Nunca he conocido un ser más desprendido de su alma. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 11 sept 2023
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¡Con más de 600 presentaciones en 50 países y más de un millón de espectadores, Piaf! The Show, no es una recreación biográfica de Edith Piaf, es una celebración musical de la carrera y vida de la legendaria cantante francesa.
De voz sin igual, potente, tan soberbia como dolida, el talento y carácter de Édith Piaf ayudaron a vencer cada obstáculo excepto los fantasmas de su mente y las adicciones. Lejos de ser color de rosa, su vida trascendió los tiempos y aún se la canta en el aire de París.
No, nada de nada, no me arrepiento de nada; ni del bien que me han hecho, ni el mal; todo eso me da igual. No, nada de nada, no me arrepiento de nada; está pagado, barrido, olvidado, no me importa el pasado...
Non, je ne regrette rien (No, no me arrepiento de nada) es una de las últimas canciones que Édith Piaf quiso grabar y que cantó por primera vez frente a un auditorio que la escuchaba absorto el 10 de noviembre de 1960. Y la interpretó dejando todo de sí en cada palabra. Su cuerpo cansado se despedía mientras cantaba aquella canción que le llegó de manos de unos jóvenes atrevidos que tocaron a su puerta avisando que tenían una composición escrita para ella que, con solo 44 años, había decidido bajarse de los escenarios. “¡Escucharé solo una vez!”, dijo apurada por volver a la cama que cuidaba su depresión y físico agobiado desde la trágica muerte de su gran amor.

Los jóvenes eran Michel Vaucaire y Charles Dumont, quien la cantó cuando pudo sentarse frente a piano. Lo escuchó con desgano, pero tras las primeras líneas, le pidió que la repitiera. Le gustó. Supo que allí había un éxito mundial que aún hoy sigue emocionando por su letra y por todo lo que ese himno de reconciliación con el pasado significó en su vida, tan golpeada desde el instante en que llegó a este mundo.
Édith Giovanna Gassion nació en París, Francia, durante la Primera Guerra Mundial, el 19 de diciembre de 1915. Nació, literalmente, en la calle, luego de que su padre, Louis Alphonse Gassion, decidiera celebrar la llegada de su hija abandonando a su madre cuando comenzó el trabajo se parto. La mujer, con pocas fuerzas, apenas pudo salir a la calle para pedir ayuda sin lograrla y sin poder llegar al hospital por sus medios: sola, dio a luz debajo de un farol frente al número 72 de la calle de Belleville, en París.

Algún presagio había marcado la calle como el hogar de la pequeña, hija de Annetta Maillard, una cantante ambulante, y de un acróbata nacido en Normandía. Ninguno se haría cargo de la niña en sus primeros años: Annetta, cansada de vivir sumida en la pobreza, dejó a la pequeña con su madre, quien la alimentaba con vino en lugar de biberones. Más tarde, la abuela materna llamará a Louis para que se hiciera cargo de Édith.
El hombre se la llevó y poco después fue incorporado al ejército para pelear en la Primera Guerra Mundial. La niña se quedaría con la abuela paterna y dueña de una casa de prostitución. Allí, será criada por las prostitutas de la casa.
Tras la guerra, Louis regresó por Édith y la lleva a vivir junto con un circo itinerante donde él era uno de los artistas, luego sigue su vida como artista ambulante. Siempre con poco dinero y falta de alimentos. Tanto él como su madre llevaban a la niña cuando actuaban: fue entonces cuando la necesidad y todos sus sentimientos afloraron en su voz. Años después confesaría en una de sus últimas entrevistas, que la música fue la que le devolvió la vida: “Si no cantara, voy a decir algo muy feo, me suicidaría”, confesó.

