top of page

El teatro no va a desaparecer jamás porque sin teatro no se puede vivir. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 25 feb 2024
  • 8 Min. de lectura




.El teatro es vida.

Sorin.

La noche de su estreno, el 17 de octubre de 1896 en el Teatro Aleksandrinski de San Petersburgo, fue un sonado fracaso. Abucheada por el público, Vera Komissarzhévskaya, a quien algunos consideraban la mejor actriz en Rusia, y quien, de acuerdo con Chéjov, hizo llorar a la gente en el papel de Nina durante los ensayos, fue intimidada por la hostil audiencia y perdió la voz. Al día siguiente, Chéjov, quien se había refugiado tras bastidores en los últimos dos actos, anunció que desistía de escribir teatro. Cuando sus partidarios le aseguraron que en las siguientes representaciones hubo éxito, Chéjov asumió que simplemente estaban siendo amables.

La Gaviota impresionó al también dramaturgo Vladímir Nemiróvich-Dánchenko, y convenció al célebre Konstantin Stanisvaski para dirigir la obra en el innovador Teatro de Arte de Moscú en 1898, la obra triunfó. La colaboración de Chéjov con Stanislavski fue crucial para el desarrollo creativo de ambos: en Stanislavski la atención hacia el realismo psicológico, y revivió el interés de Chéjov en escribir para el escenario.

La Escuela Libre de Artes Escénicas, fundada hace tres años por Alberto Lomnitz, Enrique Singer y Daniela Parra, a través de su programa de formación profesional presenta La Gaviota de Antón Chéjov como puesta en escena de fin de semestre.

Aquí está el teatro. Un espacio vacío, sin escenografía... con unas sillas y una

mesa nada más. Se supone que hay un lago y que vemos la noche y el horizonte, pero es solo a través de los ojos de los actores que podremos verlos. El público se sienta y siente la obra, la recibe. El actor la habita. Si los dos están presentes entonces sucederá: El alma del espectador se fundirá con el alma del actor y ya no será teatro, será vida.

Treplev

En la finca de Sorin, se reúnen varios personajes para ver la obra de Kostia, un joven escritor; pero las interrupciones de Irina, famosa actriz y madre de Kostia, frustran la obra. Nina, una aspirante a actriz conoce al reconocido escritor, Trigorin, amante de Irina, con quién establece una conexión. Con el paso de los días, se van develando las complejas relaciones entre todos los personajes, y dos años después, cambios significativos en estas conexiones, los obligan a enfrentar la realidad de sus anhelos más profundos, culminando de manera trágica.

Trigorin llega al corazón del argumento cuando le comenta a Nina: “Se me ha ocurrido un tema para un relato breve: A la orilla de un lago vive desde la infancia una jovencita, como usted; quiere el lago, como una gaviota, es feliz y libre como una gaviota. Pero llega, casualmente, un hombre, la ve y, por no tener qué hacer, la mata… Los personajes de la obra no luchan, no son grandes figuras llenas de poder, sino que su existencia simplemente transcurre llena de desilusiones.

Esta historia expone la visión del autor, quien, con su escritura sencilla y su facilidad de plasmar la vida cotidiana, rompió con las grandes tragedias clásicas que relataban las hazañas de reyes y héroes, y sentó precedentes para el teatro moderno.

Esta es una obra donde aparentemente, poco acontece, por lo menos en el exterior, pero donde los sentimientos y reflexiones de los personajes van creando lentamente el desenlace. Chejov habla de amor, arte, melancolía y sueños irrealizables, de gente normal en sus rutinas. Así, el autor diría “Los hombres comen, duermen, fuman y dicen banalidades y sin embargo se destruyen".

Lo que van a ver aquí es producto de una búsqueda honesta y una necesidad profunda por explorar los verdaderos niveles de la vida y la realidad en la ficción. No la falsa y posada teatralidad a la que nos tiene acostumbrados el teatro actual.

Se abre el telón. Ahora vamos doscientos mil años en el futuro...

cuando no haya nada.

Treplev


Harold Bloom crítico y teórico literario, afirma que Chéjov es el poeta de la vida no vivida. La Gaviota es el retrato de unas vidas inútiles, tediosas y solitarias de personajes incapaces de comunicarse entre sí, y sin deseos de cambiar una sociedad errónea, ni el fracaso espiritual en el que viven. La obra comienza con la llegada de Irina, con su amante, el novelista Trigorin, a casa de su hermano Sorin, a una casa de campo en una agobiante provincia del país. Los visitantes urbanos irrumpen en las vidas apacibles y aburridas de sus habitantes: su hijo Konstantin Treplev, enamorado de la bella Nina, y acosado por la impetuosa Masha, hija de la criada Polina, entre otros. El tema central de la obra reside en las formas que puede asumir la función creadora y en la actitud del hombre como sujeto de esa creación.

