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No existe el paraíso, existe lo que tenemos aquí. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 19 oct 2023
  • 14 Min. de lectura


Amor y rabia la obra más reciente del prolífico y talentoso dramaturgo y director, David Olguín, es el retrato de un malestar generacional tan antiguo como la humanidad misma.

Curiosamente, encontramos que el título ha sido utilizado previamente, en 1969 en la película homónima en la que cinco grandes directores ofrecen sendas historias en las que se entremezclan el amor y la rabia: La indiferencia (Carlo Lizzani), Agonía (Bernardo Bertolucci), El amor (Jean-Luc Godard), La secuencia de la flor de papel (Pier Paolo Pasolini) y Discutamos, discutamos (Marco Bellocchio)

Por otra parte, Amor y rabia es una revista cultural que nació como portavoz del Grupo Anarquista del mismo nombre, surgido a mediados de 1995 en Valladolid. Sin duda, debe haber muchos mas ejemplos de que la unión de estas dos palabras, estos dos sentimientos retratan lo mejor y lo peor del ser humano.

Platicamos con Olguín a propósito de su esplendida puesta en escena, ahora en cartelera, sus motivos, sus retos, su proceso de creación, y esta es la charla.

Amor y rabia es una obra es muy disfrutable, tiene la fuerza, la indignación, la violencia de todos estos movimientos sociales. Hay una frase que, para mí, condensa todo: ¿Cómo se indignan los jóvenes en el siglo XXI? De alguna manera sí, es una de las preguntas claves, ese ¿qué significa indignarse en el siglo XXI?, porque, lo que ves por un lado es que muchos de estos jóvenes frente a la NO oportunidad en todos sentidos, frente a la desigualdad, frente a la frustración de sus reivindicaciones y también frente a algo que es muy claro, que hay un rechazo generacional muy fuerte, muy intenso sobre las experiencias, inclusive, que han tenido activistas del pasado, es decir, también como un rechazo a todo lo que pudiera parecer, generacionalmente hablando, viejo, proveniente de los patriarcales, o proveniente simplemente de otros tiempos, como una incomprensión, una no comunicación, un no encuentro. Creo que está en ese sentido, esa dificultad por encontrar el espacio de la indignación, pero también otro punto, que diera la impresión que la rebeldía, en muchos sentidos, hubiera sido secuestrada también, secuestrada bien por gobiernos populistas que parecen más radicales de pronto que los jóvenes. El discurso de Milei en Argentina, por ejemplo, que está impactando y jalando a mucha de su sociedad a causas que, desde mi punto de vista, no son históricamente las mejores, pero que viene de una actitud donde la derecha se está atreviendo a hacer cosas que no hace, ni la izquierda, y que la rebeldía da la impresión de estar secuestrada. Una gran diferencia con los nihilismos contemporáneos, que finalmente la violencia del pasado, la violencia que ejercieron grupos con los que uno no puede estar de acuerdo, por supuesto, la Liga 23 de septiembre, por ejemplo, pero que uno los mira en un contexto donde esa juventud reprimida en el 68, a algunos de ellos no les quedó más que optar por la violencia para tratar de transformar su sociedad y encontrar espacios democráticos.

Finalmente, la violencia no es justificable desde mi punto de vista, pero tenía una razón de ser mucho más comprensible, y movimientos como el que describo, individualidades tendiendo a lo salvaje lo que genera es una especie de violencia en función de algo más abstracto, de la idea de volver al bosque, de volver a la naturaleza salvaje, de destruir a la civilización y que es cómo arrancarnos de raíz parte de lo que somos, y que es volver a una abstracción, al paraíso en la tierra y eso no existe, cada vez que hemos perseguido el paraíso en la tierra acabamos generando monstruos más terribles.

Creo que la obra llega a un punto donde, en el diálogo entre el perro y el abuelo, finalmente el abuelo es el que pone los puntos sobre las ies a ese respecto, que dice que ¿qué existe?, no existe el paraíso en la tierra. Existen nuestros bosques reales donde la gente sagrada, la gente está buscando a los desaparecidos, dónde estamos tratando de rehacernos, donde tenemos esta oportunidad única con los que te toca estar, y dónde puedes construir también pequeños espacios de utopía, de solidaridad, de generosidad, de solidaridad, y de colectividad.

