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Es mi manera de acariciar recuerdos de mi padre. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 10 ago 2023
  • 9 Min. de lectura


México, Distrito Federal, Santa María la Ribera, años cuarenta del siglo pasado. Una joven viuda, apasionada del cine y de la música, lucha para sacar adelante a tres pequeños hijos y rehacer su vida amorosa, las tareas y actividades son infinitas y agotadoras, le gustaría tener la fuerza y resistencia del nuevo mito de la pantalla: King Kong. Es la base argumental de La señora Kong, escrita y dirigida por el maestro Ignacio Escárcega.

La obra es una creación del Colectivo Escénico El Arce A.C. Nosotros como colectivo, afirma el maestro Escárcega, establecimos una idea más o menos precisa del espectáculo e hicimos un taller de exploración que duró unas tres, cuatro semanas. El resultado de este taller de exploración, algo a lo que yo llamo protozoario escénico, es un boceto de por dónde va la cosa. En este caso, se elaboró más el texto, y a partir de ahí estuvimos trabajando, todo esto pensando siempre en la cercanía con el universo sonoro. Las referencias cinematográficas son muy importantes, cuando el público entra a la sala, lo que se oye de fondo es el soundtrack de El Halcón maltés, una película muy famosa de la década de los 40’s.

Interviene el actor Alfredo Monsiváis: El proceso fue muy libre, hubo premisas que se soltaron como una línea a seguir, se prepararon y se presentaron al equipo de trabajo, y eso pudo apuntar, o no, hacia lo que estábamos buscando en este caso el maestro Escárcega y prácticamente muchas, o casi todas las cosas que exploramos se quedaron en lo que el público ve.

Sí hubo una idea clara a seguir, pero también mucha horizontalidad en el diálogo creativo. Hubo mucho diálogo, mucha aportación, pero se necesitó el ojo externo, una guía. Fue creación, no colectiva, fue trabajo en equipo. Toca turno a la protagonista de la obra Karen Alicia: Primero fue un acercamiento al texto, para lecturas en salón en ensayos, ahí fuimos encontrando intenciones, descubriendo cosas, relaciones con los personajes, después vino el proceso de memorización. El año pasado empezamos cada uno a hacer investigación, de la época, de los personajes. Fuimos muy curiosos con el maestro porque es una obra que él escribe a partir de su propia historia familiar. Después fue ir proponiendo, como lo decía Alfredo, un juego. Fuimos proponiendo cosas, acciones, y el maestro decía sí, o explórale más por ahí, o ya apréndete el texto.

Para mí, a lo largo de mi carrera, es de las obras que más he disfrutado porque el proceso ha sido como un juego, nos hemos divertido y nos divertimos en el escenario. La obra forma parte del ciclo Más allá de la cuarta pared, en el que se da un intercambio entre los creativos, el público y la prensa. El ciclo inicio con El lugar de la brisa y la sombra, de David Gaitán, seguimos con Junio en el 93 de la dupla Luis Mario Moncada y Martín Acosta, y se tratará de continuar con las obras que se van a presentar en el Centro Nacional de las Artes durante este año, proponer que haya este diálogo con la prensa y con los estudiantes. La escenofonía es notable en la obra. ¿Cómo llegaron a los sonidos que acompañan a la obra?

Igual hay una premisa y es parte de lo bonito del colectivo, que el profesor Escárcega tiene una línea narrativa, o una premisa narrativa clara, y a partir de esa premisa, además de la confianza que en este caso que me brindó, son palabras de David Almaga, director musical, para hacer el diseño sonoro y la dirección musical, pudimos tomar decisiones a la par de las exploraciones. A mí en particular me gusta estar acompañando el proceso de dirección para que no se sienta el diseño sonoro impuesto sobre el proceso de creación, más bien que se vaya generando el diseño sonoro a la par de las exploraciones.

Otra cosa que me gusta del diseño sonoro, muy particular como creativo, ver qué es lo que hay, más que buscar cosas nuevas que se les tenga que pedir. Alfredo tenía una trompeta y la toca, la toca muy bien, entonces ¿cómo podemos integrarla? desde un lado semiótico o sea desde un signo, o desde algo narrativo, o desde la textura como el bramido de los toros, el mar, y cómo ese solo elemento lo podemos unir a todo, los juegos vocales, los paisajes sonoros qué hace también el elenco. Karen también toca la armónica muy bien, entonces más bien mí chamba en vez de pedirles que aprendan los instrumentos o algo así, es más bien, ¿qué tienen? y con eso ver cómo se puede juntar.

Creo que las dos formas son válidas, pero esta la prefiero, porque así lo disfrutan, y si hay disfrute aquí, lo podrán proyectar allá. Los ruiditos y soniditos y cualquier otra cosa sobre la marcha fue saliendo, a partir de propuestas, exploraciones, y la dirección, desde lo generoso y amoroso, eso funciona, esto no funciona, vamos a probar esto ¡Listo!.

