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Ruda yo… ruda la vida. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.

  • eseperches
  • 27 sept 2020
  • 7 Min. de lectura


El 27 de diciembre de 1958 vi la luz primera en el estado de Hidalgo. Mi vida estuvo marcada por la humillación y el maltrato. Nunca conocí a mi padre y siendo mi madre prostituta, me crie en un ambiente desestructurado y conflictivo, por la relación con mi madre, una mujer sin escrúpulos.

Cuando tenía 11 años mi mamá le dijo a un señor: Dame unas cervezas y te llevas a mi hija. Poco tiempo después, me vendió a un hombre que me esclavizó y forzó sexualmente durante 4 años.

La violencia y mi físico me llevaron al circuito de la lucha libre de la capital del país, donde me hice un nombre y fui conocida como la Dama del silencio. Esta profesión me permitió liberar toda la rabia que traía, ganarme la vida y mantener a mis hijos hasta que una lesión de espalda me obligó a retirarme.

Sin recursos, con una familia que mantener, la inactividad, la frustración y la desesperación se sumaron a mi trauma de infancia, y la gota que derramó él vaso, fue la muerte violenta de mi primer hijo en una pelea callejera. Volví a descender en una espiral de delincuencia y violencia.

En 1995 comencé a cometer asaltos callejeros y en domicilios a punta de pistola (de juguete). Poco tiempo después daría el paso definitivo, con el desvalijamiento de casas y el asesinato de sus propietarias. Todas mis víctimas eran ancianas.

Bajo el amparo de la muerte, de la que era fiel adoradora y fetichista de su iconografía, empecé a recorrer los hogares de mis indefensas presas. Poseída por una compulsión asesina comience a asesinar con frialdad y engaños. Mi modus operandi: Me acercaba a mis víctimas ofreciéndoles ayuda para conseguir dinero del gobierno o simulaba ser enfermera dispuesta a calmar los dolores de la vejez.

Durante los años 2002 y 2006 golpeé y estrangulé a 17 viejas para asaltar sus casas. Adoptando esa falsa personalidad altruista, conseguía entrar en el domicilio de las incautas ancianas, me ganaba su confianza y, al descuidarse, las golpeaba y estrangulaba hasta matarlas. Saqueaba la casa en busca de dinero, y objetos para vender. Dicen que esta obsesión por el saqueo, además de los motivos económicos, probablemente tenga su origen en mi infancia, privada de juguetes y objetos. También, dice los que dicen que saben, que mataba ancianas porque representaban la figura de mi madre, a quien culpaba de todas mis desgracias.

La policía se encontraba perdida, creyendo que el asesino era un hombre disfrazado de mujer, posiblemente un homosexual. La comunidad gay y de travestidos del D.F. se encontraba en la mira, lo que llevó a numerosas detenciones y protestas por abusos de la autoridad. Y yo, fuera de toda sospecha por ser mujer, pese a que en varias ocasiones había dejado mis huellas digitales en las casas de las viejas que robé.

Al salir de la casa de mi última víctima, me crucé con un inquilino que vivía con la anciana, quien, al descubrir el homicidio salió pidiendo ayuda a las patrullas que hacían la ronda por la zona.

En 2006 fui detenida en la colonia Moctezuma, encarcelada y sentenciada a 759 años de prisión por el asesinato a 17 ancianas y 12 robos. Durante el juicio no mostré ningún tipo de arrepentimiento. Mi frialdad y falta de escrúpulos llamó la atención de psicólogos y psiquiatras que me utilizaron para tratar de encontrar una explicación a mi “psicopatía”. Ahora digo: ¿Ruda yo…? Ruda la vida.

A los 56 años contraje matrimonio en la cárcel con otro preso de 76 años. La boda se celebró entre rejas, en nuestro hogar perpetuo.

Me llamo Juana Barraza, pero es mas seguro que me conozcas como La Mataviejitas.


Esta sórdida historia de las más famosa de las mujeres asesinas seriales mexicanas, solamente se podría convertir en un hecho escénico poético, si, leyó bien, hecho escénico poético, en las manos del talentoso, sensible y creativo Richard Viqueira, vía su texto y montaje Hombruna, título que alude al aspecto físico de la tristemente célebre Mataviejitas.

Hombruna es un unipersonal inspirado en el caso de Barraza. La pieza está basada en la relación de la actriz con el aire que la circunda y el diálogo con el oxígeno invisible que da o quita la vida. Busca que lo etéreo, lo asfixiante y el viento se conviertan en materia escénica.


El texto advierte: “para el estrangulador... cada respiración entre sus manos se vuelve música”, ahí el quid de la dramaturgia de Viqueira, acecha la psique del espectador mostrando a un personaje esquizoide, obsesionado con la volatilidad del aire y su relación con la vida y la muerte. La actriz Valentina Garibay interpreta a este obscuro personaje con el dinamismo y sordidez que la materia exige, se planta resuelta en el escenario, ocupando cada espacio con su expresividad y su voz.

Acompañan en el escenario desnudo a Garibai, globos, una muñeca inflable, e instrumentos de viento, con ellos se ahonda en la obsesiva relación de Barraza con el aire y su manía de asfixiar. La muñeca inflable, es una presencia inquietante, representa a las víctimas, que, literalmente se van desinflando por la falta de aire, pero también por sus connotaciones sexuales, las leyendas urbanas afirmaban que Juana abusaba sexualmente de sus víctimas luego de matarlas.


