Reírnos de ellos, y junto con ellos. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 8 abr 2024
- 15 Min. de lectura

André Breton llegó a México el 18 de abril de 1938. Durante su estancia de cuatro meses viajó por Nuevo León, Michoacán, Jalisco y Ciudad de México. Fue en la capital del país donde, en compañía de Diego Rivera, visitó la Universidad Nacional Autónoma de México y acudió a diversas exposiciones. Al ser huésped de Rivera y Frida Kahlo, conoció a León Trotski en la Casa Azul.
Declarado por Breton como el país más surrealista del mundo, a México llegaron importantes representantes de esta corriente, como Antonin Artaud, César Moro, Wolfgang Paalen, Eva Sulzer, Alice Rahon, Kati y José Horna, Remedios Varo y Leonora Carrington, y algunos de ellos se quedaron a vivir aquí para siempre.
Esto le dio un particular toque a México, que sirvió de refugio a muchos escritores y pintores surrealistas que migraron a partir de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, por esos azares del destino se convirtió en el país surrealista por excelencia.

Otro de los frutos de la visita de Breton a México fue la redacción conjunta del manifiesto Por un arte revolucionario independiente, cuya autoría compartió con Trotski, pero que, por razones tácticas signó junto con Rivera para hacerlo público el 25 de julio de 1938.
La fecha más importante del periplo de Breton en nuestro país fue el 25 de junio, cuando se presentó en el Palacio de Bellas Artes para leer la ponencia Perspectivas del surrealismo y protagonizar una lectura de poesía junto con Xavier Villaurrutia, quien hizo la traducción.

Justo a partir de esta efeméride, inicia El viaje de Breton obra de teatro, idea original de David Psalmón, también director y actor del montaje, con dramaturgia de Guillermo León, en la que para Bretón en su viaje a México nada sale como estaba previsto en “el país más surrealista del mundo”, y se embarca en un viaje de lo más inesperado, en una sucesión de encuentros delirantes con los personajes más imprevisibles como León Trotsky, Frida Kahlo, Remedios Varo, Siqueiros, Antonin Artaud y Pancho Villa, entre otros. Cuando lo que se espera no puede suceder, comienza lo que debe de imaginarse, más allá de la realidad. Y quien venía a “enseñar” el surrealismo termina en un viaje que revolucionará su visión y arrojará, quizás un nuevo sentido a su existencia.

Conversamos con el principal artífice del proyecto, quien ha anunciado que con esta puesta en escena, se retira de la dirección.
David, ¿es casualidad, causalidad, está absolutamente programado, no creo que sea accidental, que la obra con la que, yo prefiero decir que haces una pausa en la dirección, y no un retiro definitivo, es la obra que habla sobre el viaje de un ilustre francés a México?.

Cuando inicié el proyecto, porque arranqué con la voluntad de hacerlo hace como dos años y medio, sabiendo que venían los cien años de la publicación del Manifiesto, quería hacer algo sobre el documento, y cuando estuve desarrollando la propuesta en colaboración con Guillermo León, el dramaturgo, en verdad no tenía la intención de dejar la dirección escénica. Digamos que es una idea que ha rondado mi cabeza desde hace ya varios años porque me he sentido muy agobiado, agotado, un poco generando proyectos, no si se por obligación, pero un poco como una especie de maquinaria que parece que va mas rápido que tu, y no te preguntas demasiado si realmente quieres hacer una obra mas, pero la haces porque la tienes que hacer, y en el transcurso del desarrollo de este proyecto es cuando senti que efectivamente era tiempo de detenerme. Y tienes razón, ahora cuando lo pensamos a la luz de lo que la obra arroja en la trayectoria de Bretón, ese francés en México, parecería que no es una coincidencia, no es premeditado, pero quizás inconscientemente algo en mi se desarrolló al realizar ese proyecto y pensé que era un proyecto adecuado para marcar esa pausa.