Es más o menos por donde veo más fiable la anécdota que se cuenta, porque se cuenta una historia en medio de una atmósfera onírica de que hay un viaje oscuro, hay un viaje tipo Alicia en el país las maravillas, que se cae en un hoyo, una madriguera de conejo, y este igual, cae en un pozo, pero es ese viaje a las mazmorras, digo yo, como del pensamiento político y de los movimientos sociales de México.

Esta escena que hablabas del perro y el abuelo tiene un tono documental, se ilustra, en un vertiginoso flashback se hace una revisión de algunos de los movimientos sociales, la guerra sucia y toda esta etapa oscura de los 70s, terrible. Inmediatamente surge la imagen de Lucio Cabañas, que asociamos con Ayotzinapa porque ahí se formaron muchos de estos activistas en estas normales rurales, en Guerrero, que siempre ha sido un estado absolutamente descuidado que ha generado mucha inconformidad y, como decías, ante estas situaciones no queda otra que la violencia. Es muy interesante la obra, muy divertida, pero muy dolorosa porque nos dice dónde estamos parados aquí y ahora, y no es nada grato.

Exactamente. Yo creo que tiene esos ingredientes, me propuse, por una parte, que si fuera un espectáculo muy veloz, muy de bombardeo al espectador... …como son los tiempos ahora, que los chavos están sometidos a tanta información que ni siquiera pueden procesar... …exactamente como que tuviera ese permanente choque, esa permanente sucesión de imágenes, de la mezcla de lo documental con la ficción, de la mezcla de un lenguaje audiovisual con la acción teatral, que suele ser, por más que sea rápida, lenta, lo nuestro siempre es mucho más moroso. Y que todo el tiempo se estuvieran yuxtaponiendo posibilidades de interpresentación, entonces eso le da mucho dinamismo a la puesta en escena, y también que tuviera una carga de humor, de humor negro, que es algo que me gusta trabajar, y también un lado de esperanza, un lado de enamoramiento y de compasión por estos dos jóvenes que se enamoran a partir de dejarse mensajes en una pared y que enganchara por ahí esa contraposición entre, como lo ponen ellos al final, en el dilema de Olmo, entre la A de amor y la A de anarquía, entendida en el sentido de construcción, de inconformidad, pero todavía pensando en el colectivo, y la V de vendetta de su cómic favorito, de la venganza, de la destrucción total, que eso pregona el personaje, el héroe de este cómic negro.

No se trata de una obra que haga planteamientos teóricos, no me interesa, finalmente soy un artista escénico y me gusta contar historias y me resultaban entrañables estos personajes, los miraba con compasión, me parecía importante también destacar, o atacar también ese lugar común que echa a todos los encapuchados en el mismo saco: todos son anarcos, los que destruyen y ponen bombas, y los que matan por equivocación a alguien, y los que tienen ese corte terrorista, y creo que es la defensa del propio estado frente a una protesta social que López Obrador no los entiende en lo más mínimo, no acepta el inconformismo, no busca el diálogo, parte de denostarlos socialmente hablando, cuando hay muchos otros movimientos en esas corrientes anarquistas, en tareas sociales muy importantes, pacificas por supuesto, no de destrucción, en sus barrios, en sus comunidades: radios populares, conciertos populares, es decir, una cultura underground que cuestiona la cultura establecida, y que se comunican entre ellos, como los vemos en los graffitis urbanos que, algunos de ellos son sorprendentemente hermosos.

Y suelen tener una especie de códigos que solamente ellos entienden, por ejemplo uno lee Amor y rabia, pero resulta que en esas dos palabras y una letra se esconde algún significado.

De hecho, para hacer los graffitis que tenemos en los muros laterales, no los que hacen los propios actores, invitamos a una artista plástica que ahí anda, por la ciudad dejando su testimonio y su arte, una chica muy jovencita 21 años tiene, de barrio, por supuesto, y se llama Lola Livre.

