Brillante y extrañamente esperanzadora. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 27 may 2023
- 6 Min. de lectura

Casas vacías, es la primera novela de Brenda Navarro, escritora, socióloga y economista de la Ciudad de México. Originalmente publicada por la editorial Kaja Negra, Casas vacías es una novela a dos voces que presenta los pensamientos de dos mujeres que ya no pueden ser madres y su dolor por haber perdido a un hijo. Ellas narran en medio de contextos violentos, en los que son tanto víctimas como victimarias, mostrando el carácter hereditario y cíclico de la violencia. La opresión que atraviesan no es sólo física o psicológica sino también la de la maternidad como constructo aspiracional e imposición femenina.
La novela también retrata temáticas como el feminicidio, la soledad, el miedo y el hartazgo, expone la realidad de muchas mujeres víctimas de violencia, lo complicado que puede ser nombrarla o reconocerla cuando se está atrapada dentro de ella, y cómo, incluso, cuando ésta se denuncia, no se obtiene justicia.

Las narradoras no tienen nombre, lo que obliga a los lectores a nombrarlas a partir de la maternidad: la madre de Daniel y la madre de Leonel. Desde el comienzo, los lectores se ven obligados a nombrarlas y definirlas a partir de sus ausencias; esto es un acierto en el texto debido a que sus ausencias las atraviesan sin forma de escapar. La madre de Daniel se nos presenta desde que abre el texto como madre de nadie pues se niega a actuar como madre de Nagore, la sobrina de Fran, su pareja, cuyo cuidado le fue impuesto tras el feminicidio de su madre, y ha perdido a su hijo Daniel: “Yo me volví madre de una niña de seis años mientras engendraba a Daniel en mi vientre. Luego no fui madre y ese fue el problema”. Ya no es madre, debido a que Daniel ya no esta, y a pesar de que Nagore ahí seguía, la narradora muestra que la comprensión de la maternidad está ligada a aquella del actuar. La madre de Daniel ya no actuaba como madre con Daniel porque éste ya no estaba, y en el dolor de su ausencia, se veía imposibilitada para actuar como madre de Nagore; por lo tanto, no se enuncia como su madre. El maternar es entonces no el procrear, sino el criar, el cuidar, el procurar, el servir: lo que no puede ya hacer con ninguno de sus hijos.

La madre de Leonel, en cambio, no puede nombrarse como madre, pues la acompaña la sombra de que su hijo no es su hijo, de que su hijo es en realidad hijo de alguien más pues se lo robó a la otra madre. Está atrapada en el querer ser madre, sin alcanzarlo nunca del todo. Como ella enuncia: “Quería ser madre de los hijos de Rafael”, pero Rafael evita dejarla embarazada, y es por eso que se lleva a Leonel. Lo roba porque no puede conseguir su deseo de ser madre de los hijos de Rafael y con Leonel no puede conseguirlo del todo tampoco. Además, expresa cierto reconocimiento de que su obsesión con ser madre está atravesada por la construcción social femenina:

Recurre a la maternidad para intentar seguir perteneciendo como mujer. Sin embargo, debido a las diferencias de Leonel, que tiene autismo y que no cuadra cómo llegó a su vida, no lo consigue, como al final no consigue tampoco ser madre.
A pesar de su ahora imposibilidad de ser madres, las dos mujeres son en la historia, antes que nada, madres: la madre de Daniel y la madre de Leonel. Ese es el ciclo de dolor inescapable en el que se encuentran, que son durante toda la historia madres que no son madres. En el texto “no hay otra posibilidad de ser más allá de la maternidad”, las dos personajas viven atrapadas en el dolor de ser imposibilitadas de ser. No se nombran, no son y, aun así, ambivalentemente, son, resisten, y los lectores encontramos cómo seguirlas nombrando sin poder separarlas de las violencias que sufren, ejercen, y las atraviesan.

Casas vacías es una implacable novela sobre la maternidad y la violencia.
Una mujer que no desea a su hijo. Otra que quiere ser madre a toda costa. Una lo pierde de vista en el parque, la otra se lo apropia. En la voz de estas mujeres que intersecan sus caminos, la primera novela de Brenda Navarro construye un implacable relato sobre la maternidad y la violencia de género.

Dividida en tres partes, los capítulos alternan entre la madre de Daniel y la voz de su secuestradora, que lo rebautizará Leonel. La primera se ve desbordada entre su hijo con autismo y su sobrina huérfana, a quien debe adoptar. La segunda retrata la frustración de una mujer que soñaba con ser madre. Navarro construye en detalle a las protagonistas y sus entornos, en los que revela la soledad, la desigualdad, la culpa y el amor.