Ojalá que sea una pausa. Sí llega un momento en el que todos nos sentimos muy agobiados, cuando el trabajo no tiene una retribución y no nada más hablo en términos económicos, sino en otros sentidos. Entiendo perfectamente tu sentir del momento.
Hay una frase que puse y que creo que resume bien mi postura que es: Cuando las frustraciones son mayores a las satisfacciones, es tiempo de detener la maquinaria.

Es como cuando uno esta muy enamorado, pero te das cuenta de que el amor no es suficiente, entonces lo mejor es cortar. ¿Cómo fue el proceso del viaje de Bretón?
Inicialmente tenía la intención de generar el proyecto con artistas franceses, quería que fuera una creación Franco Mexicana, intenté levantar el proyecto con unos compañeros en Francia que conocí casualmente, hace relativamente poco, porque, la verdad es que hice toda mi carrera en México. Llegué en el 2000, tenía 26 años cuando llegué a México, había hecho algunas cosas en Francia, relativamente poco, por obvias razones.

Entonces traté de levantar ese proyecto con unos francés hace como dos años, dos años y medio, y las condiciones desafortunadamente no se dieron. Entonces decidí que de todos modos quería hacer algo sobre el aniversario del Manifiesto de Bretón e invité a Guillermo León a que me acompañara en el proceso de escritura, porque yo soy un generador de proyectos, se me ocurren cosas, pero no escribo. Hace ya bastantes años que estamos acostumbrados a que los procesos de escritura, no son procesos previos al trabajo escénico, sino muchas veces se pueden hacer de la mano, y el escritor puede ser alguien que verdaderamente escribe en función de un deseo personal o colectivo, ya no es el ecritor que se encierra en su estudio, termina un texto, se lo da a un director que lo pone en escena. Ese esquema tradicional ya ha cambiado, por lo menos nosotros llevamos 12, 13 años trabajando así, y este fue el caso.
Entonces invité a Guillermo, que conoce muy bien la cultura francesa, ha vivido en Francia, es muy apasionado de esta época, tanto en Francia como en México, era la persona idónea para escribir al respecto.

La puesta en escena, por supuesto que es surrealista, es onírica, es delirante, y no podía ser de otra forma, para retratar el viaje de uno de los principales fundadores del movimiento surrealista.
Si, realmente quería que fuera un viaje, quería tratar de imaginar qué pudo haber pasado por la cabeza de este ilustre francés cuando llegó a México en el 38, y se enfrentó con una serie de situaciones muy delirantes, algunas que, obviamente, nos tomamos la licencia de imaginar y exagerar. Queríamos poner la cámara en la mente de este francés, la visión que tiene de este país, de su magia, de su extrañez, de lo diferente que puede ser para él.
Como lo comentabas al principio, de alguna forma yo estoy también en los ojos de Bretón, obviamente tengo mucho mas tiempo que él aquí, pero también reflejo mi propia experiencia y sensibilidad cuando llegué a este país que me fue maravillando y también violentando, para que negarlo, es un país que maravilla y violenta a la vez, entonces hay una especie de adecuación interesante entre Bretón y yo. Creo que Guillermo lo tiene muy consciente a la hora de escribir, también escribe para mi.

Cuando escribió este final de ese Bretón. que yo decidí, porque no está escrito así, decidí ponerlo en su lecho de muerte, ya viejito, por eso se pinta, y recordando este viaje a México que hizo hace muchos años. Este momento en particular a mi me toca mucho porque tengo la impresión de que soy yo viejito, recordando mis años aquí, y creo que Guillermo lo tiene bien conciente.
Creo que hay mucho de David Psalmón en El viaje de Bretón, de hecho, desde el sentido del enfrentamiento a otra cultura, a otra idiosincrasia.