Siempre procuro sacudirme prejuicios que, conforme vamos creciendo se acentúan, y de repente es echarle toda la culpa a los chavos, los chavos ya no quieren hacer nada, son flojos, violentos. Están viviendo en un desánimo absoluto y en realidad pocas cosas realmente los motivan y regularmente se les inculpa a ellos. Están pasando por ese periodo muchos de ellos, pero esto es resultado de lo que están viviendo, no es de que ellos decidieran instalarse en el no quiero hacer nada, ellos son producto de lo que, de una u otra manera todos hemos contribuido, y la obra ayuda a entender mucho. Por supuesto que no ofrece soluciones, porque tampoco es su función, tal vez hasta se sale con más dudas, pero ahí es donde radica el valor de este tipo de teatro, salir cuestionándose mucho más cosas que con las que entro.

Yo creo que si hay una mirada compasiva, la mirada donde dices: Oportunidades, cerradas a los más desprotegidos, por ejemplo el personaje del perro, altamente manipulable, en un sentido positivo, o negativo, pero aquí lo vemos en ese lado oscuro negativo. Yo me hacía preguntas a partir de la lectura de un libro de Rafael Mondragón y Carlos Illades que recientemente publicaron, que es un intento de descripción de los nihilismos políticos mexicanos, y los más ultras de la izquierda en México, y que hacen esta descripción de grupos, tipo los de los bosques, y arrastran una enorme paradoja, pero donde lo que ves, es ese personaje que trato yo de retratar, el de la mano, donde dices OK, la mano es, por supuesto, alguien que anda ahí en estos discursos radicales, que yo los viví muy claramente en mi formación católica en mi prepa, cuando tenía tanta fuerza el movimiento universitario renovador orientación, y que eran estos lavados de cerebro hacia la derecha. Aquí son, a veces, lavados de cerebro donde da la impresión que van a la izquierda, pero donde hay otros intereses más feroces, y no solo de individuos con una ideología individualista, milenarista, apocalíptica, sino donde muy posiblemente están las manos del propio estado para desactivar la protesta juvenil.

Es muy curioso, era clarísimo de pronto la indignación de las mujeres en el 18, previo a la pandemia y como López Obrador no entendió nada, no entiende nada al respecto, pero lo que sí entiende es como los aparatos de la publicidad propia del estado puede desactivar y estigmatizar la violencia juvenil. Evidentemente son leídas como: Encapuchadas = malas, y la sociedad en general de inmediato las hecha al mismo saco donde dicen esas son violentas, y por tanto deslegitimiza de inmediato su protesta pública.

Por ahí anda la historia, y en medio de eso, puede sonar algo idílico, pero tendría que ver con contraponer, por una parte, un país que necesita amor, no amor y abrazos. Amor y rabia, que es indignación, ¿por qué?, porque la indignación siempre conduce en última instancia, a: haz algo, actívate políticamente, actívate solidariamente, actívate con generosidad con tu gente, duélete, no normalices la violencia, no normalices lo que nos está pasando. Es el trasfondo, desde mi punto de vista, y el enamoramiento de estos dos chavos. Por ejemplo, el perro ama a los perros, al fin y al cabo, es de la misma raza. Cuando narra que su perro era bravo y lo mata otro, es muy emotivo, ahí se ve la sensibilidad de este o estos personajes.

Ver las razones del lobo, ver los corazones de los estigmatizados, eso me interesa mucho, siempre, creo que esa es la función que debemos tener los que miramos el comportamiento humano, sean los narradores, los hacedores de teatro, verlos así y también yo creo que allí, desde la sencillez del perro, él hace preguntas claves en la obra, al abuelo, al viejo que se encuentra en medio de su paranoia, que piensa que es un tira, o que puede ser alguien que está disfrazado, y, en efecto, sí está disfrazado en el juego de la obra, es una mujer que hace a un abuelo, es Laura Almela y que ya la vimos que ya se quitó las barbas y se quitó los lentes... ...que se despoja de ello frente al público… …exactamente, que el perro sospecha de quién es el otro, de quién trae en realidad al otro, como él también oculta sus intenciones. Pero es quien pregunta a fin de cuentas si esta sociedad puede hallar conciliación, si esta sociedad puede transformarse sin violencia y sin bombas, y para mí, más allá de que la realidad te desmiente una y otra vez, ahí está la batalla y la apuesta, pues el viejo dice en pocas palabras pues no existe el paraíso, existe lo que tenemos aquí.

