, que a veces no es fácil tocarlo otra vez, pero si no se lo cuentas con verdad, lo pierdes, pierdes al niño y se acabó.

Después de la pandemia empecé a ver que los niños no querían cosas tristes, no cosas profundas, entonces el reto era contar historias que nos importan a todos, pero desde otro punto de vista, y para no caer en las comedias falsas empecé a jugar más con la farsa, empecé a tocar más y más y más a la farsa. En mi caso me metí más en la improvisación, que es Aprender y olvidar, pero rodeada de un tema, de un asunto, etcétera. Pero sentía que si el títere o el personaje dice estoy triste, el niño se va, no quiero.

Yo creo que fueron tres años demasiado encerrados alrededor de tanta muerte, tristeza, etcétera, creo que los adultos tuvimos que olvidar rápido eso, pero los niños todavía lo cargan, y creo que desde ahí entre al Hombre veneno. Con mis actores fue difícil que salieran de ese tono sufrido, ellos caían y caían en eso, hasta que dije, Se puede, podemos hacer ese camino, pero no va a tener chiste, ¿para qué rasgarnos las venas otra vez?, empezamos a jugar por ahí. Como nunca pensé enseñar el texto, fui muy irreverente.

Que bueno. Gracias a Verónica Maldonado tuve oportunidad de entrevistar a a Suzanne Lebeau en Cancún, en la Muestra Nacional de Teatro, que, toda mi admiración para ella, que “encontró” el meollo del asunto, el mundo no está dividido, lo habitamos los mismos, y no es el mundo rosa de los niños y el mundo gris de los adultos. ¡NO!, el mundo también es gris para los niños, que flojera sería vivir en un mundo rosa. No hay princesas, hay muchos monstruos que aunque los beses no se van a convertir en príncipes, y ahí fue donde Suzanne atinó totalmente. Muchas de sus historias son terribles, ese es el gran acierto de Suzanne, platicar lo que pasa, pero de forma amable.

Sí, sí, exacto, y siempre ser fiel al punto de vista, en nuestro caso, de Suzanne, de Vero, mío, la fidelidad al punto de vista de la infancia, del niño, porque de pronto el adulto se mete en la voz del niño, en la mirada del mundo del niño, y entonces, entra la lección, el regaño, la voz del adulto, la añoranza de la infancia rosa. Lograr mantenerte en ese punto de vista del niño, de la niña, del personaje, también es un reto, es muy difícil, por eso yo tardo en escribir, porque me veo siempre cayendo y recayendo, entonces hay que retrabajar, retrabajar y retrabajar.

Y eso trabajé también en El hombre veneno, hay varios puntos de vista por un solo actor, está la narradora o el narrador en el presente, contando; está el mismo personaje cuando le pasó; y su otro yo, que lo regaña o lo protege; y está el hombre veneno. Entonces jugábamos mucho eso, que tuvieran claridad en quién contaba qué, y por qué. Y eso igual me lo dan los niños, los personajes de la infancia.

El niño es auténtico, no posa, no actúa, dice lo que tiene o quiere decir. En tu obra para adultos es clarísimo lo que acabas de mencionar, queda claro este “desdoblamiento” del intérprete, ahora soy el hombre veneno, ahora soy mi pasado, ahora soy mi conciencia, y todo es vertiginoso, no para, no es voy a cambiar de canal, no, cambia de canal sin aviso, pero se entiende perfectamente y es solo el interprete sin auxiliarse de ningún accesorio, es su cuerpo y su voz.

Eso también es de los niños, ahora que me lo dices, ese ritmo vertiginoso, no es lo que los niños exijan esa rapidez, sino es el ritmo, es otra cosa, el niño detecta inmediatamente si se te cae la obra, y lo pierdes, y regresamos, es la verdad del actor, no del personaje.

¿Cómo decides ponerlo así en escena, porque podrían haber estado los dos personajes, veneno y la envenenada, aunque sería otra obra?

