Sí se puede vivir de lo que uno sueña. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
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El día que Juan Adrián, un joven de la Ciudad de México, decidió seguir sus sueños y estudiar música, su papá perdió la voz. Pero esa historia no comenzó ahí, sino en 1937, cuando se inundó el pueblo de Tlalpujahua, Michoacán. A través de un viaje entre el pasado y el presente, el sueño y la realidad, Juan Adrián reconstruye la historia de su papá y su linaje masculino, abriendo la posibilidad de narrar masculinidades desde la escucha, la ternura y la reconciliación.
Acordes para encontrar a papá. Otras formas de sentir y relatar las masculinidades, es una pieza unipersonal interdisciplinaria que entrelaza la autoficción, el archivo personal, la narración oral, el cuento y las sonoridades de la música en vivo.

Conversamos con su creador, el multifacético Gonzalo Herrerías.
Hablemos de Acordes para encontrar a papá me encanta que tiene un subtítulo, no sé si es subtítulo o es un solo título, Otras formas de sentir y relatar las masculinidades que
Creo que obras como Acordes para encontrar a papá… son muy necesarias, y no con fines didácticos, sino para sensibilizar. Las feministas radicales no se ponen a pensar, por ejemplo, en cómo educaban a los hombres, hasta la fecha algunas señoras dicen, Cuiden a sus gallinas porque mis gallos andan sueltos; muchas generaciones de hombres crecimos bajo la consigna y la prohibición de que los hombres no debemos de llorar. Si lloras eres vieja, o eres puto, y ante esta prohibición de manifestarte a través del llanto, porque no nada más se llora de tristeza y de dolor, se llora por muchas cosas, alegría, emoción, eso, en gran medida, determinó lo que yo llamo la cultura sentimental masculina, determina muchos comportamientos.

Me parece perfecto que en un breve lapso de tiempo han aparecido por lo menos tres obras que hablaban sobre nuevas masculinidades, dos en la Muestra Nacional de Teatro, la excelente No me olvides, de Acapulco con tres personajes, tres hombres, tres generaciones de una familia, abuelo, padre e hijo, y otra maravilla de Aguascalientes, Machetes, una amistad de toda la vida entre dos hombres, que por supuesto levantaba muchas sospechas… …es tabú… y tu obra.
Planteas como era prácticamente imposible acercarse a los propios padres, y ellos no se podían acercar a sus hijos. Yo supongo que tu obra tiene un gran porcentaje de verdad, no es teatro documental, está filtrado por una dramaturgia que seguramente ficciona ciertas cosas, pero quiero creer que mucho de lo que pasa ahí, es tu historia, la historia de tu familia.

Sí, sí, sí, sí tiene, yo creo que un 70% de historia y de experiencia que me ha tocado vivir, o encarnar, y hay otro porcentaje que está ficcionado, digamos, que para mí era importante también poner ciertos puntos para poder dialogar con otras generaciones y desde otros lugares, porque, cuando estaba haciendo el proyecto, por momentos sentía que había un cierto riesgo de caer en algo demasiado personal y que fuera una historia demasiado cerrada, entonces para mí fue importante, por ejemplo, estas partes donde mi papá rechaza completamente la idea de que el personaje se dedique a la música. No fue exactamente así, ahí yo ficcioné ciertas cosas, con permiso de mi papá, eso quisiera apuntarlo, que cuando empecé a armar el proyecto, lo primero que hice fue platicar con él, y pedirle su autorización para empezar a abrir la puerta. Al aludirlo, al principio le costó, pero me dijo que sí, que con gusto, que si podía ayudarme estaba ahí, era raro, porque, “Si, con gusto”, pero cuando le preguntaba cosas, no me decía nada… …lo que se plantea en la obra, no habla, no es que este mudo pero es una forma de mudez… …exacto, esa es un poco la contradicción, la paradoja. Mi papá nunca se fue, crecimos juntos, pero hubo una ausencia emocional muy fuerte, muy, muy fuerte. Cuando yo quería platicar con él, cuando yo tenía preguntas, cuando yo quería estar, sentirme acompañado, mi papá no lo lograba, pero era porque no tenía herramientas, porque a él tampoco le enseñaron a acompañar, a tener este tipo de procesos, porque su papá y su abuelo tampoco lo hacían.

