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Un grito contra los dioses que te castigaron. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 1 may 2024
  • 16 Min. de lectura

Días felices, de Samuel Beckett, es una reflexión sobre la inutilidad de la acción y la palabra de personajes conscientes de su destino, cuyo tiempo los atraviesa en medio de días iguales, unos a otros y que Winnie y Willie tratan de ver y vivir, como si fueran días felices. Los personajes habitan en un inhóspito desierto, presos de una relación de amor/odio; ella, a punto de ser devorada por la tierra, pasa el tiempo habitando rutinas cotidianas y se ayuda con las palabras, un hábito más. Teme quedarse sin nada que decir, sin nada que hacer. Si para existir necesitamos ser percibidos por otro, la existencia de Winnie está garantizada por la presencia de Willie. 

Arturo Ríos ¿Días felices es tu primera dirección o ya habías dirigido?

Profesionalmente es mi segunda dirección, hace 10 años, creo, un poco más tal vez le dirigí una obra a Mónica Serna, una obra que José Enrique Gorlero le escribió a ella, el murió y Mónica se quedó con la obra, porque la iban a trabajar juntos, entonces me invitó a mí a dirigírsela, y es lo primero que dirigí profesionalmente. Que fue la última obra de Mónica, desafortunadamente.

Fue una situación bastante terrible, entiendo que a ella casi se le hace eso de “Yo quiero morir en el escenario”.

Le vino un problema cerebral, cuando se inflama una venita y se puede reventar, eso le vino, en plena función se quedó en blanco, creo que después del estreno era la segunda función de Una mujer de negocios, se quedó en blanco y ahí se dio cuenta que no podía seguir, e inteligentemente optó por ya no regresar al teatro y cuidar su salud.

Buena actriz Mónica, ella formó parte del elenco estable de la primera Compañía Nacional de Teatro, que dirigió Luis Gimeno, era completa, también hacía musicales.

Bellísima y gran actriz, como no. Un recuerdo y un reconocimiento a la gran Mónica Serna.

Después de mucho tiempo, esta es tu segunda obra, y te aventaste a honduras profundas.

Creo que un poco en la inconciencia de: Ah, voy a dirigir Días felices, de Beckett, que entretenido ha de estar esto. Y si estuvo muy entretenido, pero nunca me imaginé que fuera tal desafio. Tiene dos actos, cuando ibamos como a la mitad del trabajo nos dímos cuenta que duraba casi dos horas, al principio duraba dos horas y pico, pero la fuimos puliendo, fuimos adquiriendo ritmo, y ahora ya está como en hora 55, ya tiene muy buen ritmo, y nosotros le quitamos el intermedio, hicimos una especie de interludio y unimos los dos actos, creo que para el público es mucho más fácil de digerir. Pero si, cuando iba a la mitad dije: Esto es como el Everest y hay que subir hasta allá.

Arturo, es imposible para quienes vimos la vimos, no sé si tú tuviste la fortuna de verla, aquel muy afortunado montaje que hizo Manuel Montoro, escenografía de Guillermo Barclay, con la enorme Beatriz Sheridan, el recuerdo es bien poderoso, aquellas imágenes son imborrables, como De película o …de la calle, de Julio Castillo.

De ese calibre. Además, era el Teatro de la Nación que era uno de los grandes proyectos gubernamentales de esa época.

De Margarita López Portillo que en aquel momento también es cuando se organiza la Compañía Nacional de Teatro creada por Luis Gimeno, dirigida por el maestro Solé, tal y como décadas después la reactiva en maestro de Tavira. Fue una etapa brillante para el teatro gubernamental en México, Ah los días felices se montó en el Teatro Independencia, que era la sede del teatro de búsqueda, y esas imágenes de Beatriz, en el primer acto enterrada de la cintura para abajo, en el segundo hasta el cuello, son tan poderosas, que cuando vi anunciada esta nueva versión, dirigida por Arturo Ríos, dije: ¡Hay que verla!.