Siempre tuve claro que era un monólogo. Muchos de mis personajes son así, esquizofrénicos o neuróticos, trepidantes, tengo un texto igual que se llama El vestido, para niños, que es una niña escribiendo en su diario lo que le pasó y entonces va y viene, va y viene. Supongo que es mi propia neurosis o mis 15 años de psicoanálisis, o la historia de donde vengo, qué sé yo.

Con los actores lo empezamos a leer, los dos querían estar, ¿cómo le hago?. Entonces primero pensé, pensamos, como que venían a hacer un casting, pero nos sacaba del tono, y luego Perches, como les digo, no es solo una obra para adultos, son dos.

Pariste gemelos.

Sí, estoy más loca que nada, o sea, no me doy cuenta de eso. Tenía eso y tenía un deadline de una obra que vamos a estrenar, entonces tenía que entregar la primera versión borrador, ¡hice tres!, estoy loca o qué me pasa. Si, creo que soy excesiva.

Hubo un momento en el montaje en el que no salía, los dos se detuvieron. Él avanzó antes que ella, pero los dos como que tuvieron un brake down, ahí fue cuando se dieron cuenta de que debían mantener toda la obra ellos solos en escena en relación con el público, entonces yo entre en crisis cuando dije, Son dos montajes, no estoy trabajando diario, era un día uno, un día el otro, a veces el mismo día primero uno y luego el otro a veces, entonces lo que hice fue, Te sientas y ves a tu compañero. Y fíjate que funcionó, o sea los dos estuvieron completos todo el proceso.

Sí porque al final estás viendo la contraparte, el complemento.

Funcionó, y tengo la gran ventaja de que son muy amigos, entonces no había ni competencias ni envidias. Fue un gran equipo, y la verdad es que Gabriel siempre estaba ahí detrás, en la Titería ensayábamos con un sillón verde, y ya sabes, uno se encariña con lo primero que trabaja: Queremos llevar nuestro sillón verde, y Gabriel dijo ¡No!, allá les espera el otro sillón.

El monólogo disecciona el deseo femenino desde una actriz y un actor, el poder, la manipulación y la seducción. Es una exploración sobre cómo el amor puede transformarse en sustancia letal cuando el otro se vuelve espejo, droga y vacío.

La puesta en escena apuesta por la radicalidad de lo mínimo.

En el escenario, un solo objeto: un sillón de piel.

¿Qué ocurre en ese sillón?

Todo.

Es territorio de seducción, confesión, dominio, entrega, dependencia y ruptura. Es el espacio donde el cuerpo recuerda lo que la razón intenta olvidar.

Me comentaba Jessica Canales, y es bien cierto, el sonido es piel con piel, y todo el tiempo es ahí, muy poco se bajan del sillón, se acuestan, suben la pierna, se sientan. Este juego escénico, es espléndido, ahí se nota la labor de la titiritera.

Si, yo confío ciegamente en los objetos. Cuando Gabriel nos dijo tiene que ser uno de piel porque es piel con piel, tal cual como lo dijiste, ahí dijimos, Pues vamos a sacarle provecho, entonces era el color, la textura, los sonidos, moverlo, a veces Yeni le sale, otras no tanto, pero pone el cojín de una manera, que parece que es la cara del hombre y lo empieza a acariciar, todo eso a mi me divierte mucho. Y lo último que se me ocurrió me dijeron, No esa locura ya no. Yo dije, Sí, sí, que se los trague. Le dije al que construye las marionetas, haz una manera para que el sillón se abra y se los trague. No se puede, voy a romper el sillón. Entonces pues no.

Y no se los pudo tragar.

Pero hubiera estado bien padre, a poco no.

El hombre veneno, una autopsia amorosa sobre el deseo como intoxicación. No es una historia de amor. No es una crónica erótica. No es un ajuste de cuentas.

Es un relato de intoxicación.

De verdad que es tan divertido, y uno piensa, ¿Por qué me río, si esta mujer está sufriendo?