¿Tú le propusiste cosas a Guillermo para el texto a partir de tu propia experiencia y de tu propio encontronazo con este país?
Cuando invité a Guillermo le entregué una escaleta que ya había hecho de la obra, con las escenas que me parecían pertinentes, los personajes que creía importante estuvieran presentes, algunos eran evidentes porque Bretón fue recibido por Diego y por Frida, conoció a Trotsky. Hubo un proyecto de escritura de un manifiesto, no del manifiesto surrealista, sino de uno por un arte revolucionario, que es un proyecto de escritura común con Trostsky y con Diego. Esos elementos, quería que estuvieran presentes. Quería que la obra tuviera también un cierto carácter, no histórico, en un sentido que no quería que fuera fiel a la historia, pero tampoco quería que estuviera desprovista de ciertas situaciones que tienen que ver con su viaje y por lo menos las personas que efectivamente encontró en México.

Y un elemento importante, quería que el humor fuera un elemento central, con todos los riesgos que eso implica, porque a veces el humor es una cosa muy cultural. Yo me he enfrentado, digo, Francia, país del humor negro, Bretón escribió un libro importante que se llama Antología del humor negro, a veces el humor negro a la francesa no es forzosamente entendido en México o en otros lados. Tomé algunos riesgos de poder, de alguna forma, desmitificar, desacralizar esos personajes y reírnos de ellos, y junto con ellos.

Si tomamos, quizá, la obra en ciertos aspectos, nada más en primer grado, podríamos pensar que nos burlamos de la chamana Pachita, por ejemplo, pero obviamente esta obra es un homenaje a México, y yo insistí mucho que hubiera una escena de Pachita, porque el libro de Jacobo Grinberg que escribió sobre Pachita es de los primeros libros que leí cuando llegué a México, de esa chamana impresionante que hacía operaciones materializando órganos. Es de las cosas que fascinaron a Artaud, los chamanes yaquis en Sonora. A mí la historia de esa chamana Pachita me pareció alucinante y quería que estuviera presente y que eso, de alguna forma, pudiera ser considerado como una forma de surrealismo, como lo entiende Artaud, porque para Artaud el surrealismo es eso. Artaud, el surrealismo lo fue a buscar con los tarahumaras, Artaud siendo uno de los principales integrantes del movimiento en sus principios, y luego expulsado como Bretón, porque Bretón de todos modos acabó expulsando a todos.

Para mí, ante todo, es un homenaje, pero es un homenaje a través del humor.
Ya me conoces, conoces mi trabajo, he hecho obras muy serias, muy densas, como Tártaro, obviamente, y esta vez quería regresar a la comedia, es una comedia que toca otras aristas, no es una comedia ligera y banal, pero quería regresar. como lo hice cuando monté Emigrados, de Mrozek, o La excepción y la regla de Brecht, que también monté a través de una postura donde el humor teníá un lugar preponderante. Quería regresar a eso, que son de alguna forma mis primeros amores, porque la comedia siempre me ha gustado, cuando la comedia es profunda, cuando toca las fibras sensibles. Por eso quería que esta obra fuera una comedia.

Como la comedia que creo tu ilustre paisano Moliere, incisiva, crítica, a diferencia de la comedieta banal, chabacana basada en el chiste vulgar y el albur.
Si, exacto. Hay una comedia de situación, basado en la incomprensión de ese personaje que todo lo que ve, lo califica como surrealista y quiere agua para su molino, porque él está en México esencialmente para buscar adeptos para el surrealismo, y todo lo que ve, sean los cuadros de Frida, sea esa sesión con la chamana Pachita, sea la diosa Cihuacóatl que se le aparece, todo para él es surrealismo y es absurdamente divertido verlo tratando de encontrar esos adeptos en un país que simplemente, no entiende. No lo entiende con los mismos códigos y lo lee como algo profundamente surrealista.