Que bueno que te animaste. Yo no vi la de Montoro y tal vez, si la hubiera visto, hubiera dicho: No puedo pecar en desafiar al maestro Montoro, después que el haya montado esa maravilla. Me aventé así, porque había leído la obra y me gustaba, me apasionaba mucho y de pronto se dio la oportunidad de hacerlo, y una vez que me subí dije, ya estoy arriba del barco, venga el desafío y ya ni me podía, ni me quería bajar. Lo único que dije fue: Tengo que aceptar el reto con mucha honestidad y con mucho corazón, pensé, para que verdaderamente resulte algo auténtico y genuino y que no sea nada pretencioso de: Es que yo voy a montar a Beckett y el desafío, sino mas bien partir de una lectura muy sincera de mi parte, muy clara y muy honesta.      

Afortunadamente, en un país de desmemoriados como es México, tampoco implica un reto el recuerdo de aquella puesta. Se estrenó el 30 de noviembre de 1977, hizo 108 funciones, asistieron 19,019 espectadores, se trabajaron 73 días y terminó el 26 de febrero del 78.

En el 77 justo se estaba haciendo la Compañía Nacional de Teatro, la de Gimeno y José Solé, yo entré a esa compañía, había sido alumno de Gimeno, nos llevó a hacer personajes pequeñitos, yo tendría 26 años en esa época. Pero no tuve la fortuna de ver el montaje de Montoro, de hecho a lo mejor en esa época ni sabía nada de Montoro, tal vez de Beatriz Sheridan si, porque la había visto en telenovelas, era muy buena para la televisión y para el teatro, no se si la llegue a ver en cine, pero para la televisión era buenísima.           

Era una notable villana telenovelera. Perdimos a una excelente actriz teatral para ganar una eficaz directora de telenovelas.

Desafortunadamente eso sucede, no muy seguido, pero de repente sucede en nuestro medio, que grandes actores terminan siendo regulares directores de televisión.

La tele es la tele y obedece a otros intereses, que bueno que existe, porque también es una buena fuente de trabajo… bueno, Julio Castillo dirigió telenovelas, por ejemplo. Para Beatriz, su obra, como actriz teatral, yo creo que es Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, dirigida por Nancy Cárdenas. Y por aquellos tiempos tu estabas en el Centro de Experimentación Teatral, ahí te ubico perfecto, en De película excelente montaje de Julio Castillo, por ejemplo, que era alucinante.

Después de la Compañía, en el 84 Luis de Tavira asume la dirección del Centro de Experimentación Teatral, con Bellas Artes y digamos que ahí fue como mi despegue actoral, donde la gente me empezó a identificar a mi, y no al grupo de jovencitos de la Compañía que por ahí andaban haciendo papelitos. Si tuve buenas oportunidades con Luis, ahí en el Centro de Experimentación. Ya compartía cartelera con Martha Navarro, Lourdes Villarreal, Julieta Egurrola, Luis Rábago, con Damián Alcazar, Lucero Trejo, Rosario Zúñiga. Gabriel Pascal hacia escenografía.

Para mi fue un gran trampolín, una posibilidad y una plataforma para poder impulsarme con papeles que me desafiaban más, con personajes que me desafiaban más, y echarle ganas para saber si estaba a la altura, y por fortuna, creo que me fue bien, fue un gran momento de mi vida teatral.       

Fue excelente, tienes razón, a partir de ahí, te ubico.

Ahí hice De película, Grande y pequeño, de Botho Strauss, hicimos una adaptación que hizo Luis de López Velarde que se llamó Zozobra que estrenamos en el Cervantino. De Armando García María santísima, Nadie sabe nada, de Leñero, en donde Martha Navarro hacia a una procuradora muy impactante; Pequeña Lulú, que dirigió Ludwig Margules, una adaptación de Lulú de Frank Wedekind; hicimos con un director francés, Georges Lavaudant, El balcón, de Genet. Gran teatro, con unos compañeros y directores increíbles, mucho de ellos ahora famosos.

Era como otra Compañía Nacional de Teatro, con repertorio, elenco estable, con resultados maravillosos.

Lo primero que llama la atención de Días felices es su aparente sencillez. El público descubre un escenario con pocos elementos y solo dos personajes. Winnie, enterrada hasta la cintura. Willie puede moverse libremente, pero siempre está como dormitando o enfrascado en la lectura de algún periódico o revista

Sin muchos más elementos en escena, esto es lo más relevante. Pero, si hay algo que le gusta a Samuel Beckettt es no ser explícito. Este autor no quiere dar ningún tipo de explicación, enfrenta a sus metáforas sin más pistas que las de la imaginación de espectador.

