Cuatro sillas y tres botellitas de agua. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 2 abr 2024
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Actualizado: 2 abr 2024

Un contexto social arbitrario y violento determina la fortaleza con que se desenvuelven tres mujeres: María Müller, Consuelo Armenta y Amanda Campos.
María, una menonita; Consuelo una maestra rural de la Sierra, y Amanda, una rarámuri, cuentan su experiencia de vivir en el estado de Chihuahua, evocando a través de la sazón de sus platillos aquellos recuerdos que las vinculan a su pasado, frecuentemente lastimoso.

Envueltas en sus experiencias de vida, revelan las singularidades de la sierra de Chihuahua y permiten al espectador adentrarse en el universo de costumbres y situaciones alarmantes de sus pueblos y de su gente. El olor de la comida las remite a historias de supervivencia o acontecimientos relevantes en sus vidas, como el sabor agridulce de una relación amorosa o el aroma delicioso del hogar, que son una referencia constante a la reflexión por la injusticia y la intolerancia que enfrentan los grupos étnicos del país.

Estrenada en 2003 en el Teatro El Galeón, Desazón retrata la dolorosa vigencia de la problemática que enfrentan las mujeres indígenas en sus hogares para convertirse en sujetos de poder. En días recientes se llevó a cabo, en el marco del programa Leo… luego existo, una función especial para conmemorar 21 años de representaciones ininterrumpidas, y 16 del aniversario luctuoso de su autor, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda.

Con motivo de la celebración, conversamos con la primera actriz Luisa Huertas, principal artífice del longevo proyecto.
Luego de 21 años, la obra sigue vigente, fue una lectura dramatizada, pero muy próxima a la puesta en escena.
Fue una función muy emotiva, para ustedes debe de ser algo único, no siempre se presenta una obra… 20 años después.
Son 21 años ininterrumpidos de representarla, no en largas temporadas, pero si en giras. Hemos viajado a otros países, ha estado vigente, es, como se dice, un caballito de batalla.

Para ustedes tres compartiendo el escenario, debe de ser algo único.
Si, estas dos mujeres son talentosas, sensibles, y desde el principio nos enamoramos de la obra, de los personajes, y lo que dices me parece muy importante, es una obra que está vigente, por desgracia, pero está vigente y lo hemos corroborado, incluso en el extranjero porque, aunque la problemática no sea idéntica, está, y está viva.
Hace años se pensaba que los mexicanos vivíamos acostados abajo de un nopal, estirando la mano para que cayera la tuna, con vestido de manta, o de charros con sombrero, y ahora lamentablemente nos ubican por el narco, por la violencia, que la obra retrata parte de estas prolemáticas, la violencia hacia la mujer, el narco, etcétera. ¿Cómo reacciona el público fuera del país con la obra?.
Yo pienso que se identifica con muchas situaciones, si vamos en orden, los problemas económicos, el abuso de los bancos, etcétera, es una problemática generalizada la necesidad de recurrir a ellos. Claro, aquí estamos hablando del error del 94, pero seguimos en las mismas, en muchos sentidos.

La cuestión que se plantea por parte de María Müller, también está vigente, el paso por la frontera y el no saber el destino de su marido y de su hijo, no saber de ellos. Lo maravilloso de María, aparte de que se hizo toda una investigación sobre los menonitas y todo esto, es ver como sale adelante ella sola, a pesar de haber sido formada en una comunidad un tanto cerrada en tanto a que las mujeres sean independientes, lo dice en algún momento. Su marido y su hijo hablan español, ella no, porque las mujeres no hablan español, ella aprende español, no solo aprende, sino que se hace la vida lavando ropa, vendiendo quesos, se mantiene a sí misma. Y creo que esta es una parte muy importante de la obra, de cómo dentro de una sociedad en la que la mujer depende totalmente de los hombres, como es la comunidad menonita, ahora vemos a una María que estuvo luchando junto a su marido y sus hijos y que cuando se quedó sola ha sabido salir adelante, a pesar del rechazo de su propia comunidad. Es una tragedia humana terrible, una soledad inmensa, pero ahí está, ella ahí está. Y creo que con esto se identifican muchas mujeres.

