Se bañaba en la sangre de sus víctimas para conservar la juventud. Por: Salvador Perches Galván.
- eseperches
- 1 mar 2020
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La condesa Erzsébet Báthory de Ecsed, la tristemente célebre condesa sangrienta, Isabel Bathory llego a este mundo en Hungría el 7 de agosto de 1560 en el Castillo de Čachtice, y partió en Eslovaquia el 21 de agosto de 1614. Fue una aristócrata húngara, perteneciente a una de las familias más poderosas de Hungría. Ha pasado a la historia por haber sido acusada y condenada de ser responsable de una serie de crímenes motivados por su obsesión por la belleza, es la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad, con más de 600 muertes, la genética obro en su naturaleza, dado que uno de sus antepasados también tenía gusto por los asesinatos violentos y la sangre: Vlad Tepes, El Empalador, para muchos, el origen de Drácula.
Báthory nació en el seno de una de las familias más antiguas y adineradas de Transilvania: los Erdély. Sus padres, los condes Ana y Jorge Báthory, eran primos. El escudo de armas de su familia consiste en tres dientes de jabalí de plata sobre un campo de gules.
A los quince años casóse con Ferenc Nádasky de 20 años de edad. Se fueron a vivir al Castillo de Čachtice en compañía de su suegra Úrsula y de otros miembros de la casa. Ferenc e Isabel apenas se veían debido a las actividades guerreras del primero, empalando a sus enemigos, lo que le mereció el apodo de "Caballero Negro de Hungría". Existe un registro epistolar en el que Ferenc y Erzsébet intercambiaban información sobre las maneras más apropiadas de castigar a sus sirvientes, esto era normal entre los nobles de la Europa del Este de la época. Las posesiones de esta pareja de nobles húngaros eran enormes, y se requería además un férreo control sobre la población local, de origen húngaro, rumano y eslovaco.

Fue hasta 1585, diez años después de su matrimonio, que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años siguientes dio a luz a Úrsula y Catalina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo varón, Pablo.
El 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de Hungría murió de súbita enfermedad tras una de sus batallas y dejó viuda a Isabel a los 44 años de edad. Es aquí cuando comienzan sus crímenes. Despidió a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela Nádasdy; las sirvientas a las que ésta había protegido hasta ese momento fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron los castigos que, en opinión de Isabel se merecían.

Todo empezó en 1604, poco después de la muerte de su marido. Una de sus sirvientas adolescentes le dio un involuntario jalón de pelo mientras la peinaba, lo que provocó un bofetón de la condesa que hizo sangrar por la nariz a la doncella (la cual hasta este punto había sido afortunada, ya que lo normal entre la nobleza de la época habría sido sacarla al patio para recibir cien bastonazos por aquel descuido). Cuando la sangre salpicó la piel de Isabel, a ésta le pareció que donde había caído desaparecían las arrugas y su piel recuperaba la lozanía juvenil. La condesa, fascinada, pensó que había encontrado el remedio a la vejez, y que siempre podría conservarse bella y joven de esta manera. Tras consultar a sus brujas y alquimistas, y con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya, desnudaron a la muchacha, la degollaron y llenaron un barreño con su sangre. Isabel se bañó en la sangre, o al menos se embadurnó con ella todo el cuerpo, y probablemente la bebió, para recuperar la juventud.
En 1609 Isabel, por falta de sirvientas en la zona como consecuencia de tantos crímenes que ya hacían desconfiar a la gente humilde, cometió el error que acabaría con ella: utilizando sus contactos, comenzó a tomar a niñas y adolescentes de buenas familias para educarlas y que le hicieran compañía. Algunas de ellas comenzaron a morirse pronto por las mismas “misteriosas” causas, lo cual no era raro en aquella época, con sus muy elevadas tasas de mortalidad infantil y juvenil, pero en el "internado" de Čachtice el número de fallecimientos era demasiado alto. Ahora las víctimas eran hijas de la aristocracia menor, por lo que sus muertes eran consideradas importantes.