Volvamos a Días felices. Tú nada más la conocías leída.

Si, nunca la haba visto puesta, había visto videos, nunca completa, solo había visto partes en YouToube. Ahora recuerdo, creo que Sandra Félix hizo una adaptación cuando se recibió en el Núcleo de Estudios Teatrales, NET, la escuela de Julio Castillo, fue su examen y yo fui a ver esa puesta en escena, pero creo que no la puso completa, hizo como una pequeña adaptación y me gustó mucho, me fascinó. Creo que la actriz que hacía a Winnie era Tara Parra, y no me acuerdo quien hacía al marido.

En aquel momento pensé: ¡Que es esto!, que maravilla de teatro, yo ya había visto algo de Ionesco, cosas que había puesto Carlos Ancira, ese tipo de teatro que a él le gustaba mucho, pero sobre todo leído, había leído Godot.

Hace unos años Agustín Meza puso un Esperando a Godot, maravilloso, que yo dije, yo quiero hacer algo de Beckett, y bueno, llegué así a Días felices, que me encontré con Mónica Torres que es nuestra actriz, excelente, ambos desempleados… …que raro que en este país haya desempleados, no te creo. Después de la pandemia y desempleados, yo le pregunté: ¿Qué estás haciendo?. Me dijo: Nada. Yo tampoco y quisiera montar Días felices, qué te parece si nos juntamos a leerla y a ver si te interesa y le vamos dando.

Total, que nos juntamos, la leímos y dijimos, No tenemos nada que hacer, nadie nos está contratando, nadie nos esta pagando por hacer algo, que tal si empezamos a darle y a ver que pasa.

Y así, hace dos años, un poquito después de la pandemia, empezamos a hacer las primeras lecturas, y hasta el jueves 18 de abril de 2024, que estrenamos.

Con un dedicado proceso de investigación, el gran actor Arturo Ríos desentraña los secretos que contiene ésta, quizás la más importante obra de Samuel Beckettt. El elenco y su director se sumergieron en el estudio del texto, tratando de desentrañar en él, su gran riqueza alusiva y potencia metafórica. Dos años de trabajo en el escenario, permitieron encontrar las soluciones escénicas y la concepción de un estilo de actuación, contenido y delicado, coherente con las necesidades del texto de Beckettt, que fue respetado hasta en los más mínimos detalles, dado que cualquier alteración en ese sentido pervertiría la profundidad de Días Felices, desgarrada e irónica metáfora de nuestro tiempo. Sin duda Arturo, debe haber sido un proceso largo, muy meticuloso, porque este tipo de teatro no lo puedes montar en dos semanas, pero no creo que hayan sido dos años de trabajo permanente.

Exacto, y sobre todo cuando ya le entras a leer el texto, de cualquier obra de Beckett, te das cuenta que el desafío que él plantea, porque lo plantea en sus textos, él como gran dramaturgo, prácticamente sus obras tiene definido para donde debe de voltear el actor, para donde debe mover los ojos, así acotaba, pero sus acotaciones son maravillosas porque no son acotaciones insulsas, como esas que de repente te ponen en los guiones de las telenovelas: ¡Y entra enojado! o ¡Se indigna!.

No, acá son de una meticulosidad impresionante, te marca pausas cortas, pausas largas, te marca pausas pequeñas, te marca dirección de a donde ver, hacia donde voltear la cabeza, si agachas la cabeza o la subes. Y entonces así fuimos descubriendo, poco a poco… una era: lo montamos sin hacerle mucho caso a sus acotaciones, o, Es el señor Beckett, vamos a ver porque hizo tantas acotaciones. Entonces decidimos entrarle por el lado de Es el señor Beckett y por algo puso esas acotaciones y vamos a ver que quizo decir. Y conforme fuimos avanzando en el estudio y análisis, nos fuimos dando cuenta que Beckett pensó para que servía cada acotación y porqué la ponía. Entonces, de pronto, el hecho de descubrir, de ir descubriendo, por ejemplo, que significaba Beckett cuando decía: Pausa larga. Fue impresionante. Cuando empezamos a trabajar, decíamos, claro, es que aquí en esta pausa, esta significando el vacío. De pronto el personaje habla, habla, habla y tiene que hacer una pausa, porque en ese momento se da cuenta que lo que le esta sucediendo es enfrentarse a la nada, al vacío.