Mientras Édith cantaba junto a su padre en las calles de París, sin quererlo repetía la historia de su madre, también cantante ambulante. La niña, tímidamente parada en una esquina, interpretaba las canciones populares y veía cómo comenzaban a caer a sus pies o dentro de su boina algunas monedas, escuchaba los primeros aplausos y veía miradas de respeto. Las que les fueron negadas a su madre y a su padre, en esas mismas calles.
Toleró esa vida hasta los 14 años, cuando, convencida de su talento, decidió abrirse camino sola cantando en la Plaza Pigalle, Ménilmontant, y en los suburbios de París.
Tres años después, en 1933, se enamoró por primera vez. Conoció a Louis Dupont, un mozo, con quien tuvo a su única hija, Marcelle. La niña murió de meningitis a los 2 años, en 1935. Quedó devastada.

Édith se recuperó del gran golpe y se puso de pie pensando en su carrera. Pese a su corta edad no era la primera vez que debía regenerarse de sus propias cenizas y cantar era lo único que le importaba.
Llegó su primer salto artístico: en 1936, firmó su primer contrato discográfico (con Polydor) y grabó su primer disco, Les Mômes de la cloche (Los niños vagabundos). Fue un éxito.
Su vida cambió cuando, cantando en la calle, un transeúnte muy elegante se paró a escucharla. Ese hombre resultó ser Louis Leplée, propietario del cabaret Gerny's, uno de los más conocidos de París. Tras una pequeña prueba, Edith fue contratada de inmediato. Su éxito no tardó en llegar y fue conocida como "Môme Piaf" ("pequeño gorrión"). El propio Leplée instruyó a Edith para convertirla en una gran figura del cabaret. Era 1937, y había nacido una nueva estrella: Edith Piaf.

Sin embargo, la vida volvió a castigar a la joven Piaf, ya que Leplée, a quien quiso como a un padre, fue encontrado muerto de un disparo en el club que regentaba; la cantante fue sospechosa del asesinato. La prensa la acusó y la sociedad elitista parisina le volvió la espalda. Volvió a mezclarse con lo peor de los barrios bajos de París, cantando en tugurios y llevando una vida desordenada.
No pasó mucho tiempo para que aquella que creían gorrión comenzara su camino de ave fénix. Buscó a un viejo compositor, que la pretendía y ella supo hacer uso de sus encantos y los manejó a su antojo. Así, Raymond Asso se unió a ella y la ayudó a convertirse en lo que deseaba ser: una cantante profesional del music hall.
En marzo de 1937 se presentó por primera vez en un music-hall en el teatro ABC de París. Su estrella volvió y una vez más el público cayó a sus pies: hacían filas para verla y se detenían cada vez que sus interpretaciones sonaban en la radio. Su poderosa voz todo lo podía, incluso lograr que ese público olvidara cuánto odio le había tenido por su relación con Leplée.

1941 representó en su vida profesional la llegada a la pantalla grande: fue parte del elenco de la película Montmartre-sur-Seine, del director Georges Lacombe. Su mundo parecía perfecto, aunque afuera de los teatros continuaba la Segunda Guerra Mundial.
No fue indiferente al conflicto bélico, en el momento en que sucede la ocupación alemana decidió cambiar su nombre artístico de “La Môme Piaf” por el de “Édith Piaf” y, desafiando a la ocupación nazi, no dejó de cantar. Sus biógrafos afirman que ayudó a los perseguidos por el régimen alemán.
“Ella interpreta canciones con un doble sentido evocando la Resistencia cuando interpreta Tu es partout (Estas en todas partes) en la que alude a la traición de un amante. En este período tan difícil para todos los habitantes de Francia, Piaf se erige como protectora de los artistas judíos, perseguidos por las autoridades alemanas”, revela una de sus biografías fílmicas.