Consuelo Armenta es una mujer independiente que, desde muy chica mantiene a su familia, es maestra, tiene otra mentalidad, pero finalmente su marido cae en los malos pasos del narco, y esto le destruye la vida. Un hombre al que amaba, “el hombre más guapo que he conocido en mi vida”. Siempre tuvieron una buena relación, el, muy reservado, pero después de la muerte de su padre, cambió mucho, y se volvió un hombre malo, no con ella, pero empiezan a saber cosas acerca de él, se vincula con el narco y finalmente lo agarran y esto le destroza la vida, ella decide irse del pueblo, dice, para que sus hijos no hereden los malos instintos de la abuela. Regresa a Santa Rosa, finalmente rehace su vida con otro hombre, que es un buen hombre, es una manera de calificarlo, pero obviamente que no fue el amor que tuvo por José María. Pero también es una mujer que se ha reconstruido, que ha rehecho su vida, sigue trabajando.
El primer personaje, el de María Müller es un personaje ficticio, pero que refleja la problemática de los menonitas en el error económico del 94. El de la maestra, es lo que ha pasado en la sierra, a partir de la entrada del narco, lo que ha pasado con muchas familias, con muchas mujeres.

Y Amanda Campos está inspirada en dos cosas. En uno de los cuentos que forman parte del libro Volver a Santa Rosa, de Víctor Hugo Rascón Banda, son diez cuentos preciosos que reflejan desde la salida de Víctor Hugo de Santa Rosa de Uruachi y muchos momentos de su infancia, es entrañable.
Hay un cuento que se llama Los guerrilleros, todo lo que cuenta son historias reales, y estos guerrilleros, como se dice al final del monólogo de Amanda, llegaron muertos a Santa Rosa de Uruachi y fueron enterrados ahí, incluyendo a Amanda, que no se llamaba así, tenía otro nombre. Aquí se cruzan dos historias.
Durante el proceso de creación de otro maravilloso personaje de Víctor Hugo, La mujer que cayó del cielo, basada en un hecho real: la historia de la indígena, Rita Quintero López Patiño. Una mujer rarámuri, de la Sierra Tarahumara, que viaja hasta la ciudad de Kansas, en Estados Unidos, donde es atrapada mientras hurgaba en la basura. Es llevada a una cárcel en la que no pudo ser identificada porque no hablaba inglés, conocía muy poco el español y nadie entendía su lengua indígena, por lo que pensaron que estaba loca y la trasladaron a un hospital psiquiátrico. Allí es medicada sin su consentimiento, lo que le provoca graves consecuencias físicas y mentales. De ahí es rescatada por un mexicano exiliado en Estados Unidos y devuelta a México.
En 1999, Víctor Hugo nos invitó, a la Semana Santa Rarámuri, y fuimos mi marido, Miguel Córcega y yo, ya estaba ensayando La mujer que cayó del cielo, obra maravillosa, que amo muchísimo y que represente durante 10 años continuos, también esporádicamente, a veces en temporadas. En 2003, justamente estuvo prácticamente todo el año, los lunes en el Galeón.

Pero ya habíamos hecho giras por centro occidente, por todo el país, en el circuito de normales, fuimos a Sudamérica a 4 países, fue un éxito en el festival Mercosur de Argentina, estuvimos en Santiago de Chile, en Montevideo y en Río de Janeiro.
Cuando fuimos a Chihuahua en semana santa a la sierra, fuimos a Raramuchi, llevados por el padre Lupe, a un bautizo colectivo que hacía en esa comunidad, es un lugar maravilloso, un paisaje muy, muy especial, llegamos tempranito, Miguel Córcega tocó la campana para convocar a la comunidad, ya había raramuris sentados por diferentes lugares, se hizo una misa, etcétera, el padre Lupe ofició, por supuesto, él va cada año a bautizar, había un montón de niños que bautizar que habían ido naciendo durante el año, y los que íbamos Pancho Rascón Banda, en paz descanse, que era el que nos llevaba en la camioneta por todos lados, Víctor Hugo, Miguel Córcega y yo, haciendo actas de bautizo para los niños.

Fue una experiencia maravillosa, irrepetible. Había una mujer blanca vestida de rarámuri y que hablaba perfecto español. Por lo general llevábamos bastimento para el día, o comíamos en el lugar al que íbamos, a las diferentes comunidades rarámuris, pero ese día lo que hicimos fue prever y desde el día anterior compramos unos panes de caja, jamón, queso, para hacernos sándwiches, cuando nos vio que estábamos haciendo sándwiches, nos dijo: Los invito a comer a mi casa. Y dijimos, Ah, pues padrísimo. Pero la cosa se prolongó porque de veras eran muchas actas de bautizo, y cuando terminamos yo creo que ya eran como las 3 y media, cerca de las 4 de la tarde. Y nos dice la señora, Bueno, ¡vámonos! Y le pregunta Pancho ¿dónde está su casa? Y nos enseña del otro lado de la barranca una casita que se veía chiquitita. Y le pregunta Pancho ¿pero hay camino para llegar allá?. ¡Si, si!. Un camino terrible, porque ves desfiladero por un lado y por el otro, y Pancho se alejó, nos llamó, y nos dijo: Saben que, no me comprometo a que vayamos allá, nos va a agarrar la noche, y el regreso puede ser muy peligroso. Super agradecidos le dijimos esto a la señora, porque ella nos dijo, Yo me voy caminando. Ya como rarámuri, vestida de rarámuri.

