No es un teatro de fábula. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 4 ago 2023
- 15 Min. de lectura

El teatro del absurdo es un tipo de dramaturgia diferente a la tradicional, las tramas de las obras de este género giran en torno a un mismo argumento: “nada de lo que existe, tiene sentido o significado”.
Varios escritores, en su mayoría franceses, se sumaron a esta expresión artística que nació en 1950, cinco años después de finalizar la Segunda Guerra Mundial.
El conflicto bélico influyó en el movimiento de teatro, los dramaturgos fortalecieron las ideas de esta nueva modalidad escénica, al notar que el propio sistema llevó a las personas a actuar de manera irracional.
Fue así que, durante el siglo XX se formó el movimiento de teatro inspirado en la filosofía del absurdo.

El crítico húngaro Martin Esslin, acuñó el término de Teatro del absurdo en 1962 en su libro titulado Teatro del absurdo, con la intención de referirse a aquellos autores que redactaban obras en oposición al teatro tradicional.
En este sentido, definió lo absurdo como lo “contrario y opuesto a la razón”, cuyas obras suelen caracterizarse por ser sarcásticas, arbitrarias, disparatadas y raras.

Parte de este concepto del absurdo se apoya en el trabajo filosófico de Albert Camus El mito de Sísifo (1942), un ensayo en el cual plantea que la vida humana es insignificante y su valor solo reside en lo que surge a partir de la creación.
Esslin utiliza la palabra “absurdo” valiéndose de su significado puro, el cual expresa que absurdo es todo aquello contrario y opuesto a la razón, lo que no posee sentido. Puede ser así visto como algo chocante, contradictorio, arbitrario, irregular, disparatado e incluso extravagante. En este tipo de representación escénica se abordan temas mayormente relacionados al contexto cultural o político y se cuestiona la existencia humana.
Los autores de lo absurdo se centran en la mala comunicación entre los sujetos, que trae como consecuencia acciones incongruentes.
El teatro del absurdo surge en el siglo XX, sin embargo, antes de su creación, el danés Søren Kierkegaard, pionero de la filosofía del absurdo, quiso mostrar a través de su teoría que la vida no tiene significado, ni razón.

Más adelante, otros absurdistas señalaron que “Dios no existía”, y se apegaron a la idea de la existencia como un asunto enteramente humano.
En el siglo XX ocurrieron dos eventos trágicos: La Primera y Segunda Guerra Mundial, éste último, considerado el más destructivo de la historia.
El teatro del absurdo inició cinco años después de la concluida la Segunda Guerra, y se desarrolla durante las décadas de los 50 y 60, fundamentándose en la teoría filosófica de Kierkegaard.
Cabe destacar que, para ese tiempo, aún la sociedad afrontaba las terribles secuelas que dejaron los conflictos bélicos.

En este sentido, el mundo de la dramaturgia supone que dicho movimiento artístico surgió en un tiempo marcado por el declive político, social, moral y religioso, dando como resultado personajes y temas vinculados a situaciones semejantes.
El teatro absurdo tiene una perspectiva diferente acerca del mundo y todo aquello que lo rodea. Algunas de las características del género son:
Las acciones dramáticas suelen ser cortas y el desarrollo del relato puede tener un carácter circular en el que ni las situaciones iniciales ni los personajes, se modifican o se transforman hacia el final de la historia.
El factor tiempo no sigue un orden lineal estricto. No implica una cronología de los acontecimientos.
El lenguaje puede ser dislocado, incluye frases trilladas, juegos de palabras, repeticiones y hasta suele romper con la continuidad de algún instante.
El ridículo y la ausencia de sentido, son recursos orientados a mostrar una capa cómica pero que a su vez permiten vislumbrar un mensaje de fondo.

