Sin palabras las cosas dejan de significar. Texto: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 15 jul 2023
- 5 Min. de lectura

Inspirada en el ataque terrorista del bar gay Pulse de Orlando (EE.UU.) en junio de 2016. La golondrina reúne a dos personajes, Amelia, cuyo único hijo fue una de las 49 víctimas, 16 de ellas portorriqueños, y Gustavo. La primera, una severa profesora de canto, recibe en su casa a Gustavo, quien desea mejorar su técnica vocal para cantar en el memorial de su madre fallecida recientemente. La canción elegida tiene un significado especial para él, La golondrina, y, al parecer, también para la mujer quien, a pesar de su negativa inicial, accede a ayudar al joven alumno. A medida que la clase avanza, los dos personajes van desvelando detalles de su pasado, profundamente marcado por un atentado terrorista de signo islamista que sufrió la ciudad el año anterior. El significado real de ese ataque, las motivaciones del terrorista y la alargada sombra de sus víctimas provocan un enfrentamiento entre ambos, que los lleva a descubrir la verdad sobre aquellos terribles acontecimientos. Esa verdad les obliga a reflexionar sobre sus propias identidades, la aceptación de la pérdida y la fragilidad del amor, desnudándose hasta tal punto que sus destinos quedarán unidos para siempre en un canto común a la vida.
Ramón, que era novio del hijo de Amelia, y lo vio morir, detalles de los que la estricta mujer se entera en esa extraña visita.

La obra, que debutó en España en 2017 con Carmen Maura, quien también la llevó a Francia, provoca risas al principio, pero es un camino que relaja al público para el desarrollo de la intensa trama en que se desvelan secretos de un pasado que une a sus protagonistas más de lo que creen.
La risa da la oportunidad al espectador de distanciarse de la situación emocionalmente. Si como espectadores no pudieran tener esos momentos en la historia y la contempláramos en primera persona todo el tiempo, sería una tortura.

Ramón llega hasta Amelia con la falsa excusa de tomar clases para cantar bien el tema que eligió para un memorial a su madre, pero en realidad, Ramón sólo quería acercarse a ella para hablar de su hijo; después, sostiene con ella una discusión que parece una olla de presión a punto de estallar, en la que Ramón busca encarar la realidad de que el tiroteo en el bar fue en específico contra la comunidad gay.
Amelia prefirió ignorar que su hijo era homosexual, incluso cuando éste se lo confesó, poco antes de ir al bar donde pidió a Ramón que se casaran minutos antes de perder la vida de forma violenta.

"Es una emotiva historia que nos invita a reflexionar y a cuestionarnos ¿Qué es lo que nos hace humanos? De todo aquello que somos y hacemos, ¿qué define realmente nuestra humanidad?", ha señalado el autor de la obra, quien escribe teatro para ser representado, sobre conflictos representables y eso hace que sea un tema universal.
Para Amelia, una madre herida en lo más profundo de su alma, la respuesta está en el dolor. Lo que realmente nos hace humanos es la capacidad de sentir como propio el dolor de los demás. Eso es lo que nos diferencia de las bestias, dice. Y ese es el sentimiento que recorre la espina dorsal de La golondrina, de Guillem Clua.

La obra es protagonizada por la primera actriz Margarita Sanz, como siempre, infalibe, dando cátedra de actuación, en funciones alternadas con Germán Bracco y Alejandro Puente, este último, que fue a quien esto escribe vio, dando buena replica a la muy experimentada y talentosa actriz.

La golondrina es una desgarradora historia que reflexiona sobre las identidades, la aceptación de la pérdida y la fragilidad del amor en la que dos caminos unidos por el dolor, la pérdida y una deteriorada comunicación familiar se cruzan.
Un melodrama contundente, en donde, a medida que “la clase” avanza, el pasado surge y un ataque terrorista ocurrido un año antes conmociona la reunión.
¿Cuál es el significado real de aquel ataque que altera el primer encuentro de dos personas supuestamente desconocidas? Una verdad que les obliga a reflexionar sobre sus propias identidades, la aceptación de la pérdida y la fragilidad del amor, desnudándose hasta tal punto que sus destinos quedarán unidos para siempre en un canto común a la vida.

Dirigida por Alonso Íñiguez en su versión mexicana, La Golondrina es un fenómeno internacional que trata de comprender e intenta buscar una salida de todos los estragos, el horror y las consecuencias que deja una tragedia provocada por el desprecio irracional, misma de la que todos somos víctimas, pues nos enfrenta ante la misma encrucijada: odio o amor. Nuestro mundo depende de la dirección que tomemos.
Sin palabras las cosas dejan de significar, se afirma en la obra, en la que, también, se hace alusión al célebre poeta granadino Federico García Lorca, víctima de un crimen de odio por su condición homosexual, y sus Sonetos del amor oscuro.

Guillem Clua es licenciado en periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, inicia su formación teatral en la London Guildhal University en 1994 y en la Sala Beckett de Barcelona. Su primera obra, Invisibles, gana el prestigioso Premio de Teatro Ciutat d’Alcoi en 2002, año en que adapta para la escena Muerte en Venecia de Thomas Mann. Su pieza La piel en llamas logra el Ciutat d’Alcoi por segunda vez y el Premio de la Crítica de Barcelona al mejor texto de 2005. Desde entonces, ese texto se ha estrenado en más de 15 países, incluido el Centro Dramático Nacional (2012). Clua ha escrito, entre otras, El sabor de las cenizas (2006), Marburg (2010), La tierra prometida (2011), Invasión (2012), Smiley (2012), La revolución no será tuiteada (2013), adaptaciones de clásicos como La Ilíada (2016) y La Revoltosa (2017), y los musicales Killer (2011), Ha pasado un ángel (2013) y 73 razones para dejarte (2015). También ha aportado textos o colaborado en dramaturgias de espectáculos de teatro-danza como Cenizas (2014) o En el desierto (2015). Algunas de estas obras cuentan con su propia dirección escénica.
Sus últimos textos son Al damunt dels nostres cants, con el que se convierte en el único autor que ha recibido el Ciutat d’Alcoi en tres ocasiones; Barro (Mapa de las ruinas de Europa I), un relato épico sobre la I Guerra Mundial; y L’oreneta.
Clua también tiene una larga experiencia como guionista en series de televisión como La Riera, El cor de la ciutat (TV3) y Estoy vivo (TVE) entre otras.
Autor formado en el Obrador de la Sala Beckett, donde ha cursado numerosos talleres y seminarios.
Clua ha adaptado para el cine sus propias obras La piel en llamas, Invasión y Al damunt dels nostres cants, y convirtió a Smiley en una serie para Netflix (2022).
Sus últimas películas son La niña de la comunión y la adaptación para la gran pantalla de Los renglones torcidos de Dios.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

La golondrina, de Guillem Clua.
Dirección: Alonso Íñiguez.
Actuación: Margarita Sanz, Alejandro Puente y Germán Bracco (en participación alternada).
Viernes, 20:45 horas, sábado,17 y 19:30 horas, domingo, 17 y 19:30 horas. Hasta el 30 de julio.
Teatro Milán. Lucerna 64, Colonia Juárez, Metro y metrobus Auditorio.
* Fotografías de Ady Reyes, cortesía de la producción.




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