Con la llegada de la primavera de 1944 llegó al Moulin Rouge. Allí conoce al cantante Yves Montand con quien mantuvo una relación, profesional y amorosa, durante un año.
Al año siguiente, aun desafiando a la guerra, escribió la canción que la consagraría y por la que aún se la recuerda: La vie en rose, y la interpreta en la Comédie-Française. Sobre el escenario los éxitos continuaban, abajo, en soledad o entre amigos, los excesos incontrolables con el alcohol comenzaban a causar estragos.
Su consagración llegó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en la musa de poetas e intelectuales del París existencialista y se ganó la admiración incondicional del público. Un letrista conocido como Raymond Asso, que era su amante, la ayudó a sobreponerse. Edith Piaf remontó el vuelo y volvió a los grandes escenarios de Francia, de Europa y de América. Se hizo amiga de la actriz Marlene Dietrich y se convirtió en la gran dama de la canción francesa, ayudando a talentos emergentes como Charles Aznavour, Georges Moustaki, Yves Montand o Gilbert Bécaud, y relacionándose con intelectuales como Jean Cocteau.
En 1947 sucedió lo que esperaba: inicia su primera gira por los Estados Unidos que la llevará en 1948 a Nueva York. Allí conoce al que fuera el gran amor de su vida, el boxeador francés de origen argelino, Marcel Cerdan, quien había ganado el campeonato mundial de peso medio el 21 de septiembre de 1948.

El amor que vivió junto a Marcel le devolvió la paz. A su lado conoció la felicidad y pudo controlar su adicción al alcohol. El hombre la ayuda a sacar su mejor versión debajo del escenario y cuando las luces se apagaban. Todo era perfecto y no estaba acostumbrada a ello.
“La Niña Gorrión” se convirtió en Ave Fénix el 28 de octubre de 1949. Estaba en Nueva York esperando a Marcel. Lo amaba como jamás había amado a otra persona, no solamente a un hombre. Édith ya había sufrido un accidente automovilístico que había dejado serias secuelas y dolor en el cuerpo. Había llegado hasta dónde había soñado. Solo le restaba disfrutar de la vida. Quería hacerlo.
La vida, una vez más más, mostró que tenía otros planes para la parisina. Aquel día, Marcel había tomado un vuelo de París a Nueva York para volver a su encuentro. No llegó. El avión se estrelló sobre el Pico da Vara, una montaña de la isla de São Miguel, en el archipiélago de las Azores. Marcel y los 48 tripulantes murieron por el impacto. En 1950, Piaf escribió Hymne à l'Amour (Himno al amor) en memoria de su gran amor, Marcel Cerdan.
No lo soportó. El dolor cada vez más intenso en su cuerpo, que comenzaba a enfermar, fue mínimo al que sentía con la pérdida de Marcel. Una vez más, la muerte de un ser amado la golpeaba. La depresión se apoderó de su poca salud.
Édith apenas podía mantenerse en pie y lo hacía con altas dosis de morfina, a la que se hizo adicta. Fue tal la conmoción nacional por ese noviazgo que lo versionaron en la película Édith et Marcel.

“El cielo azul sobre nosotros puede desmoronarse y la tierra bien puede desmoronarse, no me importa si me amas. (…) Si un día la vida te arranca de mi, si te mueres y estás lejos de mí, no me importa si me amas porque yo también moriría. Tendremos la eternidad para nosotros en el azul de toda la inmensidad, en el cielo, no más problemas, mi amor. ¿Crees que nos amamos? Dios reúne a los que se aman”. Himno al amor, Édith Piaf y Marguerite Monnot.
Tuvo nuevos amantes. Sí. Los buscaba y los mantenía hasta cuándo y dónde quería: Marlon Brando, Yves Montand, Charles Aznavour y Georges Moustaki, fueron algunos.
Aznavour, un joven cantautor en 1951, cuando lo conoció, fue su secretario personal y más tarde letrista de algunas de las últimas canciones que interpretó. Nadie asegura si volvió a enamorarse, pero le cantaba al amor y el amor era necesario para su vida. El 29 de julio de 1952 volvió a contraer matrimonio con otro cantante francés, Jacques Pills, de quien se divorció en 1956. Durante ese matrimonio, en 1953, decidió comenzar un programa de desintoxicación por su adicción a la morfina.
Tras el nuevo divorcio se consagró como la artista de music-hall más aclamada, especialmente en los Estados Unidos. Allí inició una nueva relación con Georges Moustaki, a quien promueve. En 1958, la pareja sufre un grave accidente automovilístico que empeoró la ya abatida salud de Édith y su dependencia a la morfina regresa.
Su cuerpo diminuto, siempre vestido de negro, apenas podía ocultar las dolencias ante el público, hasta que, 1959, se desmayó mientras ofrecía un concierto en Nueva York.

