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Estar con él, fuera y dentro de su cabeza. Texto y fotos: Salvador Perches Galván.



No sé lo que es la realidad, pero deseo que podamos abrazar con amor,

amar con verdad, nombrar manzana al objeto que corresponde a esa palabra

y decirle a nuestros seres queridos: ¡Gracias!;

mientras nuestros sentidos están presentes.

Angélica Rogel.



Andrés es un octogenario, vive solo en su departamento y rechaza a todos los auxiliares de enfermería que su hija, Ana, intenta imponerle. Pero Ana lo ve como una necesidad inevitable porque ya no va a poder visitarlo todos los días. Ha tomado la decisión de mudar su residencia con su pareja. Entonces, ¿quién es este extraño con el que Andrés se encuentra en su sala y que afirma haber estado casado con Ana durante más de diez años? ¿Y por qué dice con convicción que están en su hogar? ¿Andrés está perdiendo la cabeza? Sin embargo, reconoce el lugar: de hecho, es su departamento, y justo el día anterior, Ana le recordó que se había divorciado. ¿Y no pensaba simplemente mudarse? Entonces, ¿Por qué ahora afirma que no? Algo se está tramando a su alrededor, como si el mundo, por momentos, hubiera dejado de ser lógico. ¿A menos que su hija y su nuevo compañero traten de hacerlo parecer que es loco? ¿Quizás tienen como objetivo quedarse con su departamento? ¿Quieren deshacerse de él? ¿Y dónde está su otra hija? Perdido en un laberinto de dudas sin respuesta, Andrés trata desesperadamente de averiguar qué sucede a su alrededor. El Padre relata la dolorosa trayectoria de un hombre cuya realidad poco a poco se hace añicos ante nuestros ojos.

Le Père (El Padre), obra teatral del francés Florian Zeller, se estrenó en París en 2012 y ganó el prestigioso premio Moliére. Según The Times, es “una de las mejores obras de la década”. Le Père se ha estrenado en más de 50 países como Italia, España, Estados Unidos, Portugal, Brasil y Argentina, entre otros, y ha obtenido numerosos premios en todo el mundo.

El padre es calificada por su propio autor, Florian Zeller, de farsa trágica. Y ahí radica su grandeza y su dificultad. Trata un tema tan espinoso como la perdida de la realidad debida a la vejez. Nos coloca en la perspectiva de una mente confusa, quizá confundida por los intereses de los que le rodean, nunca lo sabremos. Sin ridiculizar jamás, Andrés nos hace reír. Las situaciones ambiguas, contradictorias, las réplicas mordaces, los personajes duplicados, cambiantes, y por encima de todo la duda de, si lo que sucede en realidad es lo que dice la familia o lo que siente el padre, producen una de las obras más divertidas, apasionantes y profundas del teatro contemporáneo. Muchas veces se acerca al drama, otras a la comedia y en ocasiones al thriller. Nunca decae y cuando creemos estar en una certeza, un revés inesperado, una imagen nueva nos desconcierta y nos vuelve a atrapar. Por supuesto, es una obra escrita para un actor. Contar con el maestro Luis de Tavira para el papel principal convierte este proyecto en un sueño para cualquier equipo ya que el rigor, la inteligencia, el dramatismo y el sentido del humor están garantizados.

Entrar en la cabeza de Andrés, acompañar el estupor que genera en los otros su nuevo estado, posibilita mirar con humor, aquello que sienten muchos hijos a la hora del envejecimiento de sus padres.

La premisa es aterradoramente simple. Un hombre viejo está enfermo y pierde la memoria. Su mente perdió las coordenadas y durante la obra, el público estará con él, fuera y dentro de su cabeza, compartiendo la impotencia y la perplejidad, intentando entender cómo se unen las piezas en un rompecabezas cuya imagen completa es un gran caos.

La obra plantea el tema con dureza, con ternura y humor, y está tratado con inteligencia y sensibilidad por el novelista y dramaturgo Florian Zeller (Francia, 1979). Su obra ha sido traducida a varios idiomas. Ganó el Premio Interallié en 2001 y el Premio Moliére en 2011. Es considerado uno de los talentos literarios más populares actualmente en Francia.

Resulta extraordinario el trabajo de Luis de Tavira, verlo creando un personaje como Andrés. De Tavira planos interpretativos complejos. Es un hombre de teatro que irradia en su personaje, nada menos, que la vitalidad arrasadora de un hombre que se desprende de lo real.

Para los padres, seguramente será inevitable no contemplar la fragilidad de ese personaje como territorio posible del ciclo de vida. Para los hijos, tal vez se haya pasado por experiencias similares. Más allá de esto, es una obra que da cuenta del amor y del fuego, incluso, escondido en cada despedida. Algo siempre más cerca de la vida que de cualquier enfermedad.

La obra dirigida con rigor y firmeza por Angélica Rogel es protagonizada por el maestro de Tavira, quien ha estado acompañado por dos elencos distintos en sendas temporadas continuas: Fernanda Castillo / Nailea Norvind, Alfredo Gatica / David Calderón, Emma Dib / Ursula Pruneda, Ana Sofía Gatica / Alejandrina González y Pedro de Tavira, quienes nos sumergen en el drama del Alzheimer en la persona de Andrés, visto desde los ojos de la persona que lo padece, pero también teniendo en cuenta las implicaciones para las personas que rodean al enfermo.

Lo que encontramos en escena es algo relativamente habitual, una hija que debe hacerse cargo de un progenitor enfermo y con un carácter peculiar, una situación que no es fácil para nadie y que conlleva una alta carga de estrés, confusión, depresión, agotamiento, etc. Y por ser algo relativamente habitual y que nos enfrenta al miedo de que cualquiera de nuestros seres queridos o nosotros mismos podamos sufrir este proceso degenerativo, es por lo que este texto llega al espectador con toda su amargura y crudeza, sin olvidar los momentos cómicos que contiene este rompecabezas de momentos y escenas que nos llevan de la ternura a la rabia.

Uno de los aciertos de la obra es presentar ante el espectador lo que ocurre dentro de la mente del enfermo y lo que perciben los ojos de nuestro protagonista a medida que la enfermedad evoluciona. Confusión y desorientación que consigue llevar al espectador a través de las diferentes escenas, que no parecen tener sentido, hasta que el círculo se cierra.

Pieza fundamental de la puesta en escena es, sin duda, la interpretación del maestro de Tavira, sin duda una de las personas más sapientes del teatro en nuestro país, en todas sus áreas; magnifico sobre el escenario, pasando por múltiples registros y poniendo frente a nuestros ojos a un anciano que se mueve desde la simpatía y la picardía, a la hostilidad, pasando por momentos de temor, miedo y desesperación, como siempre el maestro de Tavira, ofrece una lección teatral.

Una obra para disfrutar, desde la interpretación de un grande de la escena, una obra dura, salpicada de humor, que nos acerca a nuestra propia humanidad, y nos muestra lo endebles y dependientes que, en ocasiones, somos o podemos llegar a ser y como nos puede llegar a castigar el paso del tiempo, cuando nuestros referentes y nosotros mismos, pasamos de ser personas fuertes y seguras a transformarnos en grandes niños inseguros, temerosos y vulnerables.

Las capas de realidad se van contraatacando y los personajes se desdoblan y confunden para introducirnos en la mente fragmentada del enfermo. De Tavira deambula desde la comedia, a la gran tragedia de esa caída irreversible que es el Alzheimer.

Lo más interesante de la obra resulta el respeto, que parte del texto y se mantiene desde la dirección a las actuaciones, por la enfermedad, el enfermo y sus afectados colaterales, las idas y venidas de esa mente moribunda.

Cabe mencionar que la obra, ya se había presentado recientemente, pre pandemia, en nuestro país, en el 2018, producida por Daniel Gómez Casanova, con Ignacio López Tarso acompañado por Erika Buenfil, Víctor Noriega, Lucero Lander, Adriana Nieto y Sergio Basáñez. Dirigida, como casi todas las producciones de Casanova, por Salvador Garcini.

El Padre se adaptó al cine dirigida y adaptada por el propio Florian Zeller, protagonizada por Anthony Hopkins y Olivia Colman. Obtuvo un gran recibimiento tras su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance 2020. El filme obtuvo 6 nominaciones a los premios Óscar, con Anthony Hopkins llevándose el galardón a mejor actor.


 

 

El teatro es de todos. ¡Asista!

 

Absolutamente recomendable.

 


El padre de Florian Zeller.

Dirección: Angélica Rogel.

Actuación: Luis de Tavira, Nailea Norvind, David Calderón, Ursula Pruneda, Alejandrina González y Pedro de Tavira.

Escenografía: Jorge Ballina.

Traducción: Guillermo Wiechers.

Producción: Alejandro Gou, Guillermo Wiechers, Oscar Uriel.

Viernes 20:30 horas, sábado 18 y 20:30 horas, domingo 18 horas, hasta el 2 de junio.

Teatro Fernando Soler del Centro Teatral Manolo Fábregas.

 

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