Y así, poquito a poquito nos fuimos dando cuenta que el mundo de Beckett era muy rico en cuanto a lo que dice textualmente, pero también a lo que acota en sus indicaciones, y que eso hace un juego con lo que se dice y con lo que él va acotando, con lo que él va indicando, y va cobrando sentido entonces.

Entonces estas acotaciones complementan perfectamente el texto y además le da mucha luz a quien lo va a llevar a escena Arturo.

Exacto, si. Y me ha sorprendido gratamente con el público me han hecho comentarios acerca de eso, del significado de las pausas, lo que sintieron cuando se hacían las pausas, cuando volteaba hacia arriba, cuando volteaba hacia un lado. De porque Willie, el marido de Winnie sale por el agujero en el que vive y hace tales cosas, y poco a poco se nos fue revelando esa gran riqueza que plasmo Beckett en su texto, que significa tanto y que al espectador le hace entender la profundidad y el significado de la obra.

Esta obra, las demás de Beckett, de otros autores y todas las que conforman el teatro del absurdo, no es fácil, no es un teatro complaciente, Beckett sí es conocido en este país, pero hasta donde yo se, después de la versión de Montoro, “profesionalmente”, creo que no se había vuelto a montar, seguramente ha habido montajes escolares, como el que mencionas de Sandra, pero es un texto poco conocido aquí en la ciudad. Hay otros textos de Beckett más recurrentes en escena, pero este no. De entrada, uno piensa ¿por qué esta mujer está enterrada? ¿qué pasó?, podemos sacar conclusiones o especular. ¿Es el apocalisis?  Porque, en efecto, ella se asombra mucho de ver a una hormiga, de ver a un insecto vivo.

Ella vive en un páramo, es un páramo desierto, valga la redundancia, y efectivamente, es un lugar devastado, una tierra devastada en donde prácticamente ya no hay vida, lo único que Winnie tiene son recuerdos de algunos vecinos, o seres; un hombre y una mujer que pasaban cargando unas bolsas y pasaron por ahí hace quien sabe cuanto tiempo, y no ha vuelto a ver a nadie más, y en esta soledad, en este lugar estéril, devastado, de repente encuentra una hormiguita, que es un hallazgo impresionante encontrar un ser vivo dentro de este lugar, que es metáfora de la nada. Un ser tan pequeñito, tan diminuto, de repente es un gran acontecimiento de vida en este lugar donde cada vez hay menos vida.

Winnie, que no ha perdido la capacidad de asombro, se deja maravillar por esos pequeños acontecimientos, como el que aparezca una hormiga, o como que en su bolsa guarde un bile, o guarde recuerdos como una cajita de música, o los instrumentos con los que sobrevive a diario que son un espejo, un cepillo de dientes, esas pequeñas cosas la hacen sobrellevar la conciencia de este mundo sinsentido en el que se encuentra.

La sombrilla, al igual que los pequeños objetos cotidianos cobran gran sentido en esta obra. La sombrilla es un objeto que, en teroria, la debería de proteger del sol, está en un lugar, ella lo dice, hay un sol calcinante, que quema, que incendia la tierra y la sombrilla, ella la toma para protegerse de este sol calcinante y acaba volviendosele en contra, al menos como yo la interpreté y como la puse en escena. Yo le quise dar esa connotacion de que las cosas te ayudan a sobrevivir, pero a veces se vuelven tus enemigas también y entonces le dije a la actriz, vamos a hacer que esta sombrilla, fue mi lectura, ella la busca como protección, pero la va a empezar a oprimir, ella dice: La sombrilla pesa cada vez más, no tengo fuerzas para seguirla sosteniendo. Lo que yo intepreto de lo que está sucediendo ahí, y me acorde mucho de Sísifo, tratando de subir la piedra por la pendiente, hasta arriba, y que esa piedra que Sísifo sube, y que Camus describe también. Y que el castigo de Sísifo es subir una piedra hasta arriba, y cuando ya logró subirla, se le vuelve a caer.