El contenido de trasfondo dentro del absurdo abarca generalmente temas como la política, la religión, la moral y las estructuras sociales.
Los personajes dentro del mundo del absurdo se ubican dentro de un universo incomprensible y carecen de un discurso completamente racional.
Entre otros aspectos, los personajes pueden hallarse en un estado frenético y ni el entorno ni la situación que los rodea suele generar una transformación final.
Entre otras características, los personajes se dibujan a partir de estereotipos o arquetipos predefinidos. También pueden ser vistos como planos, parecidos a la construcción de los personajes dentro de la comedia del arte.
No existe un conflicto concreto dentro de la obra absurda.
La acción no hila la historia a partir de una forma lógica, sin embargo, permite la progresión de la obra.

Algunas de las obras y autores más conocidos del teatro del absurdo:
Además de Kierkegaard, destacan, el dramaturgo franco-rumano, Eugene Ionesco; el irlandés, Samuel Beckett; el británico, Norman Frederick Simpson; y el francés, Jean Genet.
Todas sus creaciones, fieles a la irracionalidad característica de este peculiar estilo, presentan una visión absolutamente distinta de los aspectos más comunes del comportamiento humano, en medio de situaciones tan absurdas, como graciosas.
La cantante calva (1950), obra original de Eugene Ionesco, refleja a la burguesía del siglo XX y está inspirada en una guía de estudio empleada por el autor para aprender inglés.
La lección (1951), otra creación de Ionesco que narra cómo una joven trata de entender las complejas clases de un profesor anciano al borde de la locura.
Esperando a Godot (1953), icónica pieza teatral de Samuel Beckett que describe una enredada situación en la que dos personajes se ven envueltos mientras esperan a Godot, quien nunca llega.
Las criadas (1947), emblemática obra de Jean Genet, la cual cuenta la historia de dos criadas que juegan a usurpar la identidad de su ama, e involucran al amante de la misma en un complicado mal entendido.
Estas son solo algunas de las más conocidas piezas del Teatro del absurdo.

Y, de forma por lo demás oportuna, aparece en la actual oferta teatral capitalina una obra mexicana, contemporánea, adscrita al género: El hoyo, escrita y dirigida por Fernando Bueno, con quien platicamos en torno a la obra.
Tu obra, El hoyo, es toda una propuesta de fondo y de forma, es decir, desde la historia y su planteamiento, hasta la puesta en escena. Yo solo conozco una obra mexicana del teatro del absurdo mexicana en escena El estupendhombre, de Antonio González Caballero, quien se dedicó regularmente a escribir comedia costumbrista, y que puso en escena Julio Castillo (Teatro de la Universidad, agosto 1980), aunque, seguramente habrá más.

La compañía B. Teatro, conformada por Daniel Bretón y yo, éramos muy fanáticos del teatro del absurdo, y un poco la tirada que teníamos del Negro de humo, que, si bien no era teatro del absurdo en su totalidad, sí tenía esta cosa dislocada del lenguaje, este vacío dentro de la palabra, ciertos elementos del teatro del absurdo. Después hicimos Los idiotas de Carlos Lizcano, que esa sí era teatro del absurdo, y ahora está que se quedó un ratote en pausa, El hoyo, una obra que escribí hace siete años, y se quedó ahí guardada en el closet. Inclusive yo tenía la sensación de que no estaba terminada, y cuando entré en el proceso me di cuenta que sí estaba terminada o por lo menos así lo sentí. También creo que es interesante cuando pasan siete años, luego regresas a tu texto, te das cuenta también que hay cierta distancia que pareciera, inclusive, que lo escribió alguien más.