Exacto. También es un tema como el narco, tan trillado hablar de esto. ¿Por qué les va a interesar una historia más de amores sufridos?, esa neurosis de la pobre mujer, todo lo que sufrió, pero también ya lo pasó, y la verdad es que lo disfrutó, y luego se volvió mujer veneno. Haber logrado salir del sufrimiento yo creo que sí fue un gran acierto y Gabriel me lo apuntaba mucho, que no cayéramos en ese sufrimiento.

Hay sufrimiento pero también hay mucho gozo, y entre esa negación, Es que no me gusta, Para que me hago, la verdad es que si me gusta… …Si es cierto… …está bien feo, chaparro, bigotón, pero me gusta. Así somos los seres humanos.

Exacto, y también un poco voy un poco en contra de estas ideologías radicales que están ahorita tan fuertes, que si feministas, de todo. Yo donde crecí, como crecí, si vengo de un mundo feminista, pero también vengo de un mundo donde mis adultos se obsesionaron demasiado con las ideologías, yo vi esos extremos y lo que provocó. Entonces no puedo, no puedo con los extremos y la radicalidades.

En ese sentido ¿no te ha tocado alguna feminista que no le haga gracia El hombre veneno?

No todavía no.

Me parece absurdo de que de repente digan que María Félix vaya caminando siguiendo al hombre montado en el caballo atrás de él, no se instalan en el momento. Yo no veo para nada como víctima a esta mujer, cuenta un proceso amoroso con altibajos, pero al final ella decide, no le voy a contestar, y sale, y se pone del lado contrario.

Sí, pues tanto le pegaron que se volvió a pegadora, y eso pasa.

¿Cómo te sientes en tu muy afortunado debut en teatro para adultos?

Ya puedo decir que bien, estaba muy nerviosa, la verdad, y todos los días sufría porque no tenía referentes, mis referentes son otros, el público es otro. La verdad es que las dos funciones de estreno fueron muy bonitas, fue sorpresa para todo el equipo, supongo que para Gabriel no tanto, pero para los tres ha sido como, ¿Qué?, tanta risa. Mi objetivo era que la gente se la pasara bien, pero tanta risa fue muy sorpresivo. Yeni despegó, César se ralentizó, pero ya le salió y ya pude dormir bien. Que son como hijos las obras, ya que están, ya las suelto, te digo que si soy muy neurótica.

Todo un acierto es que, al verla la primera vez, inmediatamente dan ganas de ver la otra versión, se disfruta mucho la obra.

Eso, yo creo que es eso lo que me gustaría si vuelvo a hacer obras para adultos, es eso, porque si es súper sufrido el teatro. Tanto sufrimiento, bien hecho, mal hecho, de pronto, ¡Ay, ya!. Cuando está bien hecho, bueno, pero otra vez desde el desgarre emocional, como si el humano no tuviera un abanico de emociones.

La escenografía e iluminación de Gabriel Pascal (Creador Emérito) construyen una atmósfera contenida, íntima y perturbadora, donde la luz revela las capas de la intoxicación emocional.

Yenizel Crespo y César Alcázar alternan funciones para interpretar este monólogo desde dos perspectivas: la femenina y la masculina. La pasión se narra desde ambos cuerpos, demostrando que el veneno del deseo no distingue género: sólo encuentra fisuras.

Tienes textos guardados que puedes ir revisando para que cobren vida. Muy bien Amaranta, yo creo que todos de alguna manera nos sorprendimos. ¿Cómo, Amaranta se cambió a clasificación B o C?. Y no pudo haber sido en un espacio más adecuado que en el El Milagrito, tan acogedor, tan íntimo, porque finalmente uno es el confidente de esta mujer y de este hombre.

Exacto, además Gabriel le puso esos telones que lo hizo más íntimo, le quedó muy bonito, la verdad. Y me decían, ¿Quieres el teatro grande?. No, no, el chiquito. El Milagrito.

Y las dos funciones que he ido ha estado bastante bien de público.

Sí ha llenado, muchos jóvenes, y se reían. Yo dije, si logramos que los jóvenes se rían de esto, ya lo logramos.