La obra está interpretada por Laura, enorme actriz, y por cuatro chavos, uno de ellos en la vena le fluye todo el talento histriónico… …te agradezco, muchas gracias… …de verdad es un chavo muy talentoso, desde lo que lo vimos en el Mercader de Venecia que aún no había tenido el adiestramiento que ya tuvo académicamente en el CUT, David Juan Olguín Almela, en sus apellidos lleva la penitencia. Pero son cuatro chavos, y creo que la obra, al margen de que básicamente está interpretada por chavos, creo que conecta perfectamente con sus congéneres. No sé si es tu objetivo, el público al cual va dirigida la obra. Yo creo que sí Salvador, sin que fuera el objetivo como tal, pero sí hay muchas referencias que ellos manejan de manera muy a la mano, el Anónymous y ese cómic que se volvió de culto en los años 80s retratando a la Inglaterra de la Thatcher, y lo que es curioso es que esa rebelión contra el totalitarismo y ese personaje enmascarado diera pie a Anónymous, a la fecha, todavía hace poco volvieron a aparecer con el caso de la Guerra de Ucrania y demás, los hackers, y ese mundo digital que le da toda una mitología a la protesta pública en el mundo entero.

Pero para los jóvenes, yo me ponía a revisar quienes son los fanes de ese tipo de cómic, y unifica a muchas generaciones, a mucha población juvenil, veía los comentarios que hacen al respecto desde todo territorio de habla hispana, todavía hay mucha conexión con todo eso, en un sentido de idealización de la violencia. Yo me di a la tarea de tratar de darle sentido a un personaje que tuviera en su ingenuidad de inocencia, y ahí lleva también parte del pecado, de la juventud, que tuviera esa capacidad de ensoñar, esa capacidad de enamorarse del aire, esa capacidad de anhelar un mundo mejor así dicho, por lo que todos hemos pasado, y todos pasamos y todos queremos, y luego llega la terrible realidad a enfrentarnos.

Pero esta insurrección es eso, es espíritu de primavera que son estos jóvenes, y en el fondo, que desafortunadamente en el país, que lo más terrible es que las últimas noticias de la guerra con el narco, ¿contra que atentan?, contra los jóvenes a los que están matando y los están levantando y los están secuestrando, todos ellos son jóvenes. Es algo terrible, terrible, entonces la obra, por supuesto si busca ese espectador, pero creo que más allá de las dificultades de una lectura, que también no la quise hacer directa, porque me parece que siempre las verdades políticas dichas o narradas de manera directa, aterrizan siempre en lo panfletario o en o simple que es el discurso de los políticos a fin de cuentas. Lo que me interesaba era contar una pesadilla, ese caer en un precipicio de confusión política, donde ¿quién utiliza a quién, con qué fin?, muchas veces, la mayoría de ellas de manera muy oscura, y contar un descenso a los infiernos, un viaje donde seguimos a un héroe y a un grupo de jóvenes donde cada uno tiene su particularidad, su extracción social, su propia locura, y tengo la impresión que los que ahí se salvan, son Lénica, la chica, qué dice: Bueno, si no queda nada, entonces me iré a recoger escombros y cuerpos. Y va a seguir con una actitud de resistencia, de amor, y también el viejo finalmente. Creo que ahí, retratando a esas dos generaciones en términos de construcción, era importante que el viejo, ese viejo sesenta y ochero, hablara de democracia, recordara ese país del autoritarismo, ese país de los militares, en un momento donde los militares representan algo a lo que no debemos volver.

Tu puesta en escena, como siempre, es muy atractiva. Empieza en el lobby, ahí vemos a Anonymous en una proyección, con una persona que lo traduce y da anuncios, posteriormente entramos a un espacio del teatro que se utiliza poco y al que le sacas el mayor provecho. ¿Cómo fue el proceso de puesta en escena? Fue muy grato, muy rico, porque era también darnos un capricho y un regalo el trabajar Laura, yo, y nuestro hijo juntos. De pronto le pedí de favor a Lucía, mi hija, que me llevara texto porque teníamos muy poco dinero, no tenía asistente de dirección y ella de buena gana fue, entonces estamos los cuatro que somos, rodeados de tres jóvenes maravillosos egresados, todos son egresados del Centro Universitario de Teatro, como Laura, como yo, y era ese encuentro también entre dos generaciones y la garra, la pasión que le meten, la entrega, la no pichicatería a los tiempos de ensayo, y sabiendo que teníamos poco dinero, privilegiamos a los actores.