Esta pausa sirvió para madurar, pero, además fue una pausa en la que, en medio, tenemos tres años de pandemia.
Tres años de pandemia, también el mundo cambia, también se genera una visión pesimista del futuro en la sociedad, creo que entonces ahora el teatro del absurdo cobra un sentido mucho más profundo con respecto a lo que está sucediendo actualmente. Si bien el teatro del absurdo surge después de la pos guerra de estas teorías filosóficas del irracionalismo, del nihilismo, del existencialismo, es decir, a falta de Dios, a falta de estructuras sociales, políticas, religiosas, el hombre tiene que hacerse cargo de su propia ética y moral y ahí es donde se disloca la racionalidad y este teatro surge desde ese universo absurdo. Un poco, los grandes escritores del teatro del absurdo, no eran teóricos de ese teatro, inclusive, creo que cuando empezó el teatro del absurdo, le decían el teatro moderno, ya después le dan ese término.
Cuando escribo El hoyo, claro que hay un referente enorme, sobre todo a Becket, que es de lo más purista, tiene todos los elementos narrativos del teatro del absurdo, aunque en mi obra, a diferencia de las otras yo sí creo que tengo un devenir trágico que se muestra, que después regresa esta circularidad, pero si les trastoca la idea del desierto. Del último personaje que sale del Hoyo y les dice: el hoyo, interprétenlo como ustedes quieran, pero solo hay desierto. Dice: el hoyo está en nosotros y aún así lo buscamos afuera, la penitencia está aquí.

Que ese personaje, primero su monólogo lo tenía en español y se me hacía raro, porque decía: Es que este es un capricho del director, no es un capricho del dramaturgo de dar su visión hacia el abismo, de lo que para él significa el abismo. Entonces decido dislocar este personaje en esta especie de guirigay de varios idiomas, que también le da un cierto rasgo de carácter que pareciera que ha visto miles de hoyos, que es un personaje totalmente devastado, pesimista, con una tesitura existencial que él si se hace estos cuestionamientos universales, pero siempre desde la palabra dislocada.
Y los otros están en la evasión absoluta, inclusive cuando dicen que van a pensar, no piensan, y cuando les va a atacar una reflexión profunda, siempre la palabra, o el cuerpo conspira contra esa reflexión y se rompe y se rompe y se rompe.

Desde que escribí esta obra, hasta ahora que la monté, fue un reto: ¿cómo hago dialogar a dos personajes que tienen memoria a corto plazo?. Además que tienen estos dos rasgos de carácter, que uno no se hace los cuestionamientos, que se paraliza si lo cuestionan, y el otro habla de su teoría del menos escondido en el más, y del más y el menos, y que se genera una simbiosis, porque, también creo que en este teatro, los personajes no son tan biográficos, entonces los personajes se vuelven impredecibles, pero también está divertido ver como de pronto pierden esta identidad y que hay escenas que marcan la construcción de la identidad a partir del otro, o de los demás, que en este caso termina siendo el público, aunque en esta obra nunca se rompe la cuarta pared, a mi parecer. A pesar de que nos subimos a las gradas nunca hay una interacción directa con el público, porque para mí, desde la dirección es eso, el público es abismo, es nada. Por tanto sí, no veo nada, no escucho nada, no huelo nada, por lo tanto ¡no hay nada!.

Entonces sí, a pesar de que habitamos la graderia y luego nos regresamos, esa vez entran al hoyo, pero no ven que hay en el hoyo, o las veces que entran al hoyo, siempre es desde un lugar inconsciente, mientras están interactuando con el hoyo, no lo oyen, no lo escuchan, no lo quieren ver, pero ahí está presente, es un ser omnisciente y omnipresente que está ahí cobrando cualquier forma que ellos le quieran dar, o cualquier necesidad, y que cobra el sentido de todas estas preguntas existenciales que no logramos respondernos, pero que tampoco nos queremos hacer, y que también, dentro de la dirección, un poco el planteamiento mío, fue sentar al público al filo del abismo, un poco sentarlo en esta misma metáfora del hoyo, y que el personaje que habita el hoyo también saliera de abajo. Que el hoyo respire, que esté vivo.