Si que lamentablemente están en una actitud muy extraña, no conviven, no socializan, no platican. Que vayan y se diviertan está muy bien, ese es un buen parámetro.

A mi lo que me encanta, porque habíamos ensayado, obvio sin luces, de pronto entran esas luces rojas y azules de Gabriel, y los tres, ¡Qué bonito!.

Gabriel es un gran escenógrafo e iluminador, de los mejores. Lo malo, no podía faltar lo malo, es la brevedad de la temporada, como ya son todas las temporadas.

Iba a ser una temporada de tres semanas, luego se alargó a cuatro, y nos habían ofrecido cinco semanas, pero nos vamos de gira a Colima.

Esto realmente fue como un experimento, yo decía, es nuestro nuevo juguetito, a ver qué pasa. La verdad estoy bien agradecida con Gabriel, que me haya dicho vente, porque yo se lo difícil que es entrar a un teatro. Y también habíamos dicho en La Titería, pero es otro público, no hubiera jalado bien, hubiéramos tenido, quizá, que cambiar de tono, porque estábamos en casa, los títeres, los colores, etcétera.

No sé entonces nos metió otro reto más, y todo fue embonando y ayudando y no sabíamos qué más hacer con la obra, decíamos, a ver sí sale, Todo el tiempo era, si no sale, ¡no sale!, y ahora qué salió, ya veremos sí va a La Titería, porque, ya lo van a anunciar, pero vamos a tener una programación para adultos en La Titería, no diaria, y no la voy a llevar yo, decidí que no es mi género, no quiero. Yo con lo que hago soy muy feliz, lo llevan Shelia Flores, Daniel Miranda y otra chica, ellos tres con su productora ya tiene su programación. Voy a aplicar con mi monólogo. 

Muy buenos gestores, es garantía que hagan una buena curaduría.

Sí, empiezan fuerte, en cuanto sepan estarán lanzarán todo. La idea es esa, me decían hay que usar más el espacio. Sí, pero yo no me meto, es otra manera de conducirse y no quiero desperdigar mi atención a lo que hacemos nosotros.

Hasta cuándo está el hombre veneno

Hasta el 22 de marzo, para que los lectores vayan a ver las dos versiones. Es exactamente el mismo texto, pero sí da otra cosa.

Pensaba, si se invierte y el protagonista es el hombre veneno, es otra obra, es otro texto.

Sí lo llegué a pensar, y como esto estoy loca dije, ¿si me pongo a escribir la contraparte?. No, vámonos.

Podría ser uno, otro y luego juntarlas. Estaremos viendo la otra parte. 

Detrás del encanto, un seductor que domina los tiempos, las pausas y las palabras, se oculta un poder oscuro: el de inocular su veneno a través de la risa.

A través de una voz íntima, confesional y descarnada, la / él protagonista reconstruye su proceso de intoxicación emocional y física: cómo un vínculo ligero se convierte en dependencia; cómo el cuerpo se vuelve territorio de entrega y pérdida; cómo la mente oscila entre la fascinación y la huida.

Una historia de caída y supervivencia.

 

 

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable. Entrañable.


El hombre veneno.

Dramaturgia y dirección: Amaranta Leyva.

Actuación: Yenizel Crespo y César Alcázar, alternan funciones. El, jueves y sábados; ella, viernes y domingos.

Escenografía e iluminación: Gabriel Pascal (Creador Emérito).

Producciones Mal Paso. 

Jueves y viernes 20, sábados 19, domingos 18 horas. Hasta el 22 de marzo.

Foro El Milagrito del Teatro El Milagro. Milán 24 Entre Lucerna, Calle Gral. Prim y, Juárez, Cuauhtémoc, 06600 Ciudad de México, CDMX.

 

 

 

Entrada general $300. Descuentos a maestros, y vecinos de la alcaldía Cuauhtémoc$150. Estudiantes en general e INAPAM, $100. De venta en taquilla y boletópolis


 
 
 

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