Y de ahí Víctor Hugo saca la historia de Amanda ¿peligrosa?, porque le intrigó muchísimo que una mujer blanca estuviera ahí, integrada a la comunidad rarámuri y resucitó a aquella guerrillera y hace la historia de que Patricio la encuentra, la salva, la lleva a Raramuchi y finalmente se convierten en pareja y ahí se queda ella, pero eso ya es ficción de la enorme imaginación y creatividad de Víctor Hugo.
Y con elementos reales…
… además, porque decía ¿qué hace esta mujer aquí?. Es un lugar totalmente aislado y dijo el mismo: ¿De qué se esconde? O ¿Por qué se esconde?. No teníamos ninguna referencia que yo sepa, él no la entrevistó ni mucho menos, por respeto, por discreción, pero en su cabeza ya estaba haciéndose una historia que en 2002, fíjate, estamos hablando de 1999, en 2002 que publica en Baja California un libro con Table dance y Sazón de mujer, que es el título original de la obra y me invitó a presentarlo en el Centro de las Artes de Tijuana. Llegamos, esa noche nos dieron los libros porque al día siguiente lo presentábamos, leí las obras para saber de qué iba a hablar, y me enamoré de Sazón de mujer.

Ahí empezó tu relación con la obra.
Si, y le digo: Víctor Hugo, esta obra hay que hacerla y te tengo al reparto perfecto: Julieta Egurrola, Angelina Peláez, y yo soy la guerrillera. Y dicho y hecho.
Se materializó tu idea.
Si, Enrique Singer estaba al frente de la Coordinación de Teatro. En principio la iba a dirigir, fíjate, Ángel Norzagaray, en paz descanse, tuvimos, no me acuerdo si dos o tres reuniones, aquí en la sala de la casa, leyendo la obra, etcétera, pero de pronto Ángel nos dice que lo llaman a trabajar en la Universidad para crear la Facultad de Artes Escénicas, y entonces dijo, No voy a poder dirigir, me tengo que clavar en aquello. Y ahí fue donde Enrique Singer invitó a Pepe Caballero y la primera reunión fue en casa de Víctor Hugo, en una etapa en que había mejorado un poquito, porque el estreno de Desazón fue casi simultáneo al estreno de Ahora y en la hora en la UNAM, al estreno de El ausente, puesta en escena en Contigo américa y está por Bellas Artes. Porque cuando hablamos de esto con Enrique Singer, Víctor Hugo estaba hospitalizado, fue por ahí de septiembre, octubre de 2002, fue una idea que les plantee, no sé qué se había celebrado, pero estaban ahí los responsables tanto de Teatro UNAM, como de Teatro de Bellas Artes, como la gente de Contigo América y les dije: Lo que más puede animar a Víctor Hugo y levantarlo de la enfermedad, es que se pongan sus obras. Y sería maravilloso celebrar, a él no le gustaba el nombre homenaje, porque decía “huele a muerto”. Dije, que tal si para celebrar los 25 años de dramaturgia de Rascón Banda, y todo mundo acogió la idea. Y además yo me traje a Barclay Goldsmith de Tucson, porque allá habíamos hecho La mujer que cayó del cielo, también con dirección de Barclay, una dirección muy distinta a la de Bruno Bert, que le encantó esa versión a Víctor Hugo, entonces me lo traje a que nos dirigiera aquí a otro elenco, el único que estaba en el elenco original era Carlos Guizar, porque Roberto Soto no pudo, tuvo un accidente y se rompió un pie. El caso es que fuimos Garlos Guizar, Víctor Carpinteiro, Juan Carlos Beyer, Lenny Zundel. Empezamos a ensayar con Barclay, no sé si tú lo recuerdes, reestrenamos dentro del conjunto de obras que se estaban poniendo en La Gruta, del Helénico.

