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No está colocada en el lugar y valor que le corresponde. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 26 ago 2023
  • 7 Min. de lectura


Cada pueblo tiene, en su contexto histórico, mujeres particularmente atractivas para el teatro. Las que vivieron circunstancias trágicas, las que dieron espacio a la ambivalencia y que permiten, sobre sus actos, distintas y contradictorias lecturas. La emperatriz Carlota es una de ellas, por el cúmulo de acontecimientos que conformaron su larga vida: siendo muy joven su marido es nombrado emperador de México, el fusilamiento de Maximiliano por la pérdida del imperio, su locura posterior y su larga sobrevivencia.

Este apasionante personaje real de la historia de México ha visitado en muchas ocasiones escenarios teatrales.

La loca de Bouchot, versión para monólogo teatral sobre textos de Castillo de Bouchout 1927, más un fragmento de la Elegía del poeta nahua Axayácatl, y algunas estrofas del Corrido del tiro de gracia, actuado y dirigido por Teresa Selma. La obra mostraba la esencia de la Emperatriz Carlota, con toda su imaginación, locura, odio, amor y nostalgia por lo que tuvo, y por lo que no tuvo.

La primera actriz venezolana caracterizó a la princesa belga sin más recursos escenográficos que la vista nocturna del castillo de Chapultepec, con la voz y guitarra de Agustín Pradillo, que, en la soledad de la vejez, intenta, junto al maniquí de su amado Maximiliano de Habsburgo, reconstruir la historia de aquel paraíso perdido.

Rodolfo Usigli autor de la trilogía histórica: Corona de sombra (1943), Corona de fuego (1960), Corona de luz (1964), el estreno se produjo cuatro años después, en 1947, en el teatro Abreu de la Ciudad de México, con dirección del autor. En el caso de Corona de sombra el subtítulo de “pieza antihistórica” entraña la decisión de ponerse en contra del lugar que la historia oficial de ese tiempo le dedicó a un hecho de gran relevancia histórica para México: la instalación en 1864 de Maximiliano y Carlota como monarcas del Segundo Imperio mexicano. La sujeción de la vida política mexicana a los intereses imperiales de Francia, mediante la instalación en el fastuoso palacio de Chapultepec de una pareja de monarcas europeos en una tierra convulsionada por los enfrentamientos ideológicos, que, desde que obtuvo la independencia, en 1821, hasta 1863, año en que se produce el arribo de Maximiliano y Carlota, al decir con palabras de Usigli, “había padecido cuarenta y tres presidentes.

La historia de vida de Carlota es demasiado atractiva para la dramaturgia y Usigli no fue inmune a esa atracción, y afrontó la tarea con la convicción de que las figuras de Maximiliano y Carlota habían sido muy maltratadas, que había que poner muchas cosas en su punto y lo dice en el prólogo, “la poesía es lo único que puede hacerlo”.

Usigli confesó que “desde 1927 se convirtió para mí en una idea fija el deseo de aprovechar teatralmente la muerte de Carlota Amalia después de sesenta años de insania”.

De este modo la historia se encargó de hacer borrosas, fantasmales, a dos de las figuras más extraordinarias de México, figuras esencialmente románticas que pertenecen a la familia del gran Napoleón, de Lamartine, de Dumas y de Víctor Hugo, de Musset y de Werther.

La obra expone la trayectoria de Maximiliano y Carlota en el Segundo Imperio: su llegada a México, los conflictos del emperador con los grupos conservadores en el país y con Napoleón III; su dilema moral ante Benito Juárez y el liberalismo mexicano; la ambición de Carlota por conservar el poder y su rendición ante la locura (motor de la acción dramática). La pieza fue estrenada en 1947 en el teatro Arbeu de la Ciudad de México con las actuaciones de Josette Simó y Alberto Galán, como protagónicos, Jorge Martínez de Hoyos y Juan José Arreola en roles secundarios. El término antihistórico implica la incorporación de la historia al terreno del drama, siempre mediada por la imaginación: “Si se lleva un tema histórico al terreno del arte dramático, el primer elemento que debe de regir es el de la imaginación, no la historia”, apunta el propio autor. De ahí que no exista una rigurosa colindancia entre los acontecimientos históricos y la trama.