Y ahí dentro, en ese espacio, era intervenirlo, saber que no íbamos a poder girar, porque ninguna arquitectura tendría las características de lo que queríamos construir allá adentro, pero era el espacio que nos daba la imagen de una mazmorra, de una casa de seguridad, de un hoyo funky, decíamos, o un teatro sin gente, y sacarle, como tú dices, todas sus posibilidades a ese espacio.

Dándole vueltas a cómo ubicar al espectador, tenía la dificultad de las dos columnas, entonces pensamos, bueno, eso ya de si es una boca, vámonos a este lado y que los actores jueguen todo el tiempo alrededor de las columnas, integrarlas a la acción, y apareció la escalera al cielo, dijimos: Pues a romper el techo del teatro, mandar una escalera para allá arriba, y literal se vuelve, en efecto, una historia de descenso a la mazmorra, y a la vez una historia de ascenso como en una escala de Jacob, se van estos mártires de causas inútiles, se van para arriba, sonando la 1812 de Tchaikovsky, tronando bombas y demás, y una mano sangrienta, la de Laura en el personaje del gordo, ahí, como gran manipulador, el que arroja las latas, y una fuerza invisible de alguna manera en ese lugar, de manera que de pronto se vuelve como historia de intriga, un thriller, una historia de terror de la oscuridad.

Una historia de paranoia también, como les pasa a los activistas en realidad, que se vuelven profesionales de la paranoia, todo empiezan a verlo con signos en su interpretación de la realidad. La idea era envolver al espectador, que pudieran aparecer los actores desde cualquier lado, no podíamos intervenir los cimientos del teatro porque no se podía, no había para dónde ir hacia abajo, pero sí las cuatro entradas, sí ese acceso por arriba.

Y la caída está muy bien resuelta con los costales.

Exacto, la caída con unos costales, muy sencillo y ellos con su subjetividad construyendo ese hoyo al que se va el personaje, y que luego lo vuelves a ver, yo pensaba en eso, bueno, así se fue Alicia en el país de las maravillas se va por una madriguera de conejo, y vámonos, se va a mirar cosas y a habitar otros territorios, eso me daba mucha libertad.

El proceso fue largo, muy apasionado, nos fuimos enamorando del material, yo llegué a un primer texto que fue con el que los convoqué, y sobre la marcha, afinando la lectura, añadí dos escenas, quité tres pequeños momentos que eran corales que sentí, no caben, me fui dando cuenta sobre la marcha, no caben, ¡no caben!, van para afuera, quedó reducido al cruce un monologuito de esos textos, qué hace, uno, Emmanuel Padilla como la imagen que da de ese barrendero que mandaron al Nirvana con la bomba. Y fue terminar el texto sobre la marcha a raíz de acabar de comprender la historia que estábamos contando, afinándola. Eso me resultó como dramaturgo muy atractivo, muy interesante vivir así el mecanismo de trabajo.

En ti se da la dualidad dramaturgo – director. Hay nombres que son garantía de buen teatro, y estando tú, Gabriel Pascal, Laura Almela, y ahora que bueno que se incorporan los más jóvenes de la familia, David Juan y Lucia, el resultado es excelente.

Siguiendo a una secta activista, la obra retrata el trasfondo que puede tener el detonar una bomba en espacios públicos, la rebeldía juvenil y los impulsos colectivos por una justicia que sistemáticamente ha sido negada.






El teatro es de todos. ¡Asista!


Absolutamente recomendable. Imprescindible.



Amor y rabia de David Olguín.

Dirección: David Olguín.

Actuación: Laura Almela, Emmanuel Pavia, Santiago Alfaro, Sunem Cedillo y David Juan Olguín Almela.

Escenografía e iluminación: Gabriel Pascal.

Vestuario: Laura Martínez Rosas.

Domingos 18 horas, lunes 20 horas. Hasta el 11 de diciembre. 12 y 13 de noviembre no hay funciones.

Teatro El Milagro. Milán #24, Col. Juárez. Metrobus Reforma.

Adolescentes y adultos.

Boletos: Entrada general $150. De venta en taquilla y elmilagro.boletopolis.com



 
 
 

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