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Los vemos todos los días, todo el día, a toda hora. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 8 jul 2023
  • 4 Min. de lectura


¿Ayudarías a un niño abandonado? Un hombre cualquiera encuentra en una plaza de su ciudad a un niño salvaje. En medio de la multitud y la indiferencia decide tenderle la mano, uniendo el destino de ambos para siempre.

El niño salvaje de la dramaturga belga Celine Delbecq, es un conmovedor relato sobre la solidaridad y sobre todas esas personas que, sin proponérselo, definen el destino de un niño.

Céline Delbecq afirma que a ella le interesa el rol social del teatro y que trabaja en colaboración con asociaciones específicas del tema sobre el que está trabajando, de ese modo puede hacer una investigación exhaustiva, además de ofrecer a sus espectadores la posibilidad de asesorías y apoyo en caso de encontrase cercano o en una situación como la que describen sus obras. Algunos de los temas que ha trabajado Delbecq son el suicidio, el acompañamiento en la muerte de alguien, el incesto, o la infancia abandonada, como en El niño salvaje.

Para la autora es muy importante abordar los temas sin tomar partido o juzgar el hecho y para lograrlo busca exponer los diferentes puntos de vista.

Delbecq escribe de forma simple, con palabras simples porque busca que sea comprensible para todo el mundo, por supuesto esto está directamente relacionado con la función social que ella busca con su teatro.

El niño salvaje es una crítica profunda e implacable al abandono de las infancias desde todas las estructuras del sistema. Este montaje muestra la indiferencia, la crueldad y la objetualización de muchos niños, que nacen abandonados y olvidados desde la primera institución de la cual el sistema se jacta: "la familia”.

Después de la familia, el sistema profundiza y agudiza, la crueldad y el olvido. Sin embargo, este proceso está ordenado, conducido, elaborado bajo una narrativa que juega a atender a estos niños, cuando en realidad, los cosifica, los estigmatiza y los ignora. La estructura social pasa por encima de las personas; sobre todo, de las infancias, que son una población sin voz, ni espacio en el mundo.

En la trama de esta obra un hombre se encuentra a “una niña salvaje”. A partir de ese momento su vida da un giro de 180º, se fractura. Un profundo cariño crece entre ambos y con el cariño, la impotencia.

El sistema tiene preparado para esta salvaje infante, un destino de dolor y olvido. El hombre está solo, lo único que le sobrevive es la huella del vínculo. Este hombre responde a su impulso salvaje de bondad. Así, se observa el concepto de lo salvaje desde dos perspectivas. Este hombre, tiene una notable interpretación a cargo de Miguel Romero.

El niño salvaje es la forma en que el sistema señala a la niña que está fuera de los órdenes sociales, que no se conduce como una niña “normal”. Por otro lado, el hombre acude a su impulso más natural, más salvaje, más intuitivo de la especie para salvar a sus pares.

Esta historia está contada desde la perspectiva del género masculino, porque como él mismo lo dice “ella nunca está en el centro de su historia”. Ella nace y crece en un contexto que la invisibiliza, la ignora y la estigmatiza, siempre. No habla porque no vale la pena hacerlo, desde siempre ha sido y será ignorada. El cuerpo de la niña, su comportamiento, sus expresiones no están organizadas desde aquello que sería adecuado para su edad, para su sexo, ella se organiza desde la sobrevivencia, en todos los niveles, físico, emocional y social.

Marcela Castillo, responsable de la puesta en escena, habla: “este es un texto muy triste y doloroso, pero creemos que también es esperanzador, la existencia de este hombre cualquiera, que se detiene ante la indiferencia del sistema y la sociedad, ante la indefensión de la niña y decide cuidarla, es una esperanza. Hubo alguien que fue capaz de mirarla. El hombre y Alice (la niña), establecen un vínculo y generan una relación de cariño y crianza, porque ella responde a los cuidados de él. Creemos que el planteamiento del vínculo es un signo de esperanza”.

Esta historia existe, en muchas formas en el mundo. El niño salvaje representa a los niños que viven en las calles, que trabajan en los cruceros, que son prostituidos, que migran, que mueren de hambre, que son explotados, que son violentados, y que vemos todos los días, todo el día, a toda hora. Y también existen los hombres y mujeres comunes que lanzan comida a un tren lleno de migrantes, que recogen niños de la calle y los cuidan, que luchan por poner la vida de las infancias, por encima de la estructura. Siguen ese impulso salvaje de bondad y confrontan al sistema, lo fisuran. Así pues, la obra toca esos dos polos: el dolor y la esperanza. El amor y la soledad. El poder del sistema y el poder de los individuos y sus vínculos.

“Desde hace tiempo me he dedicado a las infancias, cuando encontré este texto me pareció fundamental. Pues en mi experiencia con niños, de diversos contextos y latitudes, encuentro la urgencia de mostrar la violencia sistémica que viven”, concluyó Castillo.





El teatro es de todos. ¡Asista!


Absolutamente recomendable.



El niño salvaje de Céline Delbecq.

Dirección: Marcela Castillo.

Actuación: Miguel Romero y Meraqui Pradis.

Traducción: Nadxeli Yrízar Carrillo y Humberto Pérez Mortera.

Producción: Alethia Andrade.

Diseño de vestuario: Jerildy Bosch.

Escenografía e iluminación: Mauricio Ascencio.

Música original y producción musical: Aldo Max.

Jueves y viernes, 20 horas, sábado,19 horas, domingo,18 horas. Hasta el 9 de julio.

Teatro El Granero Xavier Rojas, Centro Cultural del Bosque. Reforma y Campo Marte, Atrás del Auditorio Nacional. Metro y metrobus Auditorio.

$150.00 General, $45.00 Afiliados al programa Gente de Teatro con credencial vigente

 
 
 

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