Hacia el final, muchos cuerpos se ocultaron en lugares peligrosamente insensatos, como campos cercanos, bodegas de grano, el río que corría bajo el castillo, el jardín de verduras de la cocina... Finalmente, una de las víctimas logró escapar e informó a las autoridades religiosas.
Empiezan a escucharse rumores de que algo muy siniestro ocurre en el castillo de Čachtice. A través de un pastor protestante local, llegan historias de que la condesa practica magia negra, y para ello utiliza la sangre de muchachas. Se ordena al conde palatino, Jorge Thurzó, que tome el lugar con sus soldados y realice una investigación en el castillo. Dado que la condesa de Báthory carecía de fuerza militar propia, no hubo resistencia.

Según la investigación de Thurzó, hallaron en el castillo numerosas muchachas torturadas en distintos estados de desangrado, y un montón de cadáveres por los alrededores. En 1612 se inició un juicio en Bitcse. Isabel se negó a declararse inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus derechos nobiliarios. Quienes sí lo hicieron, por la fuerza, fueron sus colaboradores. Ujváry, el mayordomo, testificó que en su presencia se había asesinado como mínimo a 37 mujeres solteras de entre once y veintiséis años; a seis de ellas las había reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. La acusación se concentró en los asesinatos de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En la sentencia todos fueron declarados culpables, algunos de brujería, otros de asesinato y los demás de cooperación.

La ley impedía que Isabel, una noble, fuese procesada. Fue encerrada en su castillo. Tras introducirla en sus aposentos, sellaron puertas y ventanas, dejando tan sólo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente, el rey Matías II de Hungría pidió su cabeza por las jóvenes aristócratas que supuestamente habían muerto por sus manos, pero el primo de esta le convenció para que retrasara el cumplimiento de la sentencia de por vida. Así, la condenaron a cadena perpetua en confinamiento solitario. Esta pena implicaba también la confiscación de todas sus propiedades, lo que Matías venía ambicionando desde tiempo atrás.
El 31 de julio de 1614, Isabel, de 54 años, dictó testamento y últimas voluntades. Ordenó que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre sus hijos.

El 21 de agosto de 1614, uno de los carceleros la vio en el suelo, boca abajo. La condesa sangrienta estaba muerta. Pretendieron enterrarla en la iglesia de Čachtice, pero los habitantes decidieron que era una aberración que la Condesa sangrienta fuera enterrada en el pueblo, y además en tierra sagrada. Finalmente, y como era "uno de los últimos descendientes de la línea Ecsed de la familia Báthory" la llevaron a enterrar en la cripta de la familia Báthory en el pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el lugar de procedencia de la poderosa familia. La localización de su cuerpo hoy es desconocida. Todos sus documentos fueron sellados durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en todo el país.
Los Archivos Nacionales de Hungría conservan abundante documentación sobre ella, particularmente cartas personales y actas del juicio. Sin embargo, sus míticos diarios, al igual que su retrato original, se hallan en paradero desconocido.
Las ruinas del castillo Čachtice, donde Erzsébet Báthory cometió sus aberrantes crímenes, es, actualmente, un atractivo turístico del país.

El caso Báthory ha inspirado numerosas historias desde el siglo XVIII hasta la actualidad. El motivo más común de esto fue que la condesa se bañaba en la sangre de sus víctimas para conservar la juventud. Esta leyenda apareció por primera vez en un grabado del libro Trágica Historia de 1729, del erudito jesuita László Turóczi, que es también la primera narración escrita de la historia de Báthory. Su leyenda reapareció en 1817, cuando se publicaron los relatos de los testigos aparecidos décadas antes, en 1765. En estos no se incluía ninguna mención a los baños de sangre. En su libro Hungary and Transylvania, publicado en 1850, John Paget describe el supuesto origen de los baños sangrientos de la condesa, aunque su versión parece ser un relato ficticio de la tradición oral de la zona. Es difícil saber hasta qué punto son verídicos estos eventos. El placer sádico se considera el motivo más poderoso para los crímenes de Erzsébet Báthory.