En este punto hay una lectura muy interesante, de tan interesante personaje. Finalmente, los asesinos en general, y muy particularmente los seriales, amén de la insana fascinación que puedan despertar, también son objeto de profundos estudios psicológicos, sociales, sexuales. Como se mencionó líneas arriba, Juana era hombruna, se piensa que en su etapa de luchadora llegó casi a, ojo, asfixiar a alguna de sus contrincantes. Mataba ancianas porque recurrentemente mataba a su cruel madre. Pero, pienso, también hay una relación de amor-odio con el género masculino, y en escena se representa muy claramente gracias al inmejorable desempeño histriónico de Garibai, con la ayuda de su utilería inflable.


El monólogo hace notar la fragilidad del personaje y su compleja existencia, de tal forma, muestra otra perspectiva de la historia conocida de La Mataviejitas, una más cercana a sus íntimas compulsiones, abriendo el panorama de su realidad. Gracias a este creativo espectáculo el espectador, por supuesto que no justifica las atrocidades cometidas por Barraza, pero si puede comprender, por lo menos un poco, los motivos de su errática conducta.

Cabe mencionar que luego del obligado y necesario cierre de lugares de encuentro múltiple, el Teatro Helénico fue el primer espacio escénico de la Secretaría de Cultura federal que abrió sus puertas con la puesta en escena Hombruna. Bajo los más cuidadosos estándares de salubridad, se han implementado los protocolos sugeridos por las instituciones de salud para salvaguardar la integridad de los artistas, público y personal operativo.

El teatro es de todos. ¡Asista!

Muy recomendable.

Hombruna. Dramaturgia y dirección: Richard Viqueira.

Actuación: Valentina Garibay.

Del 18 de septiembre al 11 de octubre. Viernes 20:30 horas, sábados 19 horas y domingos 18 horas.

El costo de los boletos es de $150.

Debido a las medidas actuales sanitarias y en seguimiento a la nueva cultura de sana distancia, la capacidad máxima del teatro es del 30% por lo que se invita al público a prever su visita. Los boletos pueden adquirirse de forma digital a través de la página: helenico.gob.mx y la taquilla estará abierta de miércoles a domingo, para consulta de horarios, visitar la página web del Helénico.


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Hombruna

Marimacho, masculina…varonil; no quería verse como una mujer, “me gusta parecer hombre…”. Su deporte favorito fue la lucha libre, donde no es fácil distinguir entre rudos y técnicos. “El Santo fue así hasta el final de su carrera”. Le gustaba dejar sin aliento a sus contrincantes, acortarles la respiración, “nadie puede vivir sin aire…”. Su nombre arriba de los cuadriláteros era “La dama del silencio”. Hoy recuerda su infancia, su madre alcohólica vendió su virginidad a un hombre por tres cervezas.

Hombruna tiene como protagonista un personaje verídico. Juana Barraza conocida como la Mataviejitas. El 31 de marzo de 2008 un juez la condenó a 759 años de prisión por el asesinato de entre 42 y 49 mujeres, ancianas de 60 o más años. El texto lo escribe y dirige Richard Viqueira, se trata de un monólogo que transforma el suceso en un espectáculo visual. El lenguaje escénico es a través de un elemento vital: el oxígeno.

Richard Viqueira tiene un sello propio en todos sus montajes: el riesgo. Para él hacer teatro es tomar riesgos, los asume y los lleva al límite. En esta obra la actriz se somete al rigor, ideas y decisiones de quien la dirige. La exigencia es encarnar al personaje no solo a través de la acción, con voz o designio, es rifarse el físico desde el inicio y con toda su capacidad actoral.

Valentina Garibay es la protagonista. En su desempeño sobre el escenario se percibe la mano de Viqueira, sobre las tablas –aun cuando solo vemos a ella- ambos son cómplices, se acoplan y complementan, sin embargo e independiente de esta afinidad, el trabajo histriónico de Valentina es propio y meritorio, el resultado no sería igual sin el talento de esta gran actriz; sin duda es una puesta en escena bien lograda.

Hombruna es teatro que pone sobre el escenario un tema abrupto, escabroso, que en su momento trastocó a los habitantes de esta capital. Juana Barraza centró su odio en mujeres ancianas a quienes asesinaba estrangulándolas y después robaba; su modus operandi era el de un asesino con mente brillante. Se presentaba ante sus víctimas como trabajadora del gobierno, ofreciendo ayuda a personas de la tercera edad.

Barraza asociaba a las ancianas que mataba con su madre, no logró superar lo que vivió de niña, no superó el daño mental y emocional. En los intrincados caminos de su mente, el pasado siempre estuvo presente. Hombruna está inspirada en la historia de la Mataviejitas; un unipersonal que centra su lenguaje escénico con globos y muñecas, elementos que cobran vida cuando el oxígeno los “alimenta”.

La obra se presenta de forma presencial en el teatro Helénico; es una buena noticia, después de seis meses sin teatro por la pandemia, se levanta el telón, el recinto cuenta con las medidas de sanidad necesarias, los lugares que ocupan los espectadores están estratégicamente distribuidos, con sana distancia, el aforo es de 30%. Las funciones son los viernes a las 20:30, sábados 19:00 y domingos 18:00 horas.


Imágenes y texto Roberto Sosa

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