En El hoyo, aparentemente hay comunicación entre los personajes, pero en realidad no hay diálogo... ...no hay, nunca... ...cada uno está por su lado. Creo que no debe haber sido nada fácil la creación del texto. Desde el punto de vista de la interpretación, mis respetos para tus actores, desde memorizar un texto que no tiene lógica, que adolesce de un discurso, ¡qué difícil!.
Sí, porque es una cosa circular constante, pero que tiene sentidos profundos que los empiezan a atravesar. Es una obra totalmente circular, que si no tiene estos puntos de arraigo, porque son personajes que están en la verborrea todo el tiempo, y que están en la circularidad de las conversaciones que los mantienen a flote dentro de esta cohabitación insoportable, que se detestan, pero que se necesitan profundamente, porque sin el otro no pueden existir. Son personajes que tienen líneas dialogales completamente distintas, por tanto, la comunicación siempre es imposible, pero están dentro de esta circularidad, y dentro de esta circularidad, que, si no suceden estos cuestionamientos profundos que de pronto los atraviesan, nada más se vuelve una cosa hipnótica, hipnótica hipnótica.
Para mí esto es como una espiral que va en descenso, que cada que encuentra una especie de pequeño conflicto-peripecia, los lleva mucho más a un lugar más profundo a pesar del intento de evadir estos cuestionamientos profundos. Lo que decía hace rato, todo el tiempo están en la verborrea, pero de pronto los personajes parece que van a entender algo profundo, y la palabra conspira contra ese entendimiento y los rompe y los saca de nuevo de ahí, y son estos detonantes que tienen, ya sea de relación, ya sea de lenguaje, ya sea de estas cosas que construyen con el cuerpo, y, cómo es tan reiterativa y tan circular es muy difícil, si no le entiendes, aprendértela por esta repetición constante.

La obra me remitió a Ah… los días felices de Beckett. ¿Te sirve en algo de influencia esta obra?
Sí, definitivamente, creo que más Esperando a Godot, para mí Skit es una especie de Lucky, inclusive Vladimir, de pronto no sé si es Estragón, de pronto le dicen Alberto. La identidad y la biografía de los personajes vale madres, son dos seres varados en el vacío, sin una biografía, que es lo chido de este teatro, que no es un teatro de fábula, que no tiene un planteamiento, un desarrollo, un clímax, desenlace, sino más bien, es una premisa puesta en escena bajo ciertos lineamientos absurdistas y cómo resuelves eso.
Algo que se me hace muy interesante de este tipo de teatro, y de mi obra en específico, es que, de pronto en el proceso, y me pasaba con otros actores que ya no estuvieron en la obra, que no lograron entender muy bien la visión que yo tenía de la obra, que Bernardo lo hace muy bien y le da una profundidad enorme, y también Jazmín y Marco, era que no es una comedia.

El teatro del absurdo se toma desde un lugar de Clown, porque lo absurdo en un principio era un mecanismo de comedia, después de todo, esto que sucede, de que se destruye el mundo, que hay una guerra, que todas las estructuras se caen.
Se configura el absurdo, pero como una condición trágica del mundo, por tanto, deja de ser cómico. Si es gracioso por lo absurdo de la situación y de lo que sucede, pero hay como una sonrisa-mueca-rara que te va llevando a lugares profundos. Lo que está bueno es que siempre la profundidad dentro de este teatro está en el entredicho, en lo que no terminan de resolver esos personajes, y que tú resuelves en ti, como todos estos cuestionamientos inconstantes que a ti te rebotan y esta cosa de los demás, no sé quiénes son los demás. Pues nosotros somos los demás.
Lo que habla Skit del instante, sobre todo este personaje que se maneja en este plano totalmente existencialista, somos un instante en un universo de instantes, instantáneamente cancellati, que a mí me remitía mucho al Faustus que decía: Instante detente, eres tan bello. Cuando pasa el instante ¡ya se fue!.