Fue sometida a un sinfín de intervenciones quirúrgicas. Apenas se recuperó un poco, quiso regresar a París. Lo hizo sola: Moustaki puso fin a la relación. Al llegar a Francia, le ofrecieron la canción Milord, otro de sus éxitos, compuesta en 1959 por Moustaki y música de Marguerite Monnot.
Sin notarlo el público, quizás sabiéndolo ella, su vida comenzaba lentamente a apagarse.
En 1961, Piaf ofrece los considerados como mejores conciertos de su vida: memorables y emotivos, así fueron calificados. Fue en el Olympia de París, teatro al borde de la quiebra, pero que era su favorito. Allí interpretó por primera vez Non, je ne regrette rien.
La canción compuesta por Charles Dumont, en 1956, quien se la ofreció personalmente asegurándole que la había escrito para ella y que creía describía lo que la mujer sentía y sufría en silencio. No lo creyó, pero apenas escuchó las primeras frases supo que ese sería el tema con el que regresaría a la vida o a los escenarios, para ella era lo mismo.
Gracias a Non, je ne regrette rien, canción que llegó cuando había decidido dejar su carrera con apenas 44 años, salvó al teatro y volvió a cantar porque, como lo había confesado, cantar era para ella una manera de mantenerse con vida.

Theo Sarapo, otro joven cantante, llegó a su vida y mantuvieron una relación que la propia Edith consideró como “de un hijo que cuida a su madre vieja”. Se casó con él, el 9 de octubre de 1962.
Quizás presagiando su final quiso dejar sus pertenencias a alguien. Tenía 46 años. Estaba cansada, enferma, agotada y su salud empeoraba con los días. Su dependencia a altas dosis de morfina era constante... Pero no se rendía: en los primeros meses de 1963 grabó L’Homme de Berlín, su última canción compuesta por Francis Lai y M. Vendôme.
El 10 de octubre, algunas biografías afirman que el 11, Edith muere tras una larga pelea contra un cáncer hepático.
Su muerte fue anunciada el 11 de octubre, día en que muere su amigo, Jean Cocteau, que pocas horas antes, al saber de la muerte de Édith dijo: “El barco se acaba de hundir. Este es mi último día en esta tierra. Nunca he conocido un ser más desprendido de su alma. Ella no la reservaba, ella la regalaba, la prodigaba, tirando el oro por las ventanas".
Su cuerpo fue embalsamado y enterrado en el cementerio de Père Lachaise, en París, con el homenaje de una multitud de admiradores. Pese a su fe cristiana, la Iglesia de Francia prohibió que se le hicieran exequias religiosas por ser una mujer divorciada.
L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano aseguró que Piaf vivía “en pecado público” y que era un “ídolo de la felicidad prefabricada”. Pese a eso, el capellán de teatro y la música, el padre de Villaret Thouvenin bendijo su tumba.

También actuó en películas (French-can can, Étoile sans lumière, Paris, chante toujours). En los últimos años de su vida escribió una autobiografía con el título de Au bal du chance (En la bola de la suerte). Entre las muchas canciones que popularizó destacan: Mon légionnaire, Je ne regrette rien, La vie en rose, La foule, Les amants de Paris, Hymne a l’amour, Mon dieu y Milord.
Canciones presentes en Piaf! The Show, hasta el momento, el espectáculo francés con mayor éxito en el mundo desde que inició en 2015 y se estrenó como un homenaje a "La golondrina de Montmartre" en su centenario natalicio, y se inspiró en la galardonada película La vie en rose, por la que Marion Cotillard ganara el Oscar a Mejor Actriz. Para 2017, se logró la consagración definitiva del espectáculo agotando las entradas en el Carnegie Hall de Nueva York y en el Olympia de París con la participación excepcional del actor Charles Dumont.
Concebido y dirigido por Gil Marsalla, Piaf! The Show es considerado unánimemente por los amigos íntimos de Edith Piaf, como Ginou Richer, su secretario privado, su amiga Germaine Ricord y los artistas Charles Dumont y Charles Aznavour, entre otros, como: "...el más bello homenaje jamás realizado sobre la carrera de Edith Piaf...".