Después de 10 años de representar La mujer que cayó del cielo, empecé a estar en la Compañía Nacional de Teatro, reestructurada por Luis de Tavira, dejé de hacer la obra, pero tenemos una placa de los 10 años. Y ahí fue también donde le dijimos a Luis de Tavira: en la compañía estamos las 3, es una producción del INBA. Vamos a seguirla haciendo. Fue muy natural el paso.
Esta es la historia, a grosso modo, de Sazón de mujer que propusimos, cuando se estrenaron las obras Víctor Hugo estaba en el hospital otra vez, pero en aquella cena en su casa, con todo el elenco, Singer y Caballero, le dijimos que nos preocupaba lo de Sazón de mujer porque en ese momento estaba de gran moda la telenovela Mirada de mujer y le dijimos, Va a sonar a telenovela.
Entonces, no con mucho agrado de Víctor Hugo, pero yo creo que es un acierto porque vemos a tres mujeres desazonadas, tres mujeres que tienen momentos de alegría, de compartir con sus familias, en el caso de Amanda, de luchar por sus ideales y que se les destroza la vida.

Son mujeres destrozadas, pero recompuestas e independientes al final. Tres mujeres del mismo estado, Chihuahua, un estado enorme, tan diferentes entre ellas, y debe haber infinidad de historias de mujeres
Si, absolutamente. El año antepasado fuimos a Ciudad Cuauhtémoc, porque ahí confluyen las tres etnias muy claramente. En Chihuahua, entrando a la sierra, ahí están los campos menonitas, al lado de Ciudad Cuauhtémoc, y los rarámuris andan, si en la sierra, pero también por todo el estado, hay toda una comunidad rarámuri en Ciudad Juárez, que creo que tienen que dejar la sierra por la pobreza, porque además, tienen un clima extremo, que cuando hace calor, es calor de verdad y cuando hace frio están bajo cero no sé cuántos grados.
Y fue una función muy especial esa de Ciudad Cuauhtémoc.

Me comentaba el maestro Caballero que cuando empezaron el proceso, que por supuesto estuvo Víctor Hugo, que hicieron algunos ajustes y no estaba muy contento con ellos. Creo que es difícil que los dramaturgos vivos estén muy contentos con lo que hacen los directores y los elencos con sus obras.
Lo que pasa es que la obra, en el corrido de Chihuahua, en la versión maravillosa que usamos para el video con fotos, en donde canta Lucha Reyes, habla de la feria de Santa Rita, la obra está planteada en la feria de Santa Rita, una feria muy famosa y muy popular y confluyen de todo Chihuahua y hay puestos de comida de todas las regiones.
Se supone que se juntan las mujeres y dan alguna receta, cada una da una, así está planteada la obra, que estamos en una feria y cada una platica sobre los platillos de su lugar, cuando se empieza a hablar de algo indeterminado, que no se sabe exactamente dónde están, como llegaron, etcétera, Víctor Hugo dijo: ¿Cómo? ¡mi obra no es así!, pero era un hombre muy abierto y sensible, y aceptó que así fuera.

Que bueno que acepto. El texto, excelente, la puesta en escena es muy bella, tres grandes actrices, una dirección extraordinaria, la escenografía inmejorable, original del maestro Alejandro Luna. Un equipo de primera y el resultado es óptimo, tan es así que después de 21 años sigue funcionando.
Tu recuerdas la maravillosa escenografía de Alejandro que era minimalista solo había un camino de piedras, como de grava en proscenio, y las sillas y unas pantallas al fondo en donde aparecía, desde la llegada de los menonitas en el tren en 1922, creo que fue, acaban de cumplir 100 años de la llegada de los menonitas a Chihuahua, y aspectos de mujeres menonitas.
Después el video que acompañaba a Angelina eran todos los lugares que ella iba mencionando, de Santa Rosa de Urochi. Y el video que acompañaba mi parte era simplemente el divisadero. Cuando yo lo conocí en 1999, dije algo que nada más había dicho en las Cataratas de Iguazú, ¡Dios existe!.
Era tan grandiosa la sierra, como se iba modificando el color con la luz del sol, tiene que ver mucho con la cosmogonía rarámuri. El divisadero es un lugar espectacular, por el color sobre todo, es color cobre.
Raramuchi no es color cobre, es más bien blanco, gris, es una gran mesa de piedra. Maravilloso.
Siempre es grato reencontrarse con obras, con espectáculos que le han dejado a uno algo. La función conmemorativa estuvo enmarcada en el programa Leo... luego existo.