Me gusta mucho cuando Frida le dice, y eso es real, es histórico, cuando el le dice: Usted es profundamente surrealista, sin saberlo ha plasmado en su obra los principios del surrealismo, y el surrealismo es el universo de los sueños, del inconsciente. Y Frida le dice: Yo no pinto mis sueños, pinto mi realidad, yo pinto los chingadazos que me ha dado la vida. Yo pinto mi dolor.
Tu viste la versión corta, porque tenemos una versión larga. Había dos escenas mas que decidimos cortar porque la obra estaba muy larga, pero había una escena del Santo. Las películas del Santo ganaron un premio a mejor cine surrealista en San Sebastián, en España y cuando ganaron ese premio ellos dijeron: ¿Surrealista?, es totalmente realista. Para sus realizadores es cine realista. Hay una especie de diferencia de código de lectura. La obra es el recorrido a través de los ojos de ese francés, Bretón, que ve todas las cosas alucinadas y las califica de surrealistas, aunque para los mexicanos no lo son.

En efecto, no es una obra historicista, no vamos a una clase de historia, pero está llena de datos históricos reales y está poblada de una serie de personajes fuera de serie. Empezando por Frida y Diego, Trotski, que tú interpretas, Sigueiros, Artaud, el mismo Bretón, esos personajes reunidos en la realidad actual, tú nos lo regalas.
La verdad da mucha emoción dialogar, aunque sea a través de la ficción teatral, a todos estos personajes que decidimos reunir aunque, incluso, no pertenezcan, algunos, a la misma época, porque la chamana Pachita es mas tarde, son los 60’s, los 70’s, es surrealismo, y jugamos con los tiempos y la historia y entonces metemos cosas donde Frida, Diego, Trotski, Siqueiros, es el 38, es una época muy compartida, efectivamente, a todos ellos los conoció y luego empezamos a debrayar esa escena de la parodia de la entrevista de televisión, que es una parodia de Ventaneando.

Y que tal la escena de los mandatarios mexicanos, es maravillosa, una síntesis por los presidentes del último medio siglo mexicano, con un solo actor y en un breve tiempo, haces un recorrido por todo el absurdo presidencialismo mexicano, es surreal, y los mexicanos vivimos en ello.
Si, exacto, y quiero comentarte que la entrevista, efectivamente, es una parodia de Ventaneando, pero, sobre todo, el punto de partida inicial, es una parodia de la entrevista que Jacobo Zabludovsky le hizo a Dalí. Esta en YouTube, es para morirse de risa, porque Zabludovsky está siempre en primer grado entrevistando a Dalí y Dalí esta en su personaje, totalmente exaltado, riéndose, burlándose y jamás Zabludovsky entiende la ironía y el sarcasmo de Dalí, y se genera una entrevista muy, muy divertida, que es el punto de partida, y luego lo mezclamos, efectivamente, con ventaneando, ese programa de televisión muy banal donde Bretón se arranca los pelos porque nadie entiende lo que quiere explicar.

La obra tiene música, está la muerte presente, el folclor, están una serie de elementos que, efectivamente, conforman la cultura y la compleja idiosincrasia mexicana. Somos festivos, aparentemente nos burlamos de la muerte, pero no sé si hay otro país en el mundo con nuestro grado de necrofilia, en el sentido de los ritos mortuorios, los lutos y etcétera, en torno a la muerte. Y en la obra está presente también todo eso. La verdad has hecho una ensalada gourmet en la que están todos los elementos: la política, el arte, el “esoterismo” a la mexicana, hasta el chisme y el espectáculo de una manera surrealista.

Hasta la rifa del avión presidencial, que es el acto moderno más surrealista. Yo cuando les comentaba a mis amigos que estaban rifando el avión del presidente de la república. La gente decía ¿qué?, ¿estás bromendo?, ¿pero cómo?, ¿cómo van a rifar un avión?, y la gente si gana el avoón ¿qué?, ¿lo estaciona afuera de su casa?.¡Que es eso!. La gente no podía creer. Entonces me pareció que ese guiño, ese chiste de la rifa del avión también tenía que estar presente porque creo que en el México contempooráneo, es la acción mas surrealista que yo haya visto.
Totalmente. Y tu elenco está de lujo.
Muchas gracias. Bruno Mestri, no se si lo conocías, el actor que hace a Bretón. Yo no lo conocía. Nececitaba a un actor que hablara perfecto francés, y el es franco – mexicano, de padre francés, apareció ahí y me parece que hace un trabajo estupendo, lleno de inocencia, me gusta muchísimo lo que hace. Siento que el elenco en general está muy redondito en sus personajes.