Juego de niñas de Sharon Toribio, es un cortometraje experimental inspirado en los textos de la poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936–1972), sobre el personaje de la condesa Elizabeth Báthory y las torturas que infligía a jóvenes vírgenes en el siglo XVI.
El argentino Néstor Durigon publicó en 2013 Asesinas seriales, una extensa recopilación de las historias de las homicidas más aberrantes de todos los tiempos, entre las cuales no ´podía faltar Isabel Báthory.
Juan Manuel Romero Garriz, actor, autor, director, español, estudió Comunicación Audiovisual, pero entró en un grupo de teatro universitario; y allí, con la palabra de Lorca, “sentí el veneno”. Cuando acabó la carrera montó su propia compañía: Teatro Vuelta de Tuerca. Mucho, lo más importante, lo aprendió de los actores y actrices que han formado parte de ella. En el camino, “encontré a otros maestros: Juan Antonio López Esteve me enseñó a respirar en los sonetos de Shakespeare; José Sanchis Sinisterra me descubrió el valor del azar, los silencios y el subtexto; Wajdi Mouawad me llevó de la mano a los bosques que más miedo daban”.

En 2006 escribió Báthory contra la 613 obra que retrata el encuentro imaginario entre Erzsébet Báthory, condesa húngara que torturó y asesinó a más de 600 de doncellas en el siglo XVI, y su criada número 613, la única que, supuestamente, logró escapar de la muerte.
Daniela Parra, joven, creativa y sensible directora, pone en escena el texto que, dado el tremendismo del tema, podría haber sido la nota roja dramatizada, con harta cátsup y viseras de utilería, pero no, con rigor, distancia, elegancia y en un formato que mezcla el documental y las tan exitosas series televisivas de juicios legales, Báthory contra la 613 presenta una historia en la que la Doncella 613 enfrenta en un juicio a la Condesa por asesinar a 612 doncellas para embellecerse con su sangre, la “noble húngara” cuenta con el récord Guiness como la mujer que más mujeres ha matado en la historia.
En principio, se pensaría que en qué nos atañe una sanguinaria historia acaecida hace más de cuatro siglos, lamentablemente en nuestro país, son los titulares que a diario aparecen en la prensa escrita y electrónica, cientos de personas desaparecidas a lo largo del territorio nacional, feminicidios, violencia extrema incontrolable e incesante.

La obra confronta a los dos personajes que deambulan en el tiempo en un juicio a la Condesa, que evidencia las motivaciones, los métodos de tortura y realiza un énfasis en cómo la Condesa es vanagloriada por la cultura actual, en internet, en películas, mientras que sus víctimas son sólo vistas como un número sin rostro, sin identidad ni nombre.
Báthory contra la 613 cuenta con las actuaciones de Ana Isabel Esqueira, espléndida, como siempre, en un rol difícil, siempre moderada y con las jóvenes Andrea Parra y Ana Sofía Sánchez, egresadas de la primera generación de Artes Escénicas de la Universidad de Guanajuato.
El diseño de escenografía e iluminación son responsabilidad de Erika Gómez, mientras que Rodrigo Sosa es el responsable de vestuario y el diseño de audio es de Brandon Torres. El resultado es redondo, reflexivo sin llegar jamás al rechazo.

El teatro es de todos. ¡Asista!
Absolutamente recomendable.
Báthory contra la 613
De: Juan Manuel Romero Garriz.
Dirección: Daniela Parra.
Actuación: Ana Isabel Esqueira, Andrea Parra y Ana Sofía.
Teatro La Capilla (Madrid 13 Col. Del Carmen, Coyoacán) Hasta el 2 de marzo, Jueves y viernes 20:00 horas, sábado 19:00 horas y domingos 18:00 horas. Hasta el 1 de marzo.
Fotografías: Alfredo Millan. Cortesía de la producción.




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