Sobre los temas que se abordan en la obra, y las premisas se llevaron a cabo las exploraciones.

Almaga toma la palabra. Siguiendo desde el diseño sonoro: México en los 40, 50, con todo lo que esto implica, búscale y explora a partir de ahí. La cinematografía, muchas de las cosas vocales o cosas que suceden, me basé más en un lenguaje cinematográfico-auditivo que escénico, cómo hacer la banda sonora de la obra. Y la tercera, las voces y los objetos, como la máquina de coser, que también tiene que ver con el contexto histórico. Y, por supuesto, el texto, que fue una de las grandes premisas.

Alfredo Monsivais interviene. En mi caso fue a partir de la época, no estaba bien visto que un hombre soltero cortejara a una viuda ya con hijos, con tres hijos. La burla de los compañeros de trabajo, la burla de los vecinos, la burla... Entonces por qué un hombre de esa época decide, a pesar de todos los prejuicios sociales y morales insistir en enamorarse de una mujer en esa condición de vida ¿por qué hacerlo?, yo me lo respondí por una historia personal, que no sucedió en los 40’s, sucedió en los 70’s en donde todavía se seguía viendo mal, por ahí fue mucho de la reflexión de este personaje, cómo a pesar de la época, apelar al sentimiento, a lo que uno quiere, y enfrentar lo otro. Por ahí fue mi premisa de exploración.

Por su parte, el autor y director de la obra, Ignacio Escárcega afirma, en lo temático, el desafío que tiene una mujer para tratar de equilibrar el universo de las responsabilidades, con el universo de su realización personal amorosa, que, si ahora está complicado para la mujer, hay que imaginar cómo fue en aquella época. En efecto, la historia está, de alguna manera, inspirada por mi abuela, ella vivió justo esto.

La señora Kong representa un tipo de teatro, del que ya no se hace, una obra de aparente sencillez, conmovedora, visualmente muy atractiva, que invita a viajar con la imaginación, con los personajes viajamos al mar, disfrutamos las películas que la señora Kong narra a sus hijos, la obra cuanta con diálogos muy bien elaborados, muy bien interpretados en una puesta en escena creativa, imaginativa, lúdica, que remite a tiempos pasados, aunque muchos de los temas lamentablemente, sigan estando muy presentes. En el montaje, predominan los tonos tierra, ¿por qué no usar más colores en la iluminación?

Teresa Alvarado, responsable del espacio y vestuario comenta al respecto. Si hay temperaturas en la iluminación, más no colores intensos, porque alude mucho a este universo cinematográfico, también en blanco y negro y sepia, de hecho, el piso rebota la luz como una película en sepia. También el vestuario tiene estas tonalidades, juega con temperaturas, temperaturas que evocan a la época, o al imaginario de lo que creemos de esa época, porque no es historiográfico tampoco.

En el universo creativo se manejó eso, las texturas que evocan, las formas que evocan en los distintos caracteres, y esa sensorialidad. Lo que se hizo fue jugar blancos y negros, temperaturas y generar el universo realista, y el universo que nos evoca a lo onírico, al otro plano, donde están los hijos viendo, dónde está el ensamble participando de otra manera.

¿Por qué Santa María la Ribera, por qué Buenavista que se convirtió en una horrenda plaza?

Responde el maestro Escárcega. Estos personajes inspirados en esta ficción, vivieron ahí efectivamente. También el espectáculo, ya en la elaboración dramatúrgica, la manera de inventar a la abuela, es mi manera de acariciar recuerdos de mi padre, él tenía mucho gusto en llevarnos a la Santa María la Ribera, al kiosco, a los tacos, al cine, sobre todo es un barrio que ha conservado su nomenclatura, como dice el personaje de Alfredo, es un crucigrama de poetas y de árboles.

Durante mucho tiempo, mi abuela paterna fue una imagen de dureza, de energía, poco cariñosa con sus nietos, se desvivía en atenciones con sus hijos. Fue una joven viuda que, en la década de los cuarenta del siglo pasado, sacó adelante a dos hijos y una hija, trabajando en un internado en la Colonia Santa María la Ribera de la Ciudad de México.

Para ellos tres, fue una infancia de limitaciones y algunas enfermedades, creo que su posterior dureza viene de allí, de hacerse fuerte y abrirse camino por sí misma. Me asomo a ese mundo secreto, a través de la mirada del niño que fue mi padre.

La máquina de coser es todo un personaje. Para mis dos abuelas, la máquina de coser era un personaje, pero también en los juegos de infancia. Yo me acuerdo, de niño jugaba con esas máquinas de pedales, los cajoncitos y el cajoncito horizontal. Y sí, recuerdo ver a mi abuela mucho tiempo ahí trabajando, con todo lo que eso implica, para el cuerpo, la espalda y los ojos, ensartar el hilo en la aguja, la vista se iba acabando, por eso ella le da un besito cariñoso, se despide de ella y le dice: adiós a los malditos pendientes.