Sobre el escenario aparece la mujer soberbia, hermosa, arrebatada. La emperatriz de un país americano sacudido por luchas intestinas, la esposa de un hombre liberal y víctima de la historia, la loca que huye de los demonios encabezados por Napoleón III. Todas esas facetas también las que enfrentó Miguel Sabido en Carlota emperatriz, narrada desde que residía en el Castillo de Chapultepec y convencía a su marido de no abdicar; sus diálogos con Napoleón III y el Papa, en donde ya se intuía su fragilidad mental; hasta su muerte, a los 87 años, acaecida en el delirio de la locura y en el oscuro castillo de Bouchot, en Bélgica.

Miguel Sabido logró el objetivo de labrar en la mente del espectador la efigie, plagada de claroscuros, de Carlota emperatriz. De una de las mujeres más ricas del mundo, que vivió 60 años sumida en la penumbra de la locura y amó a México intensamente, de la misma forma que amó a su marido.

Jacqueline Andere volvió a interpretar a Carlota, ya lo había hecho en Corona de sombra, en mismo escenario, el teatro Hidalgo, primero con Claudio Obregón, después con Juan Ignacio Aranda como Maximiliano.

Según se asienta en algunas fuentes, Carlota fue la primera mujer que en México mandó construir escuela para los indios, por ello le llamaron Mamá Carlota, y que, siendo una mujer tan joven, fue la que convenció a Maximiliano de venir a México. Tenía 24 años y hablaba siete Idiomas; su padre la convirtió en toda una estadista, y en México hizo mucho.

Adiós, mamá Carlota de Homero Aridjis, publicada por primera vez en 1983, quien, como hemos visto, no es el único autor mexicano en concebir la idea de escribir una pieza de teatro basada en la historia del Segundo Imperio; entre otros existen los siguientes predecesores: Segismundo Cervi, Maximiliano o el desenlace de un imperio (1887); Francisco Llop, Maximiliano (1888); Julio Jiménez Rueda, Miramar (1943); Miguel N. Lira, Carlota de México (1943); Agustín Lazo, Segundo imperio (1946); Dagoberte de Cervantes, Adiós mamá Carlota (1955); Salvador Novo, Malinche y Carlota (1956); Rosario Castellanos, El eterno femenino (1975).

Con su particular visión apocalíptica de la historia del Segundo Imperio, en Adiós, mamá Carlota, Aridjis contribuye a una necesaria toma de conciencia.

La actriz Gabriela Palafox, caracterizó a Carlota de Habsburgo en el monólogo dirigido por Noé Alvarado, De estas prisiones… Carlota: Una emperatriz sin imperio del dramaturgo César Cano, que mostró a Carlota enfrentándose a la complicada vida de una mujer en un mundo de y para hombres.

La obra de Cano está basada en las cartas personales de Carlota de Habsburgo y en la infidelidad constante de Maximiliano y como la emperatriz no pudo gobernar siendo mujer.

En Réquiem por un imperio Roberto D´Amico adaptó, la novela Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, también la dirigió y actuó, con Susana Alexander, en el Alcázar del Castillo de Chapultepec, donde justamente vivieran los emperadores.

El espectáculo de D'Amico, estuvo estructurado casi esencialmente como dos monólogos compartidos por momentos entre la figura de los dos protagonistas.

La loca de Miramar también se basó en un pasaje de Noticias del Imperio, bajo la dirección de Norma Barroso, interpretada por Ivonne Ruiz

Fernando del Paso se aboca en su novela a esa etapa, breve para México, pero muy significativa para los que la vivieron, sobre todo, para la infortunada pareja reinante.

La loca de Miramar, hace referencia al palacio que el emperador tenía cerca de Trieste, hoy Italia, donde se consumó la aceptación al imperio y quedó luego recluida por largo tiempo la ex emperatriz, viuda y loca.