Después de que hicimos la gira por centro occidente, que fue exitosísima, en 2004, si mal no recuerdo, porque en 2003 hicimos la primera temporada en El Galeón, el estreno y fuimos al Festival Iberoamericano de Cádiz, estuvimos en el pequeño teatro, muy íntimo, muy bonito, que se llama La lechera. Y luego hicimos la gira por centro occidente, fue preciosa, muy exitosa, pero vimos las dificultades en algunos teatros para poner las pantallas, para proyectar. Era difícil montar. No recuerdo cómo, pero tomamos la decisión de hacerla sin nada. Como le digo a todos los que me preguntan, ¿qué se necesita para hacer Desazon?. Cuatro sillas y tres botellitas de agua.
Porque la hemos hecho, Salvador, bajo un árbol en Salvárcar, cuando conocimos a las madres de Salvárcar, cuando mataron a aquellos muchachos en Ciudad Juárez, vinieron, estuvieron en Casa del Teatro, las llevamos al Senado, y luego cuando fuimos a hacer la obra a Ciudad Juárez, fuimos a visitar a los familiares. Les dijimos, Vengan al teatro. Pero no había el ánimo. ¿Y por qué no nos la hacen aquí?, nos dijeron. Pues ¡órale!, ¿dónde hay una sombrita?. Y fue en la placita central del barrio, debajo de un árbol.
Y hemos ido a grandes teatros, dentro y fuera del país, teatros inmensos. Es una obra muy íntima, pero de pronto en los estados hay teatros muy grandotes, pero también hemos ido a comunidades muy pequeñas. Hace seis, ocho años, no me acuerdo, fuimos a hacer tres funciones, una en Pátzcuaro y en otros dos lugares, ya estaba fea la situación en Michoacán, y fuimos a una comunidad muy chiquita, y ¿sabes dónde se hizo?, en un salón pequeño junto a la sacristía de una iglesia.

La hicimos como para darle vida a un espacio mínimo, junto a la sala principal de la Casa de la Paz, un pequeño espacio que estaba junto que, cuando estuvo Lydia Margules al frente de Casa de la Paz dijo: Hay que hacer teatro ahí. Creo que cabían 20 personas.
La hemos hecho en Colombia, en Nicaragua, en Cuba, siempre muy bien recibida.
Cuando las cosas se hacen con compromiso, un texto que habla de verdades, el trabajo de ustedes, también lleno de verdad, lo mismo que el de los maestros Caballero y Luna, se ve el resultado
Por donde vamos, lo que, si tratamos de conservar, claro, muchas veces depende de los medios que hay, es, los matices de iluminación que le dio Alejandro, y si te diste cuenta, esos maravillosos técnicos que tenemos en la Compañía Nacional de Teatro, nos pusieron los colores en la Manuel M. Ponce en la función conmemorativa, que correspondía a cada personaje, como fondo.

Fue muy bonito ver el vestuario, que no lo traían puesto, pero lo vimos ahí en escena.
Salvador, te agradezco mucho el espacio, es un espacio en donde hablamos de una obra que está en el repertorio de la Compañía Nacional de Teatro, que cumplió 21 años de estarse representando y que conmemora el decimosexto aniversario luctuoso de Víctor Hugo, pero, además en el marco de un programa entrañable como lo es Leo… luego existo, creado por el inigualable Andrés Torres y que sus colaboradores, a pesar de que se nos adelantó también, han continuado y siguen trabajando.
Es una obra que está en nuestro repertorio personal.
Que lindo. Gracias Salvador. Solo quiero recordar que es el reparto original, lo repito: Julieta Egurrola, como Maria Müller, la menonita; Angelina Peláez como Consuelo Armenta, la maestra y una servidora, Luisa Huertas como una mujer vestida de rarámuri.
Tres energías bien diferentes, las tres poderosas en un duelo histriónico donde el único ganador es el público, pero se ve que ustedes también lo disfrutan y aman hacerlo.
Muchísimo, muchísimo. Gracias Salvador.

Víctor Hugo Rascón Banda, escritor, dramaturgo, académico, guionista, y abogado, además de Benemérito del Estado de Chihuahua, quien destacó por sus significativas aportaciones a la escena teatral mexicana.
Fue el primer mexicano y el segundo latinoamericano a quien la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) le otorgó el honor de escribir el mensaje del Día Mundial del Teatro en 2006, el cual pronunció en la sede de dicho organismo en París, Francia, bajo el nombre “Un rayo de esperanza”.
El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable. Imperdible.

Desazón, de Víctor Hugo Rascón Banda.
Dirección: José Caballero.
Actuación: Julieta Egurrola, Angelina Peláez y Luisa Huertas.




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