Estos personajes tan actuales, escritos hace más de un siglo, son inmaduros, falsos, suicidas, inconformistas, agobiados por sentimientos como la insatisfacción, el hastío, el aburrimiento, el amor no correspondido, la soledad, el temor a la vejez, sentimientos que siguen siendo de una actualidad abrumadora, ya que nosotros, como ellos, usamos lo cotidiano para esconder nuestra confusión, nuestro desorden, nuestro aislamiento e incomprensión.

El teatro actual está muy lejos de acercarse a la belleza de la vida.

Está atrapado en un falso naturalismo. Está atorado en una rutina que sigue y sigue por inercia, por “tradición”, pero que si continúa así va a terminar por deshacerse del poquísimo público que queda y va a desaparecer.

Treplev

El texto de La Gaviota es un trenzado fino, formado de tramas principales y subtramas. Amor, maternidad, muerte, enfermedad, el compromiso del arte y el artista, pasión por el teatro, fama, el paso del tiempo, revelado en ese enfrentamiento entre la joven Nina y la madura Irina.

En sintonía con la realidad rusa zarista, Chéjov creó a sus personajes insertos en un contexto en el que la antigua clase aristocrática, habiendo perdido el brillo y el poder de antaño se consumía lentamente frente a los dictados de un nuevo orden encarnado en la incipiente burguesía.

El teatro es –y siempre va a ser- necesario.

El actor es necesario porque es como una linterna en medio de un camino nublado. Nos muestra la vida y nos revela cómo puede llegar a ser.

Sorin

La Rusia de la segunda mitad del siglo XIX, convulsionada por la agitación político-social que daría vida a la revolución, tomaba conciencia de su historia nacional de la mano de un grupo de intelectuales liderados por Pushktin, Tolstoi, Dostoievsky y Chéjov, entre otros.

Chéjov es, al mismo tiempo, protagonista y privilegiado espectador del cambio que se operaba en Rusia y supo plasmar, las fluctuaciones de un país que se encaminaba hacia la modernidad y la industrialización. En su corta carrera como escritor dio gran impulso a la narrativa corta y al teatro, siguiendo una original estructura dramática que lo daría a conocer en el mundo entero. Sus dramas manifiestan la imposibilidad del hombre moderno de llevar a cabo sus deseos, y de tolerar la desidia, la inercia moral, y la falta de responsabilidad.

Un teatro correcto, “bien actuado”, donde el actor finge relajación. Donde todo es falso: la escenografía es falsa, la luz es falsa, el vestuario es falso, la actuación es falsa. Donde son siempre los mismos directores, son los mismos escritores, son los mismos actores, y presentan siempre las mismas formas disfrazadas de novedad y vanguardia... Eso no representa la vida, por lo tanto, no cumple con la función del arte. Por eso no me gusta el teatro.

Treplev

Su objetivo fue mostrar las cosas como son, bajo la sensación de lo cotidiano, lo banal. La acción se reduce al mínimo, los golpes de efecto brillan por su ausencia y la trama se entreteje en diálogos cotidianos, aparentemente desprovistos de mayor significado.

En 1888 escribe: "El artista observa, elige, conjetura, combina... El artista debería exigir una actitud consciente hacia su obra, pero hay dos ideas: la solución del problema y su correcta presentación. Sólo lo último es obligatorio para el artista."

Sus dramas manifiestan la imposibilidad del hombre moderno de realizar sus deseos por su indolencia, la inercia moral y la falta de responsabilidad. Ambientados en casas de provincia, los personajes se ven sometidos al aburrimiento y la monotonía característicos de una clase aristocrática que ha perdido sus motivaciones. Se sienten los últimos baluartes de la cultura, en contraposición con la vulgaridad generalizada de la vida rusa, ámbito que sofoca cualquier expectativa. Para Chéjov, cultura no es sinónimo de intelectualidad, sino un compendio de sabiduría, educación, humanidad y capacidad de sacrificio.

No hay que representar la vida como es... ni cómo puede llegar a ser.

 Hay que representarla como la vemos en los sueños.

 La verdad está en los sueños.

Treplev


Blanca Guerra, en mayo de 2002 interpretó a Irina, en una muy poco afortunada versión de Ionna Weisberg, la acompañaron en el escenario del teatro El Galeón: Miguel Ángel Ferriz, Norma Angélica, Mónica Dionne, José Sefami, Juan Carlos Vives, y figuraba como alternante Irene Azuela.