¿El hoyo es una obra distópica?. ¿Se acabó el mundo y nada más quedan estos dos personajes ante el hoyo?.
No. Para mí el planteamiento son dos personajes que están viendo un hoyo, no hay una biografía, no sabemos de dónde vienen, solamente dos personajes varados en el vacío.
Ahí es donde me remite a Ah… los días felices, dónde Tiltil y Miltil, igual son dos personajes, un hombre y una mujer varados en el vacío, hubo un montaje espectacular que dirigió Manuel Montoro (Teatro Independencia, noviembre de 1977) con Beatriz Sheridan, gran actriz y Héctor Gómez, y era una puesta en escena fuera de serie, probablemente por eso me remite. No digo que haya copia, mucho menos plagio, simplemente esta situación que acabas de decir, dos personajes sin historia, sin biografía, sin procedencia ni destino.
Exacto, inclusive lo que monto al final, que esa fue propuesta mía para marcar esta circularidad, en esta suerte de epílogo de Skit, que ya no es parte de la obra, para mí la obra termina con Goupi siendo comido por la penumbra y luego ya, esta es licencia y capricho del dramaturgo-director, donde hago a Skit hablar, y dentro de este momento regreso un poco la luz tenue, y se ven los dos personajes de nuevo, que para mí es esto, si no son ellos van a ser otros dos, o van a ser otras personas, todos vivimos en este loop interminable, absurdo, en esta maldición de Sísifo de subir y bajar la piedra, el mito de Sísifo como visión del mundo, que, después que monte esta obra, porque hablaba del desierto como una metáfora, como un signo, un poco pienso que tanto los vestuarios como la estética de ciertas cosas remitían mucho hacia el desierto. El diseño de Fernanda García, y lo dije, y si hubiera hecho esto en una oficina, o sea creo que es una obra que aguanta cualquier lectura, que la pongas donde sea, creo que pueda funcionar.

Cuando hablabas del origen del teatro del absurdo en la Europa de posguerra, tu obra es absolutamente oportuna en el México contemporáneo, en el que tampoco ya tenemos nada en qué creer, o ya no creemos en nada. Políticamente hablando, ni para dónde hacerse, ideológicamente lo mismo, religiosamente, entonces me parece de lo más oportuna tu obra y además montar este género tan emblemático en el México actual, lo reitero, lo más de oportuno.
Me preguntaban justo lo mismo, ¿Por qué el absurdo?, yo decía ¿por qué no?, y más ahora, y post pandemia, como dices. Hay una guerra gestándose en el mundo, hay bloques económicos, ninguna decisión política nacional ni geopolítica internacional está en nuestras manos, estamos en manos del capital, no podemos hacer nada, y menos desde el teatro, aunque si podemos generar cambios profundos en segmentos muy pequeños, pero, de todos modos pienso que la sociedad civil no puede generar un cambio. En lo personal yo tengo una visión muy pesimista, tanto del presente, como del futuro, y creo que nadie quiere tener hijos, por lo menos en mi gremio, o por lo menos nadie quiere tener hijos conmigo.
No hay certezas de nada y el futuro pinta como un lugar que nadie podemos concebir, vivimos al día, sobrevivimos, todavía nosotros desde nuestra clase media pequeño burguesa, hay otra banda que no puede ni siquiera hacer esos cuestionamientos, que sale a chambear y ya.

Pero sí, creo que es mucho más pertinente que nunca. Lo que sí me gustaría, que creo que hacen otros dramaturgos, es que sí siguen retomando estas premisas absurdas, que esa es ahora mi búsqueda después de esta obra, desde los elementos narrativos más puristas del teatro del absurdo que El hoyo cobra un sentido, como Godot inclusive, que cuando le preguntaban a Becket ¿y qué es Godot?, ¿quién es Godot?, y Becket decía: Si lo hubiera sabido, hubiera llegado ¿no?, que claro que hay un juego de palabras en esa respuesta. En esta obra ¿que es el hoyo?. Bueno si lo hubiera sabido, lo hubiera mostrado, inclusive cuando entran al hoyo, no están en el hoyo, hay una cosa tan ensimismada que no logra cobrar la dimensión de lo que es ese lugar. El hoyo está en nosotros y a ver cuál es tu hoyo, pregúntatelo.
Ahora mi intención es traer estas narrativas a este otro tipo de géneros mucho más realistas, un poco lo que hace Martin McDonagh, que me parece uno de los dramaturgos, y que ya le está pegando al cine, yo soy muy fan de su teatro, de El oeste solitario, The cripple of inishman, de Pilowman, muchas obras he leído, y ahora está haciendo, que me pareció maravillosa, la de The banshees of inisheer qué es alguien que pienso que todas sus obras tienen esta cosa absurda, Porque además es de Irlanda, entonces siempre, todos sus personajes están varados en una isla en Irlanda, donde no hay nada, donde se divierten viendo vacas, en El cojo de inishman la gente se divierte viendo vacas, o son chismosos, o toda la comunidad se conoce. Entonces sí viven varados en el vacío, sin mucho entretenimiento, y tiene estos personajes donde luego les pone objetivos nobles, pero con resoluciones totalmente absurdas, como The Banshees of Inisheer que es un güey que decide dejar de ser amigo de otro personaje, y le dice: Cada que te vea, me voy a cortar un dedo. Es una cosa violentísima pero tomado de forma tan real, entonces cómo transpolar ahora esto, pero pienso que sí, sí es pertinente, si es una sociedad absurda en muchos sentidos.

¿Cómo llegan a Casa del Teatro?, porque, erróneamente se puede ubicar como una temporada académica de la propia institución, y nada que ver.
Ahorita apenas regresa la carrera de Casa del Teatro. A mí, Casa del Teatro me parece que es uno de los mejores foros independientes, que no están ligados al estado. Está armadísimo ese espacio, es un foro que tiene de iluminación, una locura, tiene su consola MX, y además es una caja negra impresionante. A mí siempre me ha gustado. Decidimos estrenar en el Foro Lucerna antes, y luego nos venimos acá, a Casa del Teatro, un poco se me acabó el público allá en el Foro Lucerna.
En Casa del Teatro di un taller y de ahí se pagaron las funciones, Ingrid Cebada, la directora, siempre nos propuso mil cosas, el Güero, que es el técnico, que lo conozco desde hace varios años, siempre nos han tratado muy bien ahí. Lo que sí, es que les dije: Es un foro frío, es un foro que están queriendo activar ustedes, que sí lo logran activar va a ser un espacio muy bueno, poque a diferencia de otros, no están tan equipados, no son tan grandes, acá está muy bien este espacio.
En el Lucerna estuvimos de mayo a agosto, fueron seis funciones. Acá también son seis, y luego nos vamos a La Capilla. Para mí esas son las 18 funciones de teatro independiente que podemos costear, y pues carpetismo y ojalá podamos recibir apoyos del Estado para seguir moviendo este proyecto, tú sabes que costear el teatro independiente es una locura. Yo estoy entre favores que he hecho, intercambios. A la diseñadora de iluminación, vestuario, escenografía, le di una pintura mía, al del diseño sonoro, música original, le grabé un video de su quinteto, todo ha sido así de intercambio, inclusive con los mismos actores y actrices, hay una cosa de taquilla, porque hay un interés genuino en el proyecto, estoy perdiendo, pero estoy muy contento, al final se cuenta el discurso que traigo y que quiero contar.

Eloy Hernández era un buen productor y falleció. Pero sí, falta todavía esa figura, sobre todo las figuras que están conectadas con el dinero, porque luego uno gana los efiatros y no tienes a la empresa.
Que terminen muy bien esta temporada y que empiece mejor la siguiente en La Capilla que ese sí está caliente.
Ojalá. Es del 10 de octubre al 14 de noviembre, seis funciones también, nos iban a dar 10 pero ya traemos dos temporadas antes muy pegadas y sí le recorte a seis funciones, pero buena onda la los de La Capilla, en realidad los tres teatros nos los abrieron, no hicimos convocatoria ni nada, fueron buena onda, les gustó el proyecto y nos abrieron las puertas.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

El Hoyo, de Fernando Bueno.
Dirección: Fernando Bueno.
Actuación: Bernardo Benítez, Jazmín Tirzo, Marco Arturo Valencia
Casa del Teatro Vallarta 31 Plaza de la Conchita, Coyoacán.
Sábados 19 horas, hasta el 19 de agosto.




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