Entonces yo le dije a Mónica: qué tal si hacemos de Winnie, un Sísifo femenino, y cuando llegamos a la parte de la sombrilla, es la parte más difícil física y psicológicamente para ella dentro de la obra, en donde está tratando de sostener un mundo que le pesa, contra el cual tiene que luchar , y subir, subir este peso y aguantarlo, y de pronto eso se le vuelve un castigo, castigo divino, si tu quieres, trágico, universal. Y ella justo está en ese momento luchado contra ese castigo y acaba diciendo un texto después que la sobrilla se le incendia, que eso lo marca Beckett. A Beatriz Sheridan me hubiera gustado ver como le incendiaban la sombrilla, porque yo fabriqué aquí el mecanismo para que la sombrilla se incendiara, y me tomó un ratito planearlo y hacerlo, le hice la artesanía y todo.

Aquí la somrbilla se le incendia, la tira, y dice: Oh tierra, vieja extintora. Entonces le dije, Aquí es como una voz, un grito contra los dioses que te castigaron y que además te obligan a estar enterrada en la tierra que es ese ente que extingue todo, hasta la vida. Entonces le dije: Oh tierra, vieja extintora, vamos a llevarlo al nivel de tragedia griega, ahí es donde el personaje, como Sísifo se enfrenta a su castigo y lucha contra el destino y contra los dioses y se hace dueña de su destino, y finalmente, de esa manera, logra vencer el destino.

Winnie y Willie, tienen una relación entre el amor y el odio, pero se complementan. Uno no puede ser sin el otro dentro de la escena teatral. La verborrea de Winnie contrasta con el silencio rotundo de Willie, quien parece ignorarla constantemente, igual que el optimismo de Winnie choca frontalmente con lo que el espectador ve, sobre una mujer que se encuentra inmóvil ante la vida. Winnie va recordando cosas de su vida con un discurso errático, recuerdos que el lector también atisba que va a perder y Willie... Nadie sabe qué hay dentro de la cabeza de Willie.

Cada día hacen lo mismo, pero el tiempo no. El tiempo se está dedicando a desgastar los utensilios que Winnie usa para sus quehaceres diarios y a echar cada vez más tierra sobre su montículo.

Te voy a decir algo que me comentó un amigo, porque, para mi, seguramente también por el recuerdo, Winnie, enterrada en este páramo, en este desierto, tendría que ser en arena y no me acababa de cuadrar que el montículo sea negro, y este amigo me decía, como es apocalíptica y ya no queda nada, pues es un búnker. ¿Por qué es negro?, ¿si es un búnker?.

Que lastima que no está aquí Gabriel Pascal para hablar de su escenografía, me encantaría que el explicara eso.

Fijate que, en un principio, platicando con Gabriel, pensamos hacerlo de una manera mas realista, que se viera un montecito de arena, que tuviera incluso hierbita, y se viera como una colinita en un desierto, pero cuando llego ese momento, incluso Pascal le puso una lona encima que simulara eso, y como que el realismo no nos dejo contentos, como que reducía mucho la metáfora. Un día Gabriel quitó esa lona antes de que yo llegara al ensayo y él, en su elucubración, parece que esa noche no durmió bien, pensando en cómo le hacía para que a esa lona le pudieramos sacar un buen partido. Al siguiente día me dijo: que tal si quito la lona y pinto la escenografia. Llegó, la pinto y dejo esta especie como de pirámide de prismas, que puede asemejar un búnker, y entonces yo iba entrando ese día, y Gabriel tenía la escenografía iluminada, la madera pinda de negro, como está, y yo entre y dije: Oh, que belleza, no se que es esto, pero me parece bellísimo, en contraste con lo otro que se había pensado de poner una lona y hacer una colinita dizque de arena. Esto no se que sea exactamente, pero me parece que significa o simboliza algo, más alla de la cuestión realista, es una cuestión abstracta, y ahí yo me enamore de la escenografía, y creo que Gabriel también. Luego ya le empezamos a encontrar formas: un búnker alemán; una falda, como si ella tuviera una gran falda negra, esta enterrada hasta la cintura, y abajo una gran falda. Empezamos a encontrar, dijimos, preferimos eso, que la gente interprete, diga, parecía un búnker, estaba enterrada adentro de un búnker en medio de la guerra, o algo así. Y preferimos eso a darle un significado realista mucho menos estimulante, yo siento, y poco interesante.