En 2016, más madura, más actriz y más mujer, Guerra, de la certera mano de Diego del Río, autor, por cierto, de la versión que ahora utiliza García Lozano, hizo gala de una frivolidad, cinismo y protagonismo de una mujer que sólo piensa en su fama y su belleza. Compartió tablas en el Foro Shakespeare, con Mauricio García Lozano, Odiseo Bichir, José Sampedro, Paulette Hernández, Adriana Llabrés, Carlos Valencia, Pablo Bracho y Pilar Flores del Valle.

En la Escuela Libre de Artes Escénicas, se realiza una puesta en escena por semestre, dirigida por un tutor o tutora que convoca a docentes que complementan el trabajo de lo que el estudiante va a hacer en escena. Se abordan las cuatro áreas del conocimiento: cuerpo, voz, conocimiento, imaginación.

La Gaviota es la nueva puesta en escena de la escuela, después de Somos rinoceronte, dirigida por Singer y Lomnitz, en 2022, a partir de El rinoceronte, de Eugène Ionesco; El alquimista, de Ben Johnson, estuvo a cargo de Ruby Tagle; y el semestre pasado se montó Hasta despertar, versión de José Caballero para su examen de maestría a partir de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca.

Hoy maté esta gaviota. Así me voy a matar yo.

Treplev

Se eligió que este grupo de estudiantes ahondara en el realismo, para lo cual se convocó a Mauricio García Lozano, que a su vez convocó a Miguel Santa Rita, Vivián Cruz y Clarissa Malheiros como su cuerpo docente, quienes se encargaron de trabajar a profundidad en el realismo y de dotar a los estudiantes de las características necesarias para abordar a Chéjov y llevarlo a escena. Objetivo cubierto a carta cabal, logrando un montaje óptimo, en donde García Lozano y su equipo docente, sus alumnos ofrecen una excelente puesta en escena en donde con solo 9 sillas, pero talento a raudales, ofrecen una puesta memorable, entrañable, en donde la experiencia de los maestros se complementa muy eficazmente con la frescura, energía y entrega de los, reitero, talentosos alumnos.

Es un montaje sencillo en términos de producción, solamente son 9 sillas, porque el acento está puesto en la actuación y en ese sentido, algo de lo que mas sorprende es lo homogéneo de la calidad interpretativa de los 15 estudiantes, a quienes les podemos augurar un brillante futuro en los escenarios, foros y estudios. García Lozano vuelve a demostrar su sapiencia teatral, su sensibilidad, imaginación, creatividad, al montar una obra y un texto que conoce muy bien porque, como ya se mencionó, el formó parte del equipo en el último montaje de la obra, dirigida por Diego del Río.

Las funciones están abiertas al público para que se cierre el ciclo que implica presentarse en el escenario ante espectadores. Es importante que la gente se acerque porque es parte del proceso formativo de los estudiantes.

A casi 120 años de la muerte del gran dramaturgo ruso, ocurrida el 15 de julio de 1904, en México vuelve a suceder que se presenten dos versiones de la misma obra (Recientemente fue Final de partida de Beckett, al mismo tiempo, en dos excelentes versiones).

Por mandato chejovianoa, La Gaviota tiene otra puesta en escena en el Foro Lucerna con un reparto, sin duda, muy atractivo: Margarita Sanz, Roberto Beck, Assira Abate, Pablo Perroni y Boris Schoemann, dirigidos por Cristian Magaloni.


El teatro no va a desaparecer jamás porque sin el teatro no se puede vivir.

Sorin

 



 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 



Absolutamente recomendable.

La Gaviota. De: Anton Chejov.

Adaptación libre de Diego del Río.

Dirección: Mauricio García Lozano.

Elenco: Se alternan los personajes, 15 estudiantes del actual semestre de la Escuela Libre de Artes Escénicas: Treplev: Germán López / Daniel Carramiñana; Sorin: Elías Edirel; Masha: Anna Sophia Ceballos; Medvedenko: Erick Dezib; Nina: Viridiana Luna / Aline Márquez: Polina: Maggie Tovar / Ramona Domínguez; Dorn: Marco Muñoz / Homero Alcántara: Irina: Karla Pietrasanta / Alejandra Torreblanca; Trigorin: Efraín Félix / Antonio Bratoeff.

Sábado y domingo 17 y 20 horas.

Boletos: Entrada general $200. De venta en taquilla y ticketmaster

Teatro Varsovia. Varsovia 9 116, Juárez, Metrobus El Ángel.

 
 
 

Comentarios


bottom of page