La voz de cada personaje está precedida por una cita de la poeta polaca Wislawa Szymborska, que anticipa hacia dónde girará el relato, siempre entre el soliloquio y la narración. La novela, que ronda en torno a la desaparición de Daniel, surgió, explica Navarro, en torno a las madres de los desaparecidos en México. “Éramos espectros. El que desaparece se lleva algo de ti que no vuelve; se llama cordura”, asegura la protagonista. Navarro, especialista en estudios de género, expone así, casi en forma de denuncia, la violencia que atraviesan las mujeres sin distinguir edad, nacionalidad ni extracción social.

La casa salvaje, es un ejercicio escénico a partir de la novela Casas vacías en el que la autora se refiere al sufrimiento de una mujer ante la desaparición de su hijo, a la vez que plantea un cuestionamiento sobre la maternidad no deseada y la imposición social para ejercerla. La pieza presenta a dos mujeres cuyas voces están llenas de desesperación, de necesidad de amar y ser amadas, de dolor y culpa.

La obra nos muestra un mundo habitado por hombres y mujeres, en el que la figura de la madre se presenta como una fuerza vital y al mismo tiempo brutal. Una reflexión sobre la realidad que se esconde debajo de la idealización del universo materno.
La casa salvaje surge de la necesidad de comprender un enigma, de hacernos preguntas incómodas sobre la maternidad y sus complejidades. El desarrollo del concepto escénico se obtuvo a partir de la exploración de objetos de infancia relacionados con las actrices y la productora. El teatro es un combate y esta obra presenta uno entre las protagonistas, y uno también con los espectadores.

La puesta en escena es dirigida con destreza por Mariana Giménez, actriz de larga trayectoria, ex integrante del elenco estable de la Compañía Nacional de -teatro, en donde llevo a cabo, también, varios montajes como directora, quien ofrece un creativo montaje llenos de sorpresas, luminoso y oscuro, doloroso y divertido, lúdico, tan contrastado como las dos actrices que dan vida a las personajas: la siempre esplendida e intensa Irene Azuela, quien se ve cómoda en este pequeño formato teatral y Mariana Villegas ofreciendo, al igual que su compañera, una actuación llena de verdad.

La maternidad, que casi siempre asociamos con la felicidad, también puede ser una pesadilla: la de una mujer cuyo hijo desaparece en el parque donde estaba jugando, y la de aquella otra mujer que se lo lleva para criarlo como propio.
Ubicada en un contexto de profunda precariedad física y emocional, la historia de estas dos mujeres, madres del mismo niño –un niño que primero se llama Daniel y que después será rebautizado como Leonel– y madres, además, de un mismo vacío, nos confronta con las ideas preconcebidas que tenemos de la intimidad, las violencias familiares, la desigualdad social, la soledad, el acompañamiento, el cuidado, la culpa y el amor.

Brenda Navarro primero, Mariana Giménez después, han logrado un prodigio: caminar, sin caerse nunca, sobre la delgada línea que separa, pero también une, el olvido y la memoria, la esperanza y la depresión, la vida privada y la vida pública, la pérdida y el encuentro, los cuerpos de las mujeres y el acto político. Casas vacías primero, La casa salvaje después, estremece de forma tan devastadora como ilumina: brillante y extrañamente esperanzadora.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.

La casa salvaje. Ejercicio escénico a partir de la novela Casas vacías, de Brenda Navarro
Dirección: Mariana Giménez.
Actuación: Irene Azuela y Mariana Villegas.
Productora: Berenice González
Compañía: Caballera Producciones
Actrices: Irene Azuela y Mariana Villegas
Diseño de Iluminación y escenografía: Alejandra Escobedo
Participación en diseño conceptual: Patricia Gutiérrez
Música: Quique Rangel y Mike Sandoval
Asesoría Movimiento Escénico: Luis Arturo Rodríguez
Asistencia Dirección: Alejandra Robles
Diseño de escenografía e iluminación: Alita Escobedo* Asistente de escenografía e iluminación: Anayansi Díaz Gómez Realización de escenografía: Gonzalo Jacobo
*Beneficiaria del programa Jóvenes Creadores 2023 del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (Fonca)
De miércoles a viernes, 20 y 21:15 horas. Sábado,19 y 20:15 horas, domingos 18 y 19:15 horas. Hasta el 28 de mayo $100.00 Descuento a estudiantes y adultos mayores con credencial vigente e INAPAM Museo Universitario del Chopo - Foro del Dinosaurio Juan José Gurrola




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