Era lo que te decía, esta formación provocó una discapacidad emocional en un montón de generaciones de hombres, conozco a muchos, y algunos no tan grandes, que todavía tienen esa herencia, esa discapacidad emocional, están absolutamente impedidos de manifestar buenos sentimientos, porque a lo mejor te dicen me caes a toda madre, acompañada de un fregadazo, siempre antecede un poco de violencia para neutralizar cualquier tipo de “sospecha”.
Sí, es como una especie de policía, ante cualquier atisbo de homo erotismo, de homosexualidad, y por lo tanto, los afectos están mediados a través de eso. Vamos a hablar, ¿para qué?, para proveer, para producir. Esa era una cosa muy curiosa también, cuando yo le preguntaba a mi papá y cuando empezamos a tener conversaciones, era, ¿Qué quieres saber?, ¿para qué?, yo estoy bien, ¿qué quieres?. Lo que quiero es platicar, estar un rato contigo, escucharte, saber cómo estás. Y desde esas cosas que parecen obvias, que parece nimiedades en la vida cotidiana, ni siquiera se podía, no había manera de abrir esa puerta, porque a él no le enseñaron eso, a mi abuelo tampoco, ni a los hombres de la familia, no es de ellos nada más, mis tíos, mis primos. Por ejemplo, tengo primos de mi generación, de mi edad, que están igual, parecen señores de 70, 60 años, que aprendieron las mismas cosas. Veo cómo se relacionan con sus parejas, como se relacionan con sus amigos, conmigo, desde el tacto, por ejemplo, abrazarse es algo como prohibido, el menor contacto.

Además, con ese estigma, y la doble moral, porque era bien común, yo creo que sigue siendo, ¿qué pasa en las cantinas?, con los hombres cantando a José Alfredo, que le canta al machismo derrotado, ahogados de borrachos, casi besándose, y ahí si se quieren mucho, y se abrazan, por supuesto que el alcohol desinhibe todos esos diques emocionales.
Si, justo. Pero es muy fuerte, es muy fuerte en las capas de la familia, porque eso nos ahoga, hoy aseguro que enferma. Este recurso que yo utilicé de la tiricia en la obra, lo tomé prestado de lo que yo escuchaba de mi abuela, y de lo que había escuchado también de una tía lejana, que contaban, Es que le dio la tiricia; Es que tiene tiricia. Y yo ¿qué es eso?.
No has visto la película La tiricia, de Jorge Pérez Solano, que ejemplifica perfectamente ese mal.
Sí, me preguntaron que si de ahí lo había tomado, pero no la había visto. Es un problema que está de norte a sur, tiene diferentes nombres y tiene diferentes maneras de desarrollarse, pero yo creo que es eso, es la tristeza, el ensimismamiento, un endurecimiento de lo que sentimos que no nos permite expresar, que no nos permite comunicar, y eso nos va deprimiendo, nos va hundiendo, y no quisiera ser muy estadístico pero sigue siendo el índice de motivo de suicidios en México, en hombres altísimo, y tiene que ver con eso, que no hemos podido, todavía, desarrollar estrategias para poder vincularnos de una forma más sensible, en las que podamos de verdad acompañarnos, creo que tiene que ver con eso, tiene que ver con cómo hacemos para crear estos vínculos, que yo sí creo que es el maldito machismo, la doble moral, que para unas cosas si y para otras cosas no, que nos está sesgando, que nos está distanciando y que esta enfermándonos como hombres, como mujeres, como sociedad.

Esta es la segunda pieza que hago sobre masculinidades y en esta, a mi me quedó más claro que es de dos. Respeto a las mujeres que han decidido trabajar en grupos y segregar a los hombres, pero creo que al final de cuentas no se puede, creo que es de ambas partes, tenemos que buscar una reconciliación, porque sin la una ni la otra es muy difícil, vivimos en una sociedad donde hay mujeres y hay hombres y hay disidencias. Entonces si no podemos convivir, es muy difícil, es muy, muy complicado.
Hay una autora que se llama Bell Hooks, una mujer afro americana que tiene un libro que se llama El deseo de cambiar en el que expone que desde hace mucho tiempo en las diferentes alas del feminismo, se le ha echado la culpa al hombre de todo lo que nos ha pasado, pero estamos olvidando que es de dos, que no podemos seguir solamente trabajando en grupos de mujeres pensando que los hombres están allá, trabajando, porque ni siquiera está pasando eso, lamentablemente, si no regresamos la mirada, a pensar que somos dos partes, que somos mujer y hombre en principio, estamos condenandonos un poco a vivir aislados, a vivir en las islas. A mí esa reflexión me dio mucha tranquilidad, era un tema para mí, si voy a abordar el tema de las masculinidades en esta segunda pieza, en este contexto dije, ¿Qué tanto son nuevas masculinidades?, ¿qué tanto ya existen?, y ¿cómo se relacionan con los feminismos en este momento?.

