Humor negro dentro del drama. Por: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 7 ene 2024
- 5 Min. de lectura

El hijo de puta del sombrero comenzó como un mero ejercicio de escritura muy personal inspirado en una relación que se había terminado. Ese ejercicio, el cual escribí y reescribí durante 24 horas seguidas se convirtió en la primera escena de la obra. Pronto, había escrito una obra sobre como lidiamos y comenzamos a aceptar nuestras responsabilidades como adultos. Pero algo curioso de la vida es que, hagamos lo que hagamos, la vida es un trabajo incompleto y seguimos dependiendo siempre de nosotros mismos”. Ha dicho sobre la obra su autor, Stephen Adly Guirgis.
El hijo de puta del sombrero nos ubica en un ámbito marginal, en donde Jackie (Lucio Giménez Cacho) un alcohólico en rehabilitación que sale de la cárcel, donde lo espera Verónica (Lakshmi Picazo), feliz porque ha encontrado trabajo. Ahí se encuentra con un sombrero, que no es ni de él ni de ella. Se desata entonces una violenta y ruidosa serie de discusiones escatológicas y luchas intestinas, a partir de que Jackie busca encontrar al hijo de puta del sombrero que, según cree, se está acostando con su novia. Se va a vivir con Rafa ((Rodrigo Virago alternando con Francisco Rubio), su padrino de Alcohólicos Anónimos, quien lo acompaña por el camino de la abstinencia, aunque por detrás rompe ciertos códigos que forman parte del vínculo entre dos hombres que profesan el culto de la amistad y del respeto. Dos personajes secundarios complementan la trama: el incondicional primo gay de Jackie, Julio (Luis Vega) y Nailea Norvind, que construye el personaje de Victoria, la esposa de Rafa, una mujer harta por la traición, conducida por el dolor de ejercer venganza.
Se pone en escena un sistema de traiciones absurdas, en donde cada personaje tratará de resolver como pueda la culpa de traicionar o la furia del ser traicionado.
El hijo de puta del sombrero, llega a nuestros escenarios, en versión de Roberto Cavazos, la audaz y precisa dirección de Daniel Giménez Cacho, y la música original de Carlos Mier, al fondo del escenario, guitarra eléctrica en mano.
Una historia que toca temas como la drogadicción, el alcoholismo, el engaño o la traición de una forma fresca y divertida, pero muy real. Drogas, amor, miedos y adicción son los elementos de esta obra de Stephen Adly Guirgis (actor, director y guionista estadounidense) que llega a México DOCE AÑOS después de su exitoso estreno en Broadway, con 6 Nominaciones a los Premios TONY y recibido los Premios Drama Desk a la Mejor Obra y Mejor Actor.
Daniel Giménez Cacho pone sobre el escenario toda esa violencia con la que los personajes se tratan, en un tono un tanto exasperante de gritos y movimientos. Como afirma la excelente crítica teatral Alegría Martínez: El hijo de puta del sombrero, detiene su profunda mirada en la vida de cinco personas expulsadas de sí, al agujero condenatorio de una sociedad que detesta su existencia. Hasta aquí la cita de la colega.
En lo lingüístico la obra está construida sobre lo que la misma sociedad moralista que censura la palabra "puta" considera "malas palabras". Una detrás de otra y, por supuesto, gritada.
El hijo de puta del sombrero es un espectáculo que relata el difícil camino hacia la madurez y las peripecias en las que los cinco amigos se ven envueltos durante este sendero. Drogas, amor, sexo, miedos y adicción son los elementos de esta obra de Stephen Adly Guirguis, Un viaje interior hacia la maduración personal, hacia la responsabilidad adulta que se ve truncado por las adicciones, no solo a sustancias sino también a personas y a acciones, como el sexo.
Jackie es un voluntarioso chico de barrio que no ha dejado de meterse en todo tipo de líos: alcohol, drogas y criminalidad de bajo nivel. Lo único salvable de su vida es Verónica, un amor adolescente que ambos creen indestructible. Su incondicional y gay primo adoptivo Julio, fanático de Bruce Lee, le apoya, pero sufre su permanente egoísmo. Ahora Jackie está en la buena senda: ha salido de la cárcel y se ha puesto en manos de un padrino: Rafa. Con él salió del universo de las adicciones y se enganchó a las buenas sensaciones… y a la amistad. Pero Verónica es tan emocional, tan capaz de adorar, como de odiar, de perdonar como de traicionar, y no ha dejado las adicciones. Rafa pasa por una crisis matrimonial con Victoria, una exitosa “broker” que se echó a perder por la cocaína y a la que Rafa “salvó”, como hace ahora con Jackie. Pero ahora Victoria se siente enganchada a Rafa.
Cuando un texto inteligente, una crítica a la sociedad y una excelente dirección, el resultado que se obtiene es obra con una excelente factura, una buena interpretación que cautiva, involucra y mantiene en tensión durante la representación.
5 personajes, 5 historias con un denominador común, la caída que producen las adicciones y como nada es lo que parece y nadie es lo que cree que es.
A partir del hallazgo de un sombrero se desencadena una historia de celos que expone a los personajes, sus vivencias y las relaciones entre ellos. Aunque en primera instancia hace pensar que es un drama, no lo es; y no lo es puesto que ahí reside la brillantez del texto y del autor, a través de exponer las miserias de los personajes, consigue la risa del espectador, en algunos momentos a carcajada, la mayor parte del tiempo esboza una sonrisa. Tiene también momentos de mucha tensión que hacen recapacitar sobre muchas situaciones que vivimos en el día a día.
Una excelente oportunidad de disfrutar del teatro, con un texto inteligente y una magnífica puesta en escena, con impactantes interpretaciones, y música que se convierte en otro personaje.
Una ácida comedia de perdedores, traiciones, engaños, entre irreverentes personajes que nunca encuentran la palabra justa para el momento adecuado una historia de sobrevivientes con humor ácido y corrosivo. Personajes que tienen, si no nada, poco que perder. Una comedia tan cruda como reflexiva, que transita un mundo donde valores como el amor y la lealtad parecen apenas tener cabida.
El hijo de puta del sombrero propone un arranque de ritmo televisivo: la escena de Verónica limpiando frenéticamente la casa, mientras habla con su mamá en un lenguaje soez, sobrecargado de insultos, remite instantáneamente al estilo de la pantalla chica. Antes de que la atención divague y haga una especie de zapping mental aparece Jackie, el alcohólico ex convicto que intenta darle un giro reparador a su vida. Norvind es otro engranaje de esta máquina rítmica que crece momento a momento, evidenciando una verdadera conexión actoral.
El texto de Stephen Adly Giurgis no reúne nunca a todos los protagonistas en una sola escena: la estructura va alternando las interacciones a medida que avanza la intriga, y el espectador se queda con la sensación de que todos conectan con todos.
Esta dramaturgia contemporánea de Stephen Adly Guirgis, escrita en 2011, cosechó triunfos en Broadway y ha tenido presentaciones en Argentina, España y Puerto Rico, entre otros países, es una comedia involuntaria, porque el autor escribe muy en serio, pero deja salir la realidad divertida con humor negro dentro del drama, con una irreverencia proverbial. Sorprende un lenguaje altamente soez, para expresar la lucha contra las propias adicciones, la traición amorosa, la derrota y la supervivencia.
Una comedia que, entre risa y risa deja margen para reflexionar. Las dificultades del amor, los códigos y la lealtad, la cotidianeidad atravesada por las adicciones y la criminalidad y la difícil tarea de alcanzar la madurez son puntos ácidos que subsisten relativizados en la estética de la carcajada.
El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable. Deje todo y corra a verla.
El hijo de puta del sombrero de Stephen Adly Guirguis.
Dirección: Sandra Govill.
Actuación: Lucio Giménez Cacho Goded, Nailea Norvind, Lakshmi Picazo, Francisco Rubio y Rodrigo Virago alternando funciones y Luis Vegas.
Viernes y sábados 20 horas, domingo 18 horas.
Foro Shakespeare. Zamora 9 Colonia Condesa. Metro Chapultepec.
Mayores de 18 años.
Admisión: $500, $450 y $250. De venta en taquilla y boletos.shakespeareycia.com




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