top of page

Soy ese niño que no me deja en paz. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 29 sept 2023
  • 5 Min. de lectura

Entre tendederos, visitas a la recaudería, a la tortillería, clases en la primaria y juegos de infancia, en un México que ya no existe, La cueva de las orquídeas espectáculo escénico musical, aborda la metamorfosis de un grupo de seis púberes y del barrio en que viven.

Aguaceros, polvaredas y jícamas con chile, al lugar llega Elena, la nueva maestra de sexto que revoluciona todo, desde la forma de enseñar hasta la convivencia entre vecinos.

Erick, uno de sus alumnos, se enamora de ella y todos en su grupo se dan cuenta de lo que sucede. Es el momento en el que entienden que están dejando de ser renacuajos y ha comenzado la metamorfosis para albergar la resistencia del sapo y la belleza y fragilidad de la rana.

La cueva de las orquídeas es un emotivo abrazo a la infancia, es asumir, como diría el enorme Julio Castillo, “Soy ese niño que no me deja en paz”, con todo lo gozoso y doloroso que esto implica. La puesta en escena utiliza música e imágenes que evocan momentos de infancia.

A partir del cuestionamiento: ¿Recuerdas lo bien que la pasabas con tus vecinos cuando estabas en tu etapa de infancia?, para la compañía Colectivo El Arce, éste es un espectáculo musical que aborda la división entre las etapas de crecimiento, tanto de las personas como del barrio en las que se vive.

Aromas, colores, texturas, sabores, la puesta en escena de Ignacio Escárcega, es absolutamente sensorial, conmovedora, divertida y reflexiva.

"El tiempo fugaz que convierte a una calle en vía rápida, a un afecto en otro; la metamorfosis de un grupo de adolescentes que son como renacuajos, en quienes cohabitan la resistencia del sapo y la belleza y fragilidad de la rana", refieren los integrantes del colectivo.

Para Ignacio Escárcega, La cueva de las orquídeas es una serie de postales escénicas de infancia y pubertad, que fueron una provocación común en todos los integrantes del elenco.

“Recreamos música, aromas, sensaciones, sonidos, convivencias, complicidades que se juraban para toda la vida, ausencias que pesan", señala Escárcega.

La cueva de las orquídeas, que se presenta en su último fin de semana en el Teatro Sergio Magaña, es un espectáculo del dramaturgo Alberto Castillo, con la dirección musical David Almaga.

Para Ignacio Escárcega, su director escénico, la obra es interesante porque despierta la memoria: “los adultos siempre tenemos ganas de hablar con el niño que fuimos, con el que le gustaba salir a la calle sin límite de tiempo, al que le gustaba hacer juegos imaginarios en cualquier lado. La obra es un buen espacio para dialogar con nuestro niño interior, en ese sentido y con ese ánimo los invitamos para que se animen a venir.”

La misión del Colectivo Escénico El Arce es: Crear y fomentar un arte escénico donde florezca la creatividad, el compromiso, la disciplina, el rigor, la indagación y el buen humor, a través de espectáculos dinámicos, que cuenten historias reconocibles y provoquen pasajes emocionales en los espectadores.

Es un colectivo escénico capaz de estrenar y sostener obras en repertorio para su circulación dentro y fuera del país, de resolver producciones por encargo, así como construir y habitar un espacio propio de trabajo donde además de la exhibición se realicen actividades de formación, retribución social y perfeccionamiento en artes escénicas, acordes con las líneas expresivas mostradas en las puestas en escena.

Ignacio Escárcega.



El colectivo, formado en la Ciudad de México en 2013, conecta con la sociedad a través de sus espectáculos y también ha desarrollado actividades de impacto social como teatro penitenciario; con Casa Calabaza.

La Plaza de Santa Catarina, en Coyoacán, en la Ciudad de México, fue el sitio ideal para que un pequeño grupo de actores, bailarines, músicos, dramaturgos y diseñadores decidiera conformar el Colectivo Escénico El Arce hace poco más de diez años, en febrero de 2013.

