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No era promiscuo, era infiel. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.




¿Hasta dónde se sostiene una distancia y se soporta una ausencia?

Madres e hijos, una obra en donde los prejuicios sobre la sexualidad, las apariencias, el qué dirán y el deber ser, salpican la historia y muestran las consecuencias.

La obra narra la historia de Betty, una acaudalada viuda que, camino a Roma hace escala en la ciudad que vio morir a su único hijo, la ciudad donde vive Chris, ex pareja de André, quien murió a causa del SIDA en 1990, y decide visitarlo de improviso.

Chris ha reconstruido su vida: está casado con Pierre y tienen a Danny, un hijo de 6 años. Han pasado más de dos décadas desde que Betty y Chris se vieron por última vez. A pesar del tiempo hay resentimientos que sanar y hay cosas que perdonar. Durante ese reencuentro los personajes atraviesan la emoción y los recuerdos más entrañables, y allí también surgen los secretos que hasta ese entonces se mantuvieron ocultos.

La madre acepta su soledad y el arrepentimiento de haberse comportado como lo hizo con su hijo fallecido, mientras que su ex pareja, a través de los recuerdos, nos regresa en el tiempo para poder compartir su historia de amor.

El autor norteamericano Terrence McNally pone en la lupa temas como el amor, la enfermedad, la discriminación y la muerte, tópicos no del todo novedosos, que ya se han hemos visto en otras obras y películas, lo que hay que valorar, es que la obra logra emocionar a la gente y los trabajos que se llevan a cabo arriba del escenario son dramáticamente comprometidos.

En ese encuentro, Betty conocerá mucho más sobre su hijo y su entorno, quizás pudiendo cerrar algunas heridas, perdonando y perdonándose.

Madres e hijos, de Terrence McNally, fue estrenada en Broadway en el 2014, y una década después llega a nuestra cartelera. Protagonizada por la gran Diana Bracho, su retorno a los escenarios causa un cúmulo de sensaciones. Por un lado, es innegable el gusto de volver a verla en teatro, donde ha dejado huella con personajes memorables en obras igualmente inolvidables: Un tranvía llamado deseo, Masster Class, del mismo Terrence McNally; Entre Pancho Villa y una mujer desnuda; Amor, dolor y lo que traía puesto, o Los negros pájaros del adiós, por citar algunas, es un enorme gusto ver actrices como ella sobre el escenario, interpretando textos cargados de su pasión, y ahora verla no en plenitud, es doloroso, cuando, además, solo a ella le ponen micrófono, evidenciando sus limitaciones. Pensamos que, aunque resulte tan molesto y poco teatral, se debió microfonear a todo el elenco, como suele pasar en una gran cantidad de producciones privadas.

Los roles masculinos, están en manos de Juan Manuel Bernal, quien, gracias a su talento interpretativo y vasta experiencia, compone un gran personaje, Chris, lleno de sensibilidad y matices, el hombre que compartió la vida con su hijo y quien, crudamente, le hace ver lo irremediable de su actitud. El actor se mueve con soltura entre todos los matices que le exige su personaje, atravesado por las heridas de su pasado. Eugenio Rubio, desempeña con soltura su rol de la nueva pareja y el actor sorprende para bien sobre el escenario. Muy buena es la participación de Luca Guerra y Antuan Trejo, quienes alternan interpretando al hijo de la pareja. La dirección de Madres e Hijos, está en manos de Diego del Río.

Madres e hijos, habla sobre el amor, el abandono, el remordimiento, el dolor, y el arrepentimiento. La negación de una realidad evidente y los remordimientos de una madre que busca respuestas en el pasado. El pasado de un hijo fallecido víctima del SIDA, al cual ella jamás acepto siendo homosexual. No era promiscuo, era infiel, le dice la ex pareja del difunto.

Nada de lo que se calla puede permanecer en silencio para siempre. Tarde o temprano, lo velado sale a la luz, y no es menos doloroso, por eso Madres e hijos pone el foco en la compleja relación entre la aparentemente imperturbable madre y los recuerdos que quedaron de su hijo muerto hace mucho tiempo. Los recovecos de la maternidad y la paternidad y las responsabilidades que esa tarea impone quedan desacralizadas en escena. No todos los que engendran cumplen su rol como deberían y sí están aquellos que lo hacen cuando deciden criar a un niño más allá de la genética.

La excusa del encuentro entre esta mujer y la ex pareja de su hijo, aborda estas cuestiones y sirve para echar luz sobre etiquetas y roles impuestos. Ella tuvo un hijo para cubrir necesidades propias y nunca estuvo atenta a las necesidades reales de su hijo. Cuando se da cuenta es demasiado tarde.

Los prejuicios sobre la sexualidad, las apariencias, el qué dirán y el deber ser salpican la historia y muestran las consecuencias. Pero, principalmente, el dolor que generan. Y va más allá, también en quienes ejercitan estas cuestiones. En definitiva, el prejuicioso termina siendo víctima de sus propias limitaciones.


Madres e hijos es una obra sobre el perdón y lo que sucede en nuestras vidas cuando las duelos no se enfrentan.

 


 

 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 



Madres e hijos, de Terrence McNally.

Traducción: Diana Bracho y Diego del Río.

Dirección: Diego del Río.

Actuación: Diana Bracho, Juan Manuel Bernal, Eugenio Rubio, Luca Guerra y Antuan Trejo.

Viernes 20:45 horas, sábado 19:15 horas y domingo 18:15 horas. Hasta el 30 de junio.

Teatro Milán. Lucerna 64, Colonia Juárez, Metrobus Reforma

 

 

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