Así vuelven cómplice al espectador y que que él también haga la tarea.

Arturo, ¿cómo interpretas el nombre de la obra?, ignoro si es Ah… Los días felices, Los días felices o solo Días felices.

Me lo he planteado desde muchos lugares. A veces lo planteo como que efectivamente son días felices los que está viviendo; o como que añora los días felíces, una especie de nostalgia de los días felíces. Pero te lo voy a decir como lo trabajamos Mónica Torres y yo, y esto a mi se me ocurrió panteando una premisa. El primer texto del personaje dice: Otro día divino, entonces yo dije: ¿cómo vamos a interpretar esto?. ¿Cómo que hoy es un día divino?, y entonces yo dije, No, yo no quiero plantear a ese personaje, como lo he visto en casi todos los videos, que lo plantean como un personaje muy inocente que vive muy contenta y muy feliz, y que casi casi quiere estar rodeada de florecitas, abejitas y pajaritos, como Blanca Nieves. O, como alguien que está conciente de lo que le está sucediendo y que, aun así, afronta su destino. Entonces yo le dije, en vez de que manejemos el Ah, otro día divino, como ¡Que padre está el día!, vamos a hacer que Winnie decrete que hoy, por su voluntad, va a ser un día divino, a la manera de Camus, porque Camus dice: Sísifo va subiendo su roca y va sufriendo su castigo porque cuando la roca se le viene abajo, hay que ver que la manera de defenderse del castigo, es aceptando su destino y haciendolo propio. Y entonces le dije, vamos a hacer lo mismo, porque a final de cuentas, Camus, Beckett, Ionesco, Sartre, toda esa generación hablan un poco de lo mismo.

Dije, vamos a hacer que Winnie acepte su destino, diga Si, este es mi destino, pero me voy a levantar a luchar contra mi destino, entonces a la hora que dice Otro día divino, es porque yo he ordenado que este día, sea un día divino.

Lo decreta, como bien lo dijiste.

Lo decreta, exacto. La vida no es fácil, puede desencantarnos. Digo, esta generación son los reyes del desencanto, un mundo sin dios después de la guerra, la bomba atómica, el mundo devastado, en fin, y sin embargo, asumen que van a vivir y que van a vivir con coraje, es la forma de ir contra el destino y salvarse de ese destino impuesto, hacer lo propio. Esa es nuestra tésis de la obra.

Arturo, te felicito, que bueno que te animaste a dirigir este paquetazo. Eres un actor con unas tablas y una experiencia muy vasta, con un talento innegable y me parece muy bien que te hayas aventado a hacer esto. Además también en una producción tuya y de Mónica Torres, una producción independiente.

Así es, no tenemos apoyo de ninguna institución, no tenemos FONCA, no tenemos Efiteatros, nada. Yo me lance con mi dinero, y con la complicidad, sin cortapisas de Mónica, los dos decidimos entrarle de esta manera, a ver que pasaba. Afortunadamente encontramos cobijo en El Milagro, Gabriel Pascal fue un hado madrino fundamental para nuestro proyecto y así nos lanzamos de productores, lo que esperamos, es que al publico le interese y vaya. Si recupero, ya gané.

Samuel Beckettt es un ensayista, poeta, novelista y dramaturgo del siglo XX, cuyas obras agradan, o no, pero no se quedan nunca en un término medio. Normalmente, al autor se le ha bautizado como un existencialista pesimista, estos términos resultan extraños cuando se encuentra mucha comedia y sentido del humor en sus escritos, en donde se descubren más luces que sombras entre sus letras.

Beckettt es representativo del modernismo, del surrealismo, del existencialismo, del post-modernismo, del nouveau roman y del teatro del absurdo, a la vez que no es representativo concretamente de ninguno de estos estilos.

Como diría Winnie: ¡Hoy va a ser un día feliz!

 


 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 


Días felices. De Samuel Beckett.

Dirección: Arturo Ríos.

Con: Mónica Torres y Ricardo White.

Jueves y viernes 20 horas, sábado 19 horas, domingo 18 horas. Hasta el 19 de mayo de 2024. 

Teatro El Milagro

Entrada general $300.00

 

 

 

 
 
 

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