Este proceso creativo, participativo, sin duda representa gran aprendizaje para los integrantes del equipo. Aquí algunos nos comparten que se llevan a su vida personal David Almaga. Trabajar con el maestro me reitera a trabajar con el colectivo, la confianza, el trabajo en equipo, y eso poder extrapolarlo de un trabajo escénico al cotidiano, me parece muy bueno.

Nadia Cuevas, la hija. Uno crece en una formación como actriz en teatro y es algo que se repite mucho, que el teatro se hace en equipo, que se hace en colectivo, que hay que tener confianza, y eso. A veces, en la experiencia solo son palabras y no se vuelve acción, y lo que encontré en este colectivo, afortunadamente en este montaje, por primera vez, que esas cosas que te dicen, sí pueden ser reales, y que sí se puede crear desde la confianza, desde un respeto mutuo, y que eso no quiere decir que las cosas se vuelvan rígidas, duras, frías sino desde el juego. Yo respeto mucho a mis compañeros, y al mismo tiempo sé que dentro y fuera del escenario puedo contar con ellos, y eso me parece muy significativo. Es una enseñanza de vida, y de aquí para adelante son espacios y cosas que se tienen que cuidar mucho para que se pueda seguir creando desde ahí.

Rafael César Alcázar, el hijo enfermo de polio. He trabajado en muchos grupos de teatro y en muy pocos he sentido esto, este lugar seguro del que hablamos. Hacer teatro para mí aquí, es que me puedo desnudar todo lo que soy. Para mí es impresionante porque no solamente me hace vivir la experiencia de la creación de una manera segura sino también me hace crecer como actor profesional, pero también como ser humano. Veo las propuestas de mis compañeros como retroalimentan mi trabajo, y al mismo tiempo yo estoy retroalimentando el trabajo de ellos, y se convierte entonces en una relación muy íntima y esto me parece muy necesario en cualquier grupo de teatro, en cualquier montaje, porque es el lugar en el que vas a poder explotar tu creatividad, todo lo que tú eres.

Enrique Aguilar, quien interpreta al hijo mayor, torerito. Yo me llevaría la intuición. Hablo de una manera bastante personal, toda la carrera de actuación yo me la pasaba regañándome: si lo hubiera hecho así, si lo hubiera hecho de tal manera. Estar en este grupo, estar pisando un escenario de manera profesional, debes de ser bastante generoso contigo mismo y escucharte. De repente surgen este tipo de cosas desde la generosidad, desde la escucha, desde el no regaño, surge esta intuición. Cuando se van armando las exploraciones, cuando llegamos con las propuestas al maestro dices: mi intuición no estaba tan perdida, mi intuición no estaba tan mal. Siempre se necesita a alguien que te esté acompañando, que este ajustando ciertas cosas. Si algo me llevo es la escucha de mi propia intuición.

El Foro de las Artes del Centro Nacional de las Artes presenta la tercera temporada de La señora Kong, de la autoría y dirección de Ignacio Escárcega, a cargo del Colectivo Escénico El Arce.

El Colectivo Escénico El Arce nació en 2013 y está integrado por mujeres y hombres dedicados a la actuación, danza, dirección, dramaturgia, producción, fotografía, pedagogía, diseño y música. Cuenta con un repertorio de 18 trabajos artísticos, los cuales han tenido temporada en diversos recintos públicos y privados. Ha realizado giras artísticas a nivel nacional e internacional.

El Colectivo ha desarrollado actividades pedagógico-artísticas en centros de reinserción social como parte de su trabajo de investigación sobre dramaturgia penitenciaria, así como talleres y puestas en escena con el Instituto Nacional de los Adultos Mayores INAPAM. Entre sus producciones más relevantes se encuentran Casa Calabaza, Finea en el Papaloapan, Yaya quiere jugar futbol, El juego de Yalta y La cueva de las orquídeas, entre otras.

La señora Kong alude al clásico del cine que en su momento fue un acontecimiento, King Kong y que se relaciona con el gran gusto que ella tenía por el cine, ella es la señora Kong, fuerte y frágil a la vez”, concluye Ignacio Escárcega.



El teatro es de todos. ¡Asista!


Absolutamente recomendable. Imprescindible.



La señora Kong, de Ignacio Escárcega.

Dirección: Ignacio Escárcega.

Actuación: Karen Alicia, Alfredo Monsiváis, César Alcázar, Nadia Cuevas y Enrique Aguilar.

Dirección musical: David Almaga.

Diseño escénico: Teresa Alvarado.

Producción ejecutiva: Cassandra Huerta.

Asistencia de dirección: Julio César Mejia.

Foro de las Artes. Centro Nacional de las Artes. Río Churubusco 79, en la colonia Country Club.

Jueves y viernes, a las 20 horas, sábados 19 horas, domingos 18 horas, hasta el 20 de agosto.

Admisión, $200 pesos, a través del sistema Ticketmaster y en las taquillas del Cenart, donde los jueves sólo cuesta $30 pesos.


 
 
 

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