Por iniciativa de Ignacio Escárcega, su director e impulsor, se reunían debajo de un arce, el cual, además de un nombre fuerte, posee madera flexible y da buena sombra. Recurriendo a la metáfora arbórea, decidieron autodenominarse así en términos del encuentro con el público y de una convivencia de calidad en un espacio amable.

El maestro Escárcega recuerda que el colectivo inició con seis personas: Camila Villegas, Verónica Maldonado, Luis Eduardo Yee, Isael Almanza, Paloma de la Riva y él mismo. De esa manera, iniciaron una exitosa trayectoria que hasta ahora cuenta con varios espectáculos y temporadas en más 20 recintos diferentes, tanto públicos como privados.

“Germinó por la inquietud de crear espectáculos dinámicos, de contar historias reconocibles que provocaran pasajes emocionales de trascendencia intelectual en los espectadores”, afirma Escárcega.

Desde el inicio, sus integrantes decidieron crear historias con las cuales el público pudiera identificarse, después de detectar que muchas producciones escénicas son realizadas por y para la gente de teatro, lo cual abre una brecha entre esta y la ciudadanía.

Así, los iniciadores se asociaron e intentaron establecer procedimientos de trabajo para hacer horizontal la experiencia escénica. Esto, explica el director, radica en unirse entre todos, abordar un tema, explorarlo y, a partir de esa indagación, generar lo que ellos llaman un protozoario escénico: una primera aproximación hacia un posible resultado.

A partir de ahí, han generado espectáculos, una veta fundamental; pero también han abocado grandes esfuerzos al impacto social. Han acercado sus espectáculos a grupos de los Institutos Nacionales de la Juventud (INJUVE) y de las Personas Adultas Mayores (INAPAM).

También han desarrollado actividades a través del Programa Nacional de Teatro Penitenciario, uno de cuyos resultados fue Casa calabaza, escrita por María Elena Moreno, dirigida por Isael Almanza.

Estrenada a finales de 2016, Casa calabaza se ha presentado en distintos espacios como la Muestra Nacional de Teatro, en giras por Italia y Alemania. “Es un proyecto que pensamos ejemplar porque conecta todo sobre lo reconocible, la búsqueda y el impacto social”, puntualiza.

Además de Casa calabaza, tienen otros proyectos vigentes: La cueva de las orquídeas, de Alberto Castillo y dirigida por Ignacio; La certeza del amanecer, de Luis Eduardo Yee y dirigida por Alejandra Aguilar; Piel de mariposa, de Jimena Eme y dirigida por Isael Almanza; una importante obra para niños: Yaya quiere jugar fútbol, de Camila Villegas y dirigida por Isael, o Señora Kong, escrita y dirigida por el propio Escárcega.

El Arce cuenta con 40 integrantes entre directores, actores, dramaturgos, productores ejecutivos, promotores, diseñadores escénicos y gráficos, músicos, fotógrafos y asistentes.

La cueva de las orquídeas es un viaje a la memoria a los barrios que habitamos cuando éramos niños. Es una obra que hace reír, recordar y llorar.



El teatro es de todos. ¡Asista!


Absolutamente recomendable. Imprescindible.



La cueva de las orquídeas. de Alberto Castillo.

Dirección: Ignacio Escárcega.

Cía. El arce colectivo escénico

Actuación: Karen Alicia, David Almaga, Virginia Mares, Leilani Ramírez, Verónica Ramos y Fernando Sánchez C.

Asistente escénica: Corina González.

Espacio e iluminación: Tenzing Ortega.

Diseñadora de vestuario: Teresa Alvarado.

Productora ejecutiva: Casandra Huerta.

Asesoría en movimiento: Isael Almanza.

Asesoría en objetos: Xareny Orzal.

Autor de la canción La cuevita: Miguel Jiménez.

Viernes, 20 horas, sábado 19 y domingo 18 horas. Hasta el 1 de octubre.

Teatro Sergio Magaña. Sor Juana Inés de la Cruz 114, Col. Santa María la Ribera.


 
 
 

Comentarios


bottom of page