Para mí tuvo otra vez mucho sentido volver a la familia en la obra, hablar del núcleo, del origen, la base de la sociedad, que desde ahí viene, desde la casa, y esa es la propuesta, ese es mi discurso en este proyecto, regresar a buscar en la genealogía familiar qué es lo que ha pasado, por qué estas ausencias se han perpetuado y han enfermado a familias, pero a la sociedad también.
Y ahora, por ejemplo, con todo lo que pasó con el asesinato de este chico en el CCH, los grupos INCEL y la machosfera vuelvo a decir wow, cuando yo pensaba que esto ya lo estábamos superando, porque de verdad, Salvador, por momentos digo, ¿Tendrá sentido lo que estoy haciendo, tendrá pertinencia? cuándo veo, cuándo leo esto, digo, ¡Sí!, tiene todo el sentido porque este es el resultado, toda esta ausencia paterna, pero también está ausencia de los vínculos, por ejemplo en estos chicos en los grupos INCEL, cómo es posible que no podamos relacionarnos, que no podamos vincularnos, y no hablo ya solamente entre hombres, sino entre mujeres y hombres. A mi se me hace durísimo hoy, y es lo que trato, de poner esa semillita en la piedra, cómo podemos volver a crear estos vínculos rotos, pero que creo que todavía hay posibilidad de volver a reestructurarlos, por eso también está apuesta por la reconciliación al final de la pieza, dónde siento que, si no nos perdonamos, no va a haber nada, no podremos transformarnos.
Yo si estaba muy enojado, muy encabronado con mi papá porque dije, me abandonó cuando yo más lo necesitaba, cuando yo tenía mas preguntas, cuando quería una guía, pero mi papá no tenía herramientas, no tenía maneras, bien lo dices, cuando había fiestas familiares y había un poco de alcohol de por medio, ahí medio que se soltaba, pero para mí era horrible, yo no voy a hablar contigo así papá, estás borracho, se te va a olvidar mañana, se te va a olvidar, y yo no quiero eso.

Y poco a poco, poco a poco fui entendiendo que era hijo de su época, hijo de su contexto, y que, más que seguirle reprochando, había que reconciliarse a través del perdón, hay muchas formas, pero a mí me hizo muy bien, a mí me hizo curarme de ese odio que yo tenía con mi papá, porque no estuvo. Y mis tíos igual, yo decía, Pero no puedo platicar con ninguno, y lo mas triste era ver a mis primos, de mi generación, pensaba, Crecimos juntos, ¿dónde estás?, ¿dónde están? y todo el mundo ocupado, por el trabajo, por la vida en pareja. Sí, pero no podemos perdernos de esto, porque es, insisto, una base, si no, ¿con quién vas?, ¿a quién acudes cuando te sientes solo, cuando quieres platicar?.
Vuelvo al asunto de los feminismos, ahí es donde digo, Auch, hay mucho que aprenderles en el sentido del trabajo en grupo, de buscar alianzas. ¿Por qué los hombres no podemos reunirnos?, por qué no podemos decir, Oye, te invito un cafecito. Te invito, ¿a que? a platicar para saber cómo estás. ¿Por qué siempre tiene que estar mediado por trabajo, o alcohol, o un compromiso social, un partido de fútbol?. Así está muy difícil, muy, muy difícil y es un poco lo que trato de retratar en Acordes…

Contestando a lo que decías hace rato, si es una suerte de auto ficción, de carta a mi papá y a las masculinidades de generaciones atrás. También pensaba mucho cuando la hacía, según yo, esta dirigida a jóvenes porque creo que hay algo también de la masculinidad hegemónica que tiene que ver con cumplir, que tienen que ver con el mandato de las tres pés: Producir, Proveer y Proteger, y con mantener ese estatus quo.