Cantan, la actriz que hace a la esposa de Bretón canta excelente… Ella es cantante... …Interpretan música, tocan instrumentos, tú también le entras a la música, en la absurda recepción a Bretón en Veracruz.
Esa canción que le cantan es una mezcla de Cielito lindo y de una canción de Luis Mariano, un cantante español de opereta que hizo toda su carrera en Francia, y que tiene esa canción que es un absoluto clásico en Francia, que se llama México (Mecsico), que no se conoce aquí, pero si a un francés del dices México, lo primero en lo que piensa es en la canción de Luis Mariano. Hicimos una mezcla que llamamos nosotros México lindo por Cielito lindo, reescribiendo la letra, obviamente, con este Mecsico de Luis Mariano.

¿Esta es la temporada de estreno, o ya se había presentado previamente?
Dimos tres funciones en Querétaro, iniciamos el proceso allá, y luego llegamos aquí. Terminamos temporada el 14 de abril, y hasta aquí.
¿Y ya?
Ya, es que las temporadas, Salvador, son cada vez mas cortas, no hay recurso para pagar más funciones. Dar 20 funciones es un logro, es tremendo, ensayas durante meses y meses y meses y, literalmente, aquí en el Julio Castillo llegaremos a 20 funciones.
Me parece lamentable que muchas veces se ensaya más de lo que se representa.
Ensayas 5 meses, 6 meses y das 20 funciones, es así. Eso en parte, está en la balanza de mi agotamiento, pasas tanto tiempo ensayando, preparando los proyectos, ideandolos, construyendo la producción para luego estar en temporada durante un mes, es muy decepcionante. Porque lo que uno quiere es compartir el trabajo con el público.
Se hace para ellos. En el sistema de teatros hay temporadas de ocho funciones o de cuatro si es de fin de semana. Aquellos tiempos de las develaciones centenarias, en el teatro público, ya pasaron a la historia, solo algunos privados lo hacen.

100 es casi imposible, el teatro comercial lo alcanza a hacer por obvias razones, pero en los teatros del CCB, de la UNAM, ¡llegar a 50!, no lo he visto hace mucho.
En tu trayectoria, este conjunto de obras que la conforman, hay muchos géneros, formatos, desde el maravilloso Tártaro, que experiencia tan conmovedora y devastadora fue Tártaro, las que has mencionado, eso me parece maravilloso.
Siempre trate de hacer obras que, obviamente me significaran cosas a mi, pero siempre trate de levantar proyectos que se pudieran insertar en un momento histórico determinado, es decir, cuando hicimos Tártaro, era la voluntad de hacer esa especiae de radiografía de este México contemporáneo tomado, los pocos espacios de libertad que tenía la juventud, y siempre tratando de llevar a cabo proyectos que significan algo en términos socio históricos. Eso también hace que en mis decisiones, quizá, hay una falta de ligerez, cada proyecto es tan importante, es tan profundo que necesitaba esta vez regresar a una forma un poco mas ligera a través de Bretón, aunque te puedes percatar que en Bretón no solo hay ligerez, también hay momentos profundos, pero de todos modos la comedia es la que rige, es el eje rector y quizás es una buena forma de no quedar atrapado en temáticas y circunstancias sociales que te pueden acabar aplastando.

Tártaro es probablemente mi mayor logro como director de escena, creo que es la obra que he hecho que más ha tocado las fibras del público, también es una obra de mucho dolor, y, extrañamente, es una obra de mucho dolor, que tuvimos un placer enorme hacer. Tártaro se hizo en la pandemia, es decir, cuando hicimos Tártaro teníamos tiempo, porque los teatros estaban cerrados, dedicamos muchos meses a ensayar esa obra y no teníamos la presión del estreno y eso nos permitio también trabajar con una mucho mayor tranqulidad, esta vez como obligada por la pandemia y luego terminó la pandemia y volvimos a esa vorágine de hacer obras, porque también si no hacemos obras no comemos, porque es nuestro modus vivendi. Pero si, lo que guardo mucho de Tártaro, es el tiempo de cocción que tuvo la obra. Pandemia, el mundo está parado y nosotros ibamos a ensayar, no había nadie en las calles, nosotros ahí encerrados, tranquilos durante meses y pudimos hacer un guiso hasta que nos gustara a nosotros y no ¡Ni modo, esta escena quedo así porque hay que estrenar en tres semanas!, que también pasa mucho, no tienes el tiempo suficiente, porque los actores hacen televisión, cine, están en otras obras, dan clases. La situación es tan difícil que tienen que hacer muchas cosas y nunca los tienes el tiempo suficiente como tú quisieras para que el trabajo fuera muy preciso. Y en Tártaro tuvimos todo el tiempo del mundo.
Tártaro es una obra redonda, la vi varias veces y la puesta en escena era hermosa, pero el tema era, en efecto, muy doloroso, por real, porque no es una ficción que se le ocurrió a alguien en su cabeza, no, esta basada absolutamente en la triste realidad que vivimos en este país, y Bernardo, que siempre esta muy bien, estaba extraordinario.

David no siempre actúas. Te he visto actuar varias veces y que bueno que estas en El viaje de Bretón, y eres Trotsky, entre otros.
Yo inicie en teatro queriendo ser actor y luego un poco las circunstancias me han llevado a la dirección escénica y llegando aquí me dediqué esencialmente a eso y a actuar en las obras mías, a las que yo me invito, porque si no, nadie me va a invitar y también fue una forma, porque como soy un director que tiende a ser un poco neurótico durante las funciones porque las cosas no salen forzosamente como uno quisiera, me he dado cuenta que cuando actúo en mis obras, reduce mi nivel de neurosis porque no me puedo dedicar a ver la obra y a morderme las uñas porque quisiera que las cosas fueran de una forma distinta, sino que me tengo que poner a jugar con los actores, y eso me ha aligerado un poco, la verdad, el trabajo en ciertas ocasiones, por eso decidí darme el placer de poder estar en escena, aunque sea para hacer cosas chiquitas.

En la espléndida serie Locos por Moliere, que es de una escuela de actuación, en el proceso de ingreso para los chavos, alguien dice: Este personaje es pequeño, y le responden: No hay personajes pequeños, hay personajes cortos. Me parece muy bien la frase.
Louis Jouvet, el gran actor francés en los años 40 decía: No hay pequeños personajes, solo hay pequeños actores. Para los que se quejaban de los papeles chiquitos.
David, muchas gracias, muchas felicidades. Descansa, tomate un tiempo y esperamos que nos vuelvas a sorprender con algún otro gran proyecto. Y, mientras eso sucede, a disfrutar El viaje de Breton.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

El viaje de Breton. Cien años de surrealismo, de
Guillermo León. Idea original David Psalmón.
Dirección: David Psalmón.
Actuación: Bruno Mestri, Beatriz Luna, Roam León, Erwin Veytia, Lou Best, Itzel Tovar, Jorge Maldonado y David Psalmon.
Jueves, viernes, 20 horas, sábados 19 horas, domingos 18 horas. Hasta el 14 de abril de 2024.
Teatro Julio Castillo.
Mayores de 15 años.
Entrada general $150. Descuento del 50% a estudiantes, maestros y afiliados al INAPAM. Afiliados al programa Gente de Teatro: $45 cualquier día. De venta en taquilla y ticketmaster.




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