Ivonne Ruiz encarnó la figura fantasmal de una anciana de 86 años que deambula en los laberintos torturados de la memoria, recordando sucesos ya muy lejanos en el tiempo y, sin embargo, aún vivos y obsesivos para esa Carlota de los momentos finales.

También en el Castillo de Chapultepec, se presentó Adiós Carlota, de Gerardo Ballester Franzoni, que ofreció una recreación poética de cómo el mundo interior de la emperatriz Carlota, al perder la razón por enfrentarse con el mundo real, y el fusilamiento de su esposo. Fueron títeres quienes hicieron la representación de esta obra, basados en la técnica japonesa buranku y títeres de mesa en cámara negra. En la obra sin diálogos, solamente se escuchaba la música de Deborah Silberer, que transportaba a las vivencias y anécdotas de Carlota.

Para concluir este recorrido, no cronológico, de manera intermitente desde el 2019, Carlota vuelve a habitar el Castillo de Chapultepec, el Alcázar es el escenario de Carlota, que mediante la danza y el teatro aborda las reflexiones durante diferentes etapas y claroscuros de la vida de quien fuera emperatriz de México, bajo la dirección de Rodrigo González, también responsable de la dramaturgia, basada en las cartas que, de su puño y letra, escribió Carlota y de las cuales se tiene registro fidedigno.

La obra abarca diversas etapas de su vida, cuando tenía 16 años, antes de casarse con Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria; su vida de emperatriz; y cuando queda viuda...

A través de la obra, transitamos desde la locura y audacia del personaje, que nos permite mirar espejos en los que, muchas veces, no queremos vernos reflejados. Llena de poesía y tragedia, Carlota nos permite reconocernos y ver a nuestro país desde la mirada externa y comprender aciertos y errores históricos.

La Infinita Compañía, dirigida por Rodrigo González y Raúl Tamez, pone énfasis en la ambición de la emperatriz, que desde su particular punto de vista es lo que la pierde, lo que la lleva a esa especie de paranoia y neurosis, que se complica a medida que pasa el tiempo y que, debido al poco conocimiento que había en esa época sobre las enfermedades mentales, es tratada de manera brutal con el encierro y con otras medidas como baños de agua helada.

Carlota es un espectáculo unipersonal estrenado de manera alternada por María Inés Pintado y Jessica Sandoval, ambas con experiencia en teatro y danza. Actualmente interpretada por la excelente Alejandra Chacón, quien ya había portado el vestido imperial en La cena del bicentenario. En la que los emperadores de México, organizan una cena en el Castillo de Chapultepec, el 13 de septiembre de 2010, con motivo de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia de México. Los convidados: el Ex-Emperador Iturbide, el General Porfirio Díaz, el Licenciado Benito Juárez, el Cura Miguel Hidalgo y el General Emiliano Zapata. La farsa, basada en la novela homónima de Héctor Zagal, estrenada en el 2010, fue irónica, irreverente pero también deliciosa, la adaptación y dirección fueron de Antón Araiza.

La talentosa Alejandra Chacón, ahora ya también directora y dramaturga, viste los ropajes de la emperatriz, desde el drama y la locura, con más experiencia y madurez, ofreciendo una conmovedora y reflexiva interpretación.

La música de Carlota está escrita ex profeso por el director y compositor Alonso Burgos, interpretando en vivo el piano, acompañado por Saray Sánchez en el cello.

Mujer controversial y un ícono en la historia del país, Carlota, como lo demuestra la actual propuesta escénica y la mayoría de las citadas, no está colocada en el lugar y valor que le corresponde.



El teatro es de todos. ¡Asista!


Muy recomendable.



Carlota, dramaturgia y dirección: Rodrigo González.

Actuación: Alejandra Chacón.

Música en vivo: Alonso Burgos y Saray Sánchez.

Sábados 20 horas.

Alcázar del Castillo de Chapultepec. Metrobus Gandhi.






 
 
 

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