¿Cuál es el final de esta historia en un sentido aristotélico?, ¿a dónde va a desembocar?, por mucho tiempo pensé que tenía que ver con algo muy realista. Ese personaje que es mi alter ego, sí estudió música, se dedicó a ella, también estudió arquitectura y conjunta estas dos profesiones porque la vida en el 2026 es un poco así, hay pocas personas, a menos que seas Natalia Lafourcade o que seas Juan Gabriel, que solamente se dedican a estar creando canciones, hay esos casos muy afortunados, pero viendo mi vida y la vida de mis compañeras, compañeros, de mis colegas, todos nos dedicamos a hacer un montón de cosas, damos clases, producimos, tenemos mil otras chambas para poder seguir haciendo teatro o música, nuestro proyecto, para acompletar el gasto, pagar la renta. Y me quedé mucho tiempo en eso, hasta que dije, no, no, no, creo que esta obra es justo la posibilidad de reimaginar o de reinventar como me hubiera gustado, y cómo me gustaría que en el presente fuera esta vida, y siento que una de las cosas que hace, o que ha hecho las mandatos de masculinidad hegemónica, es encasillarnos, encajonarnos: ¡Tienes que trabajar!, es ahí, es producir, estar ganando dinero, y no, creo que no siempre es así, creo que sí se puede vivir de lo que uno sueña, de lo que uno desea, y de lo que está trabajando, por eso es que al final para mí fue una vuelta de tuerca donde dije no, no, este personaje sí cumple su sueño, si se dedica a hacer música y a hacer teatro, porque de otra manera sentía que era un poco la misma historia, repetir lo que le había pasado a mi papá, lo que le había pasado a mi abuelo y a los hombres de mi familia, que no pudieron hacer otra cosa, y no porque no quisieran, sino porque detrás de eso había una carga y una presión social muy fuerte que les impidió hacerlo.
A mi papá le pasó eso, varios años de su juventud, de su adultez, cuando llegó a vivir a la ciudad, él es de Michoacán, actuó en dos o tres obras y quería seguir haciendo teatro, pero no podía, no había forma porque era demasiada incertidumbre económica…

Además es cierto porque es muy inestable en cuanto a seguridad económica, pero también estaba súper estigmatizado, ¿cómo te vas a dedicar al teatro? eso es de maricones, cualquier actividad artística, ¿cómo vas a cambiar los guantes de box por las zapatillas de ballet?, como en Billy Elliot, y era igual para mujeres y hombres.
Sí, tiene que ver con esto del género que te decía, no me gusta repetirlo mucho porque siento que es reduccionista, pero si es del patriarcado, porque a las mujeres, justo, como que le diste al clavo, una mujer quiere ser karateca o futbolista. ¿Cómo?, no, eso no es de mujeres, y viceversa, y todavía pasa. ¡No puede ser que nos siga pasando esto!... …como sociedad quedamos muy mal librados… …y es super feo, súper triste, y tiene unas consecuencias terribles.

Que lo estamos padeciendo, de hecho, esos machismos exacerbados, y de repente le dieron la vuelta a la tortilla y muchas feministas exacerbadas, en lugar de pensar, Vamos a estar en paz ¡todos!. Dijeron tanto nos han jodido la existencia, que viene nuestra revancha y llegó el hembrismo, lo mismo, pero polarizado. Y entonces es la superioridad de un género sobre otro y no va por ahí, conozco una frase que condensa el ideal de pareja y mas allá. No te adelantes, que no podre alcanzarte, ni pretendas seguirme, que no sabre guiarte. Mejor caminemos. ¡Caminemos juntos!. Creo que así debe de ser, y no la superioridad de uno sobre otro. Creo que muchos jóvenes hombres ya lo han entendido, y es bellísimo ver en el transporte público a hombres jóvenes cargando a su bebé, con su pañalera. Esto en los tiempos de tus papás, de los míos, ¿Cómo un señor iba a cargar a su bebé, cambiarle el pañal, darle de comer?, lo que dices los que salían buenos maridos eran buenos proveedores, y la mamá se encargaban de la educación de los hijos, y el patriarcado se torno en matriarcado.

Me encanta tu puesta en escena, es la primera vez que veo una obra en el jardín de La Capilla. ¿Básicamente la representas en jardines?
No necesariamente en jardines, la diseñamos Lilie Kavetz, la codirectora, y yo para espacios abiertos. Pensamos en este concepto que hay en el performance que es in situ, es decir, que se pueda adaptar al espacio, y a lo que vive ahí, no solamente al espacio sino como es la comunidad que está ahí, si hay un árbol que árbol es y jugar un poco con eso, etcétera.
Intervienen el espacio y es bien bonito.
Justo ese es el proyecto, trabajar con el espacio, y no imponernos, entonces hemos estado en un jardín como el de La Capilla, estuvimos en Mérida en un parque muy grande, ahí, que es el tropico, había puentes, unos arbolotes, me trepé al árbol y estuvo muy chistoso. Estuvimos en el CNA en las áreas verdes, y ahí fue más como una narración, como estos cuentos alrededor de la fogata, más pequeño el formato. Hemos estamos jugando con los espacios, pero sí está diseñada para espacios al aire libre, espacios abiertos.

Que no quiere decir que no se pueda representar en espacios cerrados, supongo. Aquí aplica aquello de que, A la tierra que fueres, has lo que vieres.
Sí justo, no tenemos ningún problema en hacerlo en salas, pero yo estoy muy clavado con eso, creo que tiene que ver con mi historia, con mi infancia, soy de los 90s, como muchos niños de esa generación crecímos con el tema de que teníamos TDA, a mi me costaba mucho trabajo meterme a un teatro y estar más de una hora sentado en la butaquería con la luz apagada, entonces desde que empecé a hacer mis obras, deliberadamente, conscientemente, dije, Yo quiero brindarle a las infancias, a los jóvenes y a las personas en general, libertad de poder moverse, de ir a ver un espectáculo, una obra, con la libertad de que si necesitan estirarse, lo hagan; si necesitan comentar algo, comenten; que sea un espacio más abierto, y es tambien por eso que a mí me gusta hacer teatro en espacios abiertos, un poco entre teatro de calle, un poco coqueteando con el performance, con el concierto también. Es esa mi necedad, que poco a poco voy transformando en algo artístico escénico.
Disfruto muchísimo estar en una sala con las luces, es hermoso, pero tiene un encanto para mí jugar con la luz del día, con los espacios naturales, con el clima, con la interacción, y con la posibilidad de mirarnos.

La función que yo vi, no sé cuántas ha hecho, pero que estuviera tu papá en escena acompañándote fue excelente, o sea que esos acordes sí le llegaron al alma a tu papá y se dio el reencuentro
Si, fue super lindo, fue bellísimo el encuentro con mi papá, y solo dimos esa función juntos, la última de la temporada 2025 en La Capilla, y ahorita tenemos el proyecto de irnos al pueblo, a Tlalpujahua, que es una belleza, y tener esas dos versiones de la pieza, el unipersonal, y donde mi papá nos acompaña, donde mi padre está en escena también.

Tengo otra pieza, El viaje de Tadeo y también lleva música en vivo, estamos una arpista y yo, y la hacemos en espacios abiertos, pero nos hemos tenido también que adaptar a salas, y no es lo mismo, por más que adaptamos, hemos subido a la gente, lo hacemos arriba para tener esta cercanía que a mí me gusta, pero no es lo mismo, hay algo, no sé, un código, que creo que es cultural, que en cuando llegamos a un teatro y vemos butacas y luces apagadas, nos desactivamos, es como, Aquí no hay que hablar, aquí lo que vamos a hacer es a mirar lo que está allá sucediendo allá arriba, y es muy triste, a mi como creador no me funciona, no me gusta.

¿Y como fue la génesis de El viaje de Tadeo?
Comencé a escribirla a principios de 2018, cuando llegué a vivir a Santiago Tuxtla, Veracruz. La obra surgió de la necesidad de contar la historia de Tadeo, un personaje que cobró vida gracias a un cúmulo de experiencias que viví durante mi niñez y adolescencia, cuando en la escuela me pusieron el apodo del “raro”. Yo era un chico tímido y solitario que no encajaba en el molde convencional de la popularidad. No me interesaba competir para ser el más admirado, atraer la atención de las chicas del salón, obtener buenas calificaciones para salir en el cuadro de honor o enfrascarme en peleas con otros compañeros a la salida de la escuela. En lugar de eso, encontré refugio y compañía en los libros, la música, pasear por la ciudad y descubrir nuevos lugares como iglesias y bibliotecas de la Ciudad de México.

Cuando comencé a ser joven, las dificultades que experimentaba para conectarme con otros hombres se intensificaron. No obstante, la comunicación con mi propio padre, como ya te comenté, fue la que más se deterioró. El diálogo entre nosotros se volvió hostil y conflictivo, y eventualmente se detuvo por completo. Percibía a mi padre constantemente enojado y con dificultades para expresar sus emociones, lo cual me alejaba aún más de él.
Ante las situaciones de violencia y exclusión que viví por parte de otros hombres, como el señalamiento de “marica”, “rarito” o “afeminado”, el refugio era mi madre. Ella se convirtió en mi confidente y bálsamo, un lugar seguro donde podía hablar abiertamente sobre mis sentimientos y temores. Mi madre respondía a mis decenas de preguntas y dudas que me surgían, tales como: ¿soy raro?, ¿qué es ser normal?, ¿qué es lo femenino y lo masculino?, ¿qué pasa si siento que soy masculino y femenino al mismo tiempo?, ¿por qué los hombres no se pueden dejar el cabello largo?, ¿los hombres no se pueden maquillar?, ¿quién decide sobre eso? Estas interrogantes se volvieron cada vez más frecuentes con el paso del tiempo y me sumergieron en una profunda crisis de identidad.

Un día, durante uno de mis tantos paseos por la ciudad, conocí a un joven jaranero que tocaba y cantaba con un espíritu de libertad que me cautivó. Me acerqué para conocerlo y preguntarle sobre aquella música. El músico habló un poco de él y un tanto sobre el son jarocho. Me dijo que si realmente quería aprender a tocar, debía ir a Santiago Tuxtla para formarme con los viejos músicos en los fandangos.
Este encuentro cambió por completo mi vida. Recordé que desde niño había soñado con ser músico y viajar para conocer la música de mi país. Después de hablar con el joven jaranero, sentí que por fin había encontrado mi camino. Decidí seguir su consejo y viajar a Santiago Tuxtla para aprender a tocar son jarocho. Esa es la génesis de El viaje de Tadeo, que presentaré el 28 y el 29 de marzo.

Escrita en 2021 por el dramaturgo y actor Gonzalo Herrerías, El viaje de Tadeo se conformó como equipo de trabajo invitando a participar a la directora Martha Mega y a la compositora y arpista Alejandra Paniagua, para realizar la música. Ese mismo año fue estrenada en el Club Cultural Tierra-Luna en Xalapa, Veracruz; y posteriormente fue seleccionada por el programa Alas y Raíces en la categoría de Narración y Tradición Oral, ofreciendo 12 funciones en Xalapa, Veracruz y la Ciudad de México. Desde entonces se ha presentado en diversos foros, espacios y centros educativos en los estados de Veracruz, Oaxaca, Michoacán, Campeche, Estado de México y Ciudad de México. En 2023, la obra fue seleccionada en el programa de Teatro en Plazas Públicas, Teatro en tu Barrio del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, presentándose en 16 diferentes espacios de las alcaldías de la CDMX. En 2024 fue seleccionada en la programación artística del Centro Nacional de las Artes, el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario y Rutas Escénicas Estatales, Helénico en Los Pinos.
Hace tiempo dejé de creer todo lo que pensamos, decimos y hacemos los adultos, concluye Herrerías, creemos saberlo todo y tener siempre las respuestas “correctas”.
Creo que es urgente buscar desde y con las infancias y adolescencias otras formas de nombrarnos y narrarnos, que coadyuven a la construcción de narrativas de la masculinidad incluyentes que integren a todas las personas, dejando de lado discursos homofóbicos y heteronormados.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Muy recomendable.

El viaje de Tadeo. De Gonzalo Herrerías.
Dirección: Martha Mega.
Actuación: Gonzalo Herrerías.
Música: María Urbina.
Sábado 28 de marzo, 14 horas; Domingo 29 11 horas.
Bunko. Orizaba 37, Colonia Roma Norte.




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