El show, en dos actos, cuenta la historia musical de la cantante parisina a través de sus inolvidables canciones en una puesta en escena con proyecciones de imágenes inéditas de la artista, complementadas con un tapiz visual de famosos lugares parisinos de la época de oro de la música francesa. Se trata de un bellísimo show, elegante, sentido, sin que se tenga que dramatizar la vida de la cantante, solo en un par de canciones la excelente Nathalie Lermitte porta una peluca al estilo de la diva, y viste de negro como ella, para interpretar un par de los más grandes éxitos del ruiseñor, la muy famosa, también ha sido interpretada por Raphael y Margarita, la diosa de la cumbia: La foule, (Que nadie sepa mi sufrir). Lermitte interpreta magistralmente todos sus éxitos, como La vie en rose, con la ue, por supuesto, cierra el show, haciendo un gran karaoke, Non, je ne regrette rien, Les amants y Padam Padam, entre otros, del repertorio de clásicos de Edith Piaf.
Poseedora de un carisma natural, Nathalie Lermitte es catalogada por la crítica especializada como la legítima heredera de la voz de Edith Piaf. Cuenta con un gran talento para el baile y el canto con un rango vocal de estilos como el clásico, jazz y moderno.

A los 18 años publicó su primer álbum, Tu es tout ce que j'aime, del que vendió más de 400 mil copias en dos sencillos. Lermitte grabó numerosos temas para series de televisión y dibujos animados y en 1989 empezó su carrera en comedia musical interpretando el papel de Cristal en Starmania durante tres años en el Théâtre Marigny de París y luego en una gira nacional que terminó en Moscú y San Petersburgo. Siguió una sucesión de papeles en musicales, en los que a menudo encarnaba a Edith Piaf.
Desde febrero de 2015, interpreta el papel de la Reina en la obra La petite fille aux allumettes, nominada al premio Molière y dirigida por David Rozen.
A partir de 2018, se unió a Piaf! The Show disfrutando de un éxito mundial ininterrumpido. Afirma la también francesa, que el amor mas grande que tuvo Piaf, y vaya que fue una mujer enamorada, fue el del público, y que los presentes confirmábamos ese amor por la estrella.
Gil Marsalla, autor, director y productor de Piaf! The Show, está dando mucho que hablar al convertirse en pocos años en el iniciador del renacimiento del patrimonio musical francés del siglo XX con sus espectáculos, que están cosechando éxito mundial.

Estudia música desde los 14 años y ha desarrollado una carrera artística como músico, director musical, director de orquesta y director artístico. Desde hace 20 años, produce espectáculos musicales de éxito y grandes eventos con su productora (Directo Productions), que fundó en 2001.
Recibió una ovación de pie en todos sus shows en Estados Unidos, Japón, Inglaterra, República Checa, Grecia y Brasil.
Desde 2007, escribe, produce y dirige sus espectáculos por todo el mundo, con los que ha cosechado éxitos mundiales. Sus obras más famosas son: Piaf! The Show, París! The Show, Formidable Aznavour, Douce Francia, entre muchas otras.
Piaf! The Show, espectáculo imperdible para los amantes de la obra y vida de la cantante francesa más relevante de la historia, y quienes quieren disfrutar de una obra maestra llena de grandeza musical. El show llegó a México por vez primera, en el marco de una larga gira mundial.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Extraordinario show, sentido y elegante. Absolutamente recomendable.

¡Piaf! The show: Gil Marsalla, autor y director.
Intérprete: Nathalie Lermitte, Acompañada de cuatro excelentes músicos que, lamentablemente no pude registrar sus nombres.
Se presentó los días 7, 8, 9 y 10 de septiembre en el Auditorio